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Con su trepidante final, 'La casa de papel' se sitúa entre las mejores series españolas del año
Series de ficción

Con su trepidante final, 'La casa de papel' se sitúa entre las mejores series españolas del año

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Siempre son duras las despedidas de series que nos han acompañando durante varias semanas, independientemente de si llevan años o solo unos meses en antena. Anoche dijimos adiós al "mayor atraco de la historia". Con la emisión de su decimosexto episodio, Antena 3 puso punto final a 'La casa de papel', un drama criminal que, en lo personal, me ha encandilado de principio a fin.

Ya cuando la serie comenzó el pasado mes de mayo, Mikel habló maravillas de su primer episodio: un comienzo potente, trepidante y en general prometedor. Comparto bastante lo que comentó en su crítica, incluyendo las dudas sobre si la trama daría para la veintena de episodios que tenían planificados antes de su estreno (la famosa incertidumbre española) que finalmente se han quedado en esos dieciséis que hemos podido ver en dos mitades.

A través de Tokio (Úrsula Corberó) como narradora, 'La casa de papel' nos cuenta la historia de un atraco perfecto a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Liderados desde el exterior por El Profesor (Álvaro Morte), un hombre planificador hasta lo enfermizo que ve en este atraco la posibilidad de hacer justicia por el trato que tuvo su padre años antes, la banda tendrá la difícil misión de fabricar y sacar todo el dinero que puedan mientras intentan mantener a raya tanto a policía como a los rehenes.

Un atraco para el que se han preparado recluidos durante dos meses, como hemos podido ver en los flashbacks que a ratos se antojaban innecesarios pero que en otras ocasiones ahondan más en la personalidad de cada uno. Mientras tanto Raquel Murillo será la inspectora encargada de resolver esta situación, lo que no será fácil ya que el Profesor parece ir pasos por delante y haber programado contramedidas que incluyen su desprestigio.

En este tramo final hemos visto cómo según van pasando las horas más difícil es. El Profesor ve que cada vez la policía (y Raquel) se acercan más y llega un punto en que se verá descubierto. La banda, por su parte, tendrá sus propias batallas internas y cada vez costará más seguir adelante.

Hay un tema que me parece fascinante y es la perversión del concepto de héroe a través del rol de atracador. El Profesor, Berlín (Pedro Alonso), Tokio y Nairobi (Alba Flores) y el hecho de que más que gente mala sean estén ahí por "decisiones cuestionables en la vida", tal y como se les retrata a la mayoría, hacen que nos creamos sus discursos de cómo lo que están haciendo es más justicia social tras todo el descalabro económico de la crisis, rescates bancarios y demás que un delito.

Al igual que no faltan conversaciones sobre cómo van ganando apoyo del ciudadano de a pie e incluso de los propios rehenes (sobre los cuales hablaré aparte) nosotros como espectadores también deseamos que el atraco salga adelante, que la policía fracase y que nuestros héroes delincuentes triunfen. Lo mejor es que los guionistas de la serie lo saben y juegan con ello a través de una narrativa que incide en lo que podría salir mal y la narración de Tokio un tanto pesimista.

La casa de papel

Mención aparte merece el enfoque de los personajes y sus relaciones. Si bien es cierto, y todos los que alguna vez hemos estado en un clima de convivencia y semi aislamiento (un campamento o un viaje largo con amigos, por ejemplo) podemos atestiguarlo, que las relaciones humanas se intensifican al máximo en pocos días, tengo la sensación de que se han pasado un par de vueltas a la hora de desarrollar las dinámicas románticas.

Hay dos ejemplos claros: el de Denver y Mónica dentro de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y el del Profesor y Raquel fuera. No es cuestión del cómo y por qué surgen las relaciones sino de su continuidad. Recordemos que el lapso de tiempo en el que se desarrollan los dieciséis episodios de 'La casa de papel' es de cinco días y al final parece que estén a punto de boda. Es un poco exageración pero sí que, sobre todo en el caso de la inspectora, se ve que esta evolución de lo que en principio es tórrido romance no cuadra.

La casa de papel

Siguiendo con Raquel Murillo, me fascina la dualidad del personaje interpretado por Itziar Ituño. Por un lado es una inspectora dura, sagaz, la mejor en su trabajo y nadie le ha regalado nada. Es luchadora y que acaba de salir de una relación traumática. Pero a su vez es su fragilidad y deseo de sentirse querida de nuevo lo que hace que se deje seducir y confíe en un desconocido. Algo que a mí no me termina de encajar pero que responde completamente a lo que pide la trama.

Si bien los dieciséis episodios de 'La casa de papel' son algo excesivos (quizá le hubiera venido bien los 12-13 episodios estándar) el peso que tienen las interacciones de los personajes y cómo (sobre)viven la tensión creada compensa con creces el estiramiento de trama. Puede que a lo largo de la serie tengamos varios momentos de "ya estamos otra vez con esto" (las tramas de Arturo y sus esperanzas por escapar, por ejemplo) y que las cosas den la sensación de que no avanzan, pero lo hace.

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El final de 'La casa de papel' es tan trepidante como su inicio. A lo largo de toda la serie y en especial a la segunda mitad (me niego a llamar "temporada final" a la segunda parte) ha ido con la trama in crescendo, con ciertos momentos de pausa, pero ofreciendo capitulazo a capitulazo con sólidos guiones de Álex Pina y compañía. También a nivel de dirección, la serie de Atresmedia demuestra que el magnífico modo de rodar acción que nos mostró en 'Vis a vis' no era un espejismo.

Lo que han logrado con 'La casa de papel', con una combinación entre un reparto estupendo (a destacar también Alba Flores), una realización a la que se le puede poner pocos peros y un guion que logra enganchar episodio a episodio, se ve pocas veces en la televisión nacional. Es una serie de calidad y que probablemente se pueda situar fácilmente entre las mejores del año. Por lo menos en cuanto a ficción española se refiere.

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