Poco después de perder a sus dos padres y, casi al mismo tiempo, dar la bienvenida a su primer hijo, Clint Bentley se encontraba en un punto vital que acabó filtrándose en su cine. Esa experiencia de duelo y nacimiento a la vez marcó el tono íntimo y reflexivo de su adaptación de 'Sueños de trenes', la novela de Denis Johnson que codirige y escribe junto a su socio creativo Greg Kwedar.
La historia sigue la vida aparentemente sencilla de Robert Grainier (Joel Edgerton), un leñador anónimo cuyos días, en apariencia pequeños y rutinarios, acaban revelándose como los verdaderos pilares de su existencia. Bentley conecta esa mirada con su propio proceso vital: el de replantearse qué recordamos realmente de nuestras vidas cuando el tiempo pasa y los grandes acontecimientos se mezclan con lo cotidiano, hasta que es imposible distinguir qué momentos fueron decisivos y cuáles solo parecían insignificantes en su momento.
Los pequeños detalles
Bentley explicaba en el podcast Toolkit que su acercamiento a la historia nace precisamente de esa idea de que la vida no se compone solo de grandes giros dramáticos, sino de instantes aparentemente menores que, con el tiempo, adquieren un peso emocional enorme:
"Pensamos en nuestra vida como puntos de inflexión. Y, sin embargo, al mirar atrás, descubres que muchos de los momentos más especiales son los más cotidianos: esa mañana de sábado cualquiera que pasaste con tu familia sin planear nada, y que luego se convirtió en uno de los días más especiales de vuestras vidas juntos"
Para construir ese tono, el director buscó alejarse de una narrativa clásica y acercarse a un cine más contemplativo, influido por autores que priorizan el ritmo poético sobre la estructura tradicional de tres actos:
"Pensé en las películas que me inspiraron, que realmente cambiaron mi comprensión del género. Pensaba en las películas de [Andréi] Tarkovski y [Abás] Kiarostami, que encuentran un ritmo propio, que se asientan en este ritmo poético, a menudo los ritmos de la naturaleza. Quería hacer una película que hiciera por mi tío o mis abuelos lo que [Robert] Bresson hace por mí. Nunca verían una película de Tarkovski, pero intentaba darles una versión de lo que yo percibo en esas películas"
Aunque la historia de Robert Grainier se desarrolla en un momento de enormes transformaciones tecnológicas con la llegada del ferrocarril y la industrialización, Bentley quiso retratarlo más como un testigo desorientado que como un protagonista activo de ese progreso. Una sensación que conecta con su propia experiencia de haber crecido sin internet y verse ahora inmerso en la era de los smartphones y la inteligencia artificial: "Me siento de una manera muy parecida a Grainier en esos momentos en que la vida me arrastra", dijo el coguionista y director.
Ese planteamiento también condicionó la estructura del guion y de la película, alejándose de los mecanismos narrativos más reconocibles:
"Un gran reto con la adaptación y la realización de la película fue intentar desvincularse de la forma narrativa, donde no se opera con la sensación de: 'Bueno, habrá un incidente que incite a la historia, luego un giro en el segundo acto, etc. Intentar que la película cobre más vida, a la vez que hace que el público se sienta como si estuviera embarcado en un viaje, que sabe adónde va".
El final fue uno de los puntos más complejos del proceso creativo. Aunque Bentley admira profundamente el cierre de la novela original, tuvo que aceptar que no funcionaba igual en la película: "El libro tiene uno de los mejores finales de la literatura. Esa escena se rodó, y hay una versión corta en la película, pero no funcionó como final para la película que estaba haciendo".
La solución llegó en la sala de montaje, cuando él y Parker Laramie descubrieron un cierre emocional más orgánico para el relato cinematográfico:
“[El editor] Parker [Laramie] y yo estábamos editando, llegamos a ese momento en el avión, y lo superamos al llegar al final, y pensé: Oh, la película está terminada. Emocionalmente, la película había terminado. Consultas con tus compañeros, tus productores, Greg y les dices: No estoy loco, ¿verdad? ¿Este es el final?. Y todos dicen: Sí, adelante”.
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