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'P-Valley': un drama que nos sumerge en un mundo de neón, miserias y sueños pero se despreocupa del guion
Críticas

'P-Valley': un drama que nos sumerge en un mundo de neón, miserias y sueños pero se despreocupa del guion

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Starzplay (bueno, su cadena estadounidense Starz) parece haberse abonado al drama rural. Si hace unas semanas veíamos el estreno de 'Hightown' que nos llevaba al panorama costero estadounidense, en esta ocasión el poco sutil título de 'P-Valley' nos sumerge en el sur por excelencia: el delta del Mississippi y pone en su centro al Pynk, un club de striptease.

A este club llega Autumn Night (Elarica Johnson) de la que poco sabemos (en las primeras escenas la vemos en medio de una gran inundación). No conocemos sus intenciones, pero viene dispuesta a dar guerra y a ganarse un puesto como la nueva gran atracción del club, rivalizando con la veterana Mercedes (Brandee Evans).

Pero este no es un drama únicamente sobre dos chicas que rivalizan con la pole sino que Katori Hall, autora de la obra de teatro original y showrunner de esta serie nos hace ver rápidamente que quiere contar una historia sobre sueños y ambiciones de los que ese ambiente saturado de luces de neones y tonos púrpuras es simplemente el inicio del que partir.

El valle del coño

Es un mundo difícil y parece un reverso sureño de la reciente 'Estafadoras de Wall Street'. Un reverso que, si bien guarda la mirada femenina, es mucho menos glamuroso (e incluso luminoso) que la cinta de Lorene Scafaria.

Este "valle del coño" dirigido por Tío Clifford (Nicco Annan) es un punto de partida y de encuentro de personajes que buscan un modo de expresarse, de lograr una meta que, si bien para nosotros puede parecer extraña (el de Mercedes es abrir un gimnasio para las animadoras a las que enseña) es una cosa tan real y necesaria para ellas como el respirar.

Que tras las cámaras de 'P-Valley' solo se encuentren directoras (Karena Evans, Kimberly Peirce, Millicent Shelton, Tamra Davis, Geeta V. Patel, Tasha Smith, Sydney Freeland y Barbara Brown) ofrece una mirada no hipersexualizada de este mundo pero sin renunciar a la sensualidad implícita. Un ejemplo lo tenemos en las escenas de baile, puesto como el ejercicio forzoso que realmente es.

Un guion algo abrupto

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Como dramaturga galardonada, Katori Hall está acostumbrada al mundo del teatro y sus ritmos, y se nota mucho a la hora de simplificar el guion cara a una eficiente puesta en escena. Quizás economiza demasiado. La presentación es rápida, las reacciones inmediatas y la presentación de Autumn Night con su llegada al Pynk es demasiado abrupta, lo que incluye una escena de baile en el que, por alguna razón, vemos flashes de su pasado traumático.

Por lo general en el primer episodio pasan cosas porque sí y sin demasiada explicación. Sin embargo no puedo decir que esté mal escrito y, de hecho, en los tres episodios (de ocho) que he podido ver hay ganas por contar una historia panorámica y ambiciosa... pero no logra encapsularlo bien.

En definitiva, hay cierta irregularidad en la experiencia inmersiva que nos ofrece Starzplay. La sensación de estar ahí, de que esos personajes (bastante bien diseñados y carismáticos) son reales, es bastante fuerte. Lástima que la historia no acompañe.

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