'Godzilla vs. Kong' da lo que promete en un tercer acto espectacular, pero no corrige los errores de su predecesora
Críticas

'Godzilla vs. Kong' da lo que promete en un tercer acto espectacular, pero no corrige los errores de su predecesora

Durante los últimos años, ha ido afianzándose entre los grandes estudios de Hollywood la práctica de contratar a autores que han despuntado dentro del panorama independiente, acostumbrados a presupuestos y conceptos más contenidos, y con visiones muy concretas, para dar forma a blockbusters multimillonarios, generalmente asociados a franquicias.

Esta estrategia, aunque sea claramente perceptible en el Universo Cinematográfico de Marvel, no es exclusiva de La Casa de las Ideas. El conocido como MonsterVerse se ha apuntalado sobre este tipo de cineastas; partiendo de un Gareth Edwards que brindó la mejor cara de la saga con su 'Godzilla', y continuando con un Jordan Vogt-Roberts más que eficiente en 'Kong: La isla calavera' y un Michael Dougherty completamente desaparecido en la terrible 'Godzilla: Rey de los monstruos'.

En 'Godzilla vs. Kong' ha sido Adam Wingard, otrora rey del mumblegore, el encargado de dar cara y ojos a la siguiente pieza de este universo compartido; y el resultado ha terminado siendo otro atronador espectáculo en clave kaijū-eiga condensado en un tercer acto que ofrece todo lo que cabría esperar de su título —y un poco más—, pero que nos obliga a pasar por un tedioso calvario que repite los errores de su predecesora para llegar hasta él.

El factor humano

Viéndolo en perspectiva, resulta, cuanto menos, curioso que una de las mayores bondades de la 'Godzilla' de 2014 —y a su vez, uno de sus elementos más criticados—, haya terminado convirtiéndose en la mayor lacra del proyecto de Legendary y Warner. Estoy hablando del tratamiento de los personajes humanos, de su peso específico en la trama y de su función en unas historias en las que las verdaderas estrellas deberían ser las criaturas gigantescas.

En la cinta de Edwards, enlazando con su encantador debut en la ficción 'Monsters', el surtido de protagonistas, además de menos amplio, se veía enriquecido por su capacidad de empatía con el espectador, y con una combinación de conflictos internos y externos que invitaba a sufrir con ellos —lo cual es la clave de toda narración con voluntad dramática—; pero, en 'Godzilla vs. Kong', los personajes actúan como simples dispositivos para hacer avanzar de forma demasiado obvia y conveniente la trama, tan caótica como previsible.

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A pesar de sus esfuerzos por convertir el largometraje en algo más que un duelo de titanes, explorando el concepto de la Tierra Hueca, que ya se introdujo en 'La isla Calavera', y ampliando el lore del MonsterVerse; la inmensa mayoría de los dos primeros actos no dejan de ser un trámite —deslavazado y perjudicado por la tendencia a arruinar sorpresas de las campañas promocionales— hasta desembocar en el cumplimiento de unas promesas que, cuando llegan, lo hacen demasiado tarde.

Volviendo a 2014, el ejemplar uso de los personajes humanos de Gareth Edwards no se limitó a lo estrictamente dramático, siendo otro de sus aciertos más encomiables el centrar el punto de vista sobre ellos también durante buena parte de las set pieces; aprovechando el gran plano general al máximo e incrementando la sensación de escala y de niveles de destrucción cuando situaba la cámara a pie de calle.

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Este tratamiento de la acción se pierde considerablemente en 'Godzilla vs. Kong', que mejora sustancialmente en relación a lo visto en 'Rey de los monstruos' y deja instantáneas realmente espectaculares que merecen ser disfrutadas en una pantalla lo más grande posible —y con un sistema de sonido que permita escuchar la brutal banda sonora de Junkie XL en todo su esplendor—; pero que peca de volver a encadenar golpes de efecto con menos narrativa de la deseable. Eso sí, cuando la causalidad hace acto de presencia, es un placer ver luchar a los Titanes.

Aunque, más allá de personajes desdibujados y combates tardíos, lo que más espina como fiel seguidor de la trayectoria de Adam Wingard desde sus primeros trabajos —fantástica su 'A Horrible Way to Die'— es no poder apreciar más que pequeños e insuficientes retazos de su código genético a lo largo del metraje; que sí circuló a espuertas en la injustamente vapuleada 'Death Note' y que aquí se limita a un par de selecciones musicales y al uso de neones con colores primarios y secundarios.

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A pesar de que 'Godzilla vs. Kong' termine dando lo que promete —aunque sólo sea a medias— en un tramo final vistoso, vibrante y sobradamente eficaz; puede que, en última instancia, su principal virtud sea, más allá de elevar el listón respecto a su predecesora, hacer aún mejor a una 'Godzilla' a la que el tiempo terminará dando el valor que siempre ha merecido.

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