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'Juego de Tronos' 3x08: quien siembra vientos, recoge tempestades

'Juego de Tronos' 3x08: quien siembra vientos, recoge tempestades
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Los lunes son ese día maravilloso en el que comentaros nuestras impresiones sobre el último episodio de ‘Juego de Tronos’ emitido por HBO. En esta ocasión me toca hablaros del octavo capítulo de la tercera temporada, en el cual se ha optado por obviar varias tramas para así poder desarrollar con más calma otras. No ha sido el mejor capítulo de la temporada –de hecho, quizá hasta haya sido el menos inspirado-, pero no han faltado aspectos interesantes sobre los que conviene explayarse más allá de lo impactante que haya sido en su totalidad.

'Juego de Tronos' (3x08): Los segundos hijos

Tyrion esperando la llegada de su prometida

La boda de Tyrion y Sansa ha sido el gran eje de un episodio algo desequilibrado, ya que la ausencia de Jaime, el gran personaje de esta tercera temporada, se ha dejado notar y ha habido un tímida sensación de desconexión o incluso cierta reiteración entre las diferentes tramas contadas. No obstante, el matrimonio entre Tyrion y Sansa ha permitido reforzar la actitud de otros personajes –Joffrey es un ser odioso, Tywin es temible y Cersei sigue empeñada en impedir que Margaery se salga con la suya- al mismo tiempo que aclaraba cosas entre ellos.

La breve escena de Shae entrado a su habitación tras la noche de bodas es el preludio definitivo de que algo horrible va a pasar en breve, ya que la felicidad es algo prácticamente prohibido en ‘Juego de Tronos’. Con anterioridad hubo grandes hallazgos mostrando el lado más humano de Tyrion pese a estar completamente borracho –una buena excusa para dirigirse libremente a Tywin y Joffrey cuando éstos le increpan por su actitud-, mientras que Sansa, un personaje por el que nunca he sentido aprecio alguno, también ha hecho gala de una actitud más matizada, a caballo entre la sumisión, la sorpresa y el sentirse horrorizada, hecho que no muestra echándose a llorar –lo esperable en ella-, sino sirviéndose una buena copa de vino.

La falsa fragilidad de Daenerys

La gran Daenerys en

Por todos es sabido que en ‘Juego de Tronos’ abundan los desnudos, tanto de los miembros regulares de su reparto como de personajes que no van más allá de una mera aparición episódica. Ha habido varias discusiones sobre hasta qué punto es algo gratuito o realmente aporta algo de interés específico a la historia, pero lo que yo tengo muy claro es que la desnudez de Daenerys siempre ha respondido a una necesidad específica de mostrarla como un personaje débil o alguien inquebrantable pese a su aparente fragilidad, llegando al punto de que en ‘Los segundos hijos’ prácticamente ha completado su transición hacia una versión menos abominable de su hermano Viserys.

Imagino que todos recordaréis que en los anteriores desnudos de su personaje se empezó incidiendo en su debilidad/inferioridad primero con su hermano y luego con Drogo, pero eso cambió radicalmente ya al final de la primera temporada al aparecer completamente desnuda tras el efecto de las llamas purificadoras que dejaban atrás su antigua personalidad y la convertían en una mujer fuerte y decidida. Su trama de este episodio, en el fondo redundante con lo que ya habíamos visto en ‘El oso y la doncella’, ha estado encaminada a ese baño en el que quedaba a merced de Daario, quien sencillamente había ido a ofrecer sus servicios a Daenerys, a quien su desnudez no la impide alzarse desafiante.

Otros pequeños avances

El White Walker

Dejando de lado la anecdótica aparición de Arya para que ésta se entere de la futura boda de su tío y que en realidad la están llevando de vuelta con su familia y no con los Lannister, sólo ha habido otros dos frentes que hayan contado con cierta relevancia en ‘Los segundos hijos’. Empecemos con Sam y su relación —de ¿amor, cariño o pagafantismo?— con Gilly, ya que ésta estaba siendo tirando a intrascendente hasta que se ha echado mano de un gran golpe de efecto permitiéndonos volver a ver a un white walker y ofrecernos una pista bastante evidente sobre su fragilidad pese a su temible aspecto. Hasta cierto punto podría dar la sensación de haberse metido con calzador, pero no dudo de su futura importancia.

Más jugoso ha sido todo lo que ha acontecido en el bando liderado oficialmente por Stannis Baratheron, pero oficiosamente por la inquietante Melisandre –algo que el primero parece empezar a asimilar, ya que no duda en recurrir a Davos cuando la situación resulta demasiado incómoda para él-, quien no tiene problemas en recurrir a cualquier tipo de manipulación para salirse con la suya. Estaba claro que su encuentro sexual con Gendry estaba condenado a acabar de forma muy similar a lo vivido por el pobre Theon en ‘El oso y la doncella’, ya que no era más que un ardid para conseguir lanzar una maldición contra sus enemigos, y Melisandre será muchas cosas, pero me da que poco queda para que lleguen los baños de sangre y las muertes impactantes.

Tres Tyrions y medio para
Lo peor de ‘Los segundos hijos’ es que este próximo domingo no habrá nuevo episodio en HBO, por lo que las ausencias de algunos personajes serán aún más notables cuando sigamos pensando en el capítulo. Y es que no ha habido nada realmente molesto, pero ha faltado la existencia de al menos una gran escena –el discurso de Meñique, Dracarys desatado, la batalla de Jaime y Brienne con el oso, etc.- que pusiese la guinda al episodio y el momento white walker no está a ese nivel.

En ¡Vaya tele! | Seguimiento de 'Juego de Tronos'

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