El concepto de la jubilación no suele aplicar demasiado a los cineastas, cuyo impulso por crear les impone más que querer disfrutar de paz por no trabajar en sus años dorados (o plateados si consideramos color del pelo). Aun así, hay algunos casos que eligen descansar de la agotadora presión del set de rodaje, de las peleas por conseguir financiación, o deciden centrarse en otras áreas que no impliquen ser director.
Era el caso de James L. Brooks, al que se le ha juntado una mayor gana de producir a nuevos talentos que esperan sus primeras oportunidades y también que el tipo de película que hace, comedias dramáticas, están prácticamente desaparecidas del cine de entretenimiento actual. Y también en el de prestigio. Para él resultaba más fácil quedarse a cobrar cheques de ‘Los Simpson’ y ponerse un poco mecenas, pero decidió volver a la palestra con ‘Ella McCay’.
La democracia y la vida se tambalean
Protagonizada por Emma Mackey y Jaime Lee Curtis, con apariciones de algunos rostros habituales del cine del director, esta dramedia intenta que confluyan el viaje de madurez definitivo de una joven ambiciosa y competente con una mirada graciosa al mundo de la política estadounidense. Una obra que podría haber sido muy pertinente para el momento, pero que se ha estrenado de tapadillo en streaming a través de Disney+ tras su notable fracaso en cines americanos.
La Ella McCay del título ha conseguido a sus poco más de treinta años lo imposible para la mayoría: un matrimonio aparentemente estable y una carrera política meteórica en la que no ha tenido que renunciar a sus ideales. A las puertas de convertirse en la gobernadora más joven del “Estado en el que nació y se crio” [sic], su estabilidad se derrumba y el pasado desestructurado de su familia empieza a resurgir.
El Estado en el que ejerce su trabajo es indeterminado con la intención de colocar a su protagonista como un ideal político deseable y no tener que colocarla en un determinado partido. Pero la decisión termina haciendo el mundo que dibuja extremadamente confuso y vago, igual que intentar colocar la acción en 2008, cerca de la crisis económica, sin tener tampoco intención de abordar consecuencias del momento que hayan conducido a nuestro momento actual.
‘Ella McCay’: confusión vital
Brooks quiere creer que su Ella McCay, inspirada en figuras como Alexandria Ocasio-Cortez, pueda ser un modelo de superación e idealismo sin importar un pasado familiar desestructurado y tampoco la amenaza de controversias que en realidad son nimias. Su interés en comentar el ruido alrededor de lo político resulta lo más contemporáneo de una película que, de intentar parecer de otra época, parece un artefacto alienígena.
Su estructura de flashbacks y narración en off parece una decisión de última hora para compensar reacciones negativas en pases de prueba, y no ayudan a conformar un personaje que termina siendo inalcanzable de tanto interés en contemplarla desde la distancia. En el proceso, cualquier discurso político que Brooks intenta trazar queda tan aguado e indeciso como su capacidad para hacer humor que siga haciendo gracia, o despertar emociones sin caer en enunciaciones básicas de las vivencias de sus personajes.
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