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'Handia', una preciosa y emocionante fábula
Críticas

'Handia', una preciosa y emocionante fábula

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‘Loreak’ dio a conocer a muchos cinéfilos a los directores vascos Jon Garaño y Jose Mari Goenaga. Era en realidad su segundo largometraje y lo lógico sería que hubiera un tercero, pero Garaño apostó por realizar su siguiente trabajo tras las cámaras con Aitor Arregi, uno de los guionistas de ‘Loreak’, mientras que Goenaga participa en esta ocasión únicamente en el libre. Se cambian las posiciones pero se mantienen los mismos implicados.

Eso lleva a que muchos vayan esperando encontrar algo que les guste tanto como ‘Loreak’ cuando en realidad ‘Handia’ es otra cosa y esas expectativas pueden volverse en su contra. En mi caso creo que incluso han logrado superarse con una cinta deslumbrante en lo visual y que además conserva esa delicadeza a la hora de abordar los personajes y sus relaciones para que sea además una propuesta emocionante.

Entre la realidad y la leyenda

Imagen Handia

Garaño y Arregi toman como base para ‘Handia’ la leyenda del gigante de Altzo, quien realmente existió, pero a su alrededor ha surgido una mezcla de realidad y mito que han querido exprimir a fondo. De esta forma, ‘Handia’ echa raíces en la vertiente más realista de la historia, pero introduciendo todos los detalles que creen convenientes para realzar su historia, algo a lo que incluso aluden durante cierta escena en la que un personaje mezcla la historia de ambos hermanos a la hora de comentar lo que ha trascendido sobre el gigante.

No obstante, lo que realmente les interesa a Garaño y Arregi no es cómo es visto un joven que un día enfermó y luego no dejó de crecer hasta el día de su muerte. El verdadero eje de ‘Handia’ es la confrontación dos formas de vida contrapuestas, el tradicional representado por la familia protagonista y el nuevo que nos deja entrever los diferentes viajes que realizan ambos hermanos para conseguir dinero a cambio de simplemente mostrar a la gente la enorme estatura de uno de ellos.

Por ello, la base emocional del relato está en la evolución de ambos hermanos y cómo va eso afectando a la relación que hay entre ellos. El mayor -en edad- simplemente quiere conseguir el dinero suficiente para iniciar una nueva vida en América, mientras que el menor quiere regresar con los suyos y mantener la única vida que conocía. En principio estaban destinados a ser felices juntos llevando el caserío familiar, pero algo les separa y luego tardan mucho en volver a estar realmente juntos pese a la proximidad física.

Dos hermanos muy diferentes

Escena Handia

Durante muchos minutos, el verdadero protagonista es Martin -excelente Joseba Usabiaga-, quien no tarda en mostrarse más preocupado en encajar en esa nueva sociedad sin éxito suficiente -hasta llegan literalmente a reírse de él por ello-. En realidad él no está destinado a conseguirlo y por el camino no dejan de aparecer trabas que van amargando su carácter, ya de por sí dañado tras su paso por la guerra carlista.

En oposición a él tenemos a Joaquín -magnífico Eneko Sagardoy-, un buenazo que se ve poco menos que obligado a convertirse en una atracción de feria tras el regreso de su hermano. Era un negocio infalible en esa época, ya que todo lo extraordinario llamaba la atención de la gente y eso equivalía a dinero para sus responsables. Su éxito llega a traspasar fronteras, pero todo lo que sube tiene que bajar y la decadencia es especialmente dura para aquellos que sufren de gigantismo. Aquí incluso hay algún detalle chocante, pero lo cierto es que encaja con todo lo visto antes y después.

¿Cómo unen esto Arregi y Garaño? A través de un relato que avanza con tranquilidad y en el que simplemente todo va desarrollándose de forma natural. En este caso hablar de que es previsible sería exagerado, pues lo que quieren es cuidar con mimo el factor humano, apostando por lo íntimo cuando tenían a su disposición un trabajo técnico rara vez visto en una cinta española, sobre todo si tenemos en cuenta lo fascinante que resulta en ese apartado pese a haber costado apenas 3,5 millones de dólares euros.

‘Handia’, sin prisa pero sin pausa

Sagardoy

Eso lleva a que el ritmo sea necesariamente pausado, extendiéndose bastante en toda la parte central. Lo curioso es que nunca llega a caer en lo redundante, aportando nuevos detalles, ya sea a la actitud de los protagonistas o sobre cómo es visto por el público. Dicho de otra forma, no emociona por la abundancia de hechos, sino por el mimo con el que se cuidan todos ellos y cómo cada uno de ellos va aportando cosas a lo visto con anterioridad.

De esta forma, ‘Handia’ no es solamente hermosa visualmente -aunque hubiera sido bien recibido un poco más de arrojo en el manejo de la cámara por parte de Arregi y Garaño-, sino que logra también serlo en lo narrativo. Es ahí donde más se nota que detrás de ella tenemos a los mismos autores de ‘Loreak’, en especial cuando llega la hora de contar la decadencia del gigante, una persona mucho más frágil de lo que su apariencia muestra.

Es ahí cuando la relación entre ambos llega a otro nivel y se intensifica ese halo de tristeza que había sobrevolado en todo momento sin llegar nunca a desaparecer por completo. La magia ha desaparecido y toda lidiar con la dura realidad, y es ahí donde reaparece la idea de que ‘Handia’ no es para nada revolucionaria -en lo referente a efectos visuales quizá sí pero solamente dentro del cine español- y que no quiere sumergir realmente al espectador en la historia, sino hacer que simplemente sienta las emociones que buscan sus responsables. Y lo consigue.

En definitiva, ‘Handia’ es una película notable con la que sus responsables aplican lo aprendido en ‘Loreak’ a un escenario más ambicioso, logrando tocas las mismas teclas en lo emocional sin llegar a repetirse y aprovechando al máximo el mayor presupuesto para realizar un magnífico despliegue técnico. Ojalá películas como ésta más a menudo.

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