Puede que Ira Sachs no sea uno de los directores más famosos del mundo, pero debería. La sutileza narrativa de obras como 'Passages' o 'Verano en Brooklyn (LIttle Men)' es única, y el experimento narrativo del que hace gala en 'Un día con Peter Hujar', su última película que acaba de estrenarse en Filmin, es digno de todo elogio. Desde Espinof nos pudimos juntar con él hace unos meses, con motivo de su premio en QueerCineMad 2025, y nos dio tiempo a hablar sobre la compleja creación de una película, su relación con las críticas y el tratamiento actual que se le da al cine adulto en Hollywood. Vamos, una gozada.
Un día con Ira Sachs
Randy (Espinof): He leído sobre 'Un día con Peter Hujar' y vi que el proyecto comenzó como una idea para un cortometraje. Sin embargo, creció, y me interesa saber qué proceso te llevó a darte cuenta de que necesitaba ser un largometraje.
Ira Sachs: Al leer la obra, no estaba seguro de si podría mantener el interés durante la duración de un largo. Pero cuando empecé a rodar y vi lo que Ben (Whishaw) era capaz de hacer con el texto, tuve la sensación de que tomaría una forma más extensa porque logró que cada palabra fuera convincente y vívida. En su actuación dio vida a todo un universo. No estaba seguro de que pudiera encarnar el texto de esa manera, pero una vez que vi que podía, comprendí que tenía una larga historia que contar.
Además, ideé una forma de ver la película que trataba sobre el texto, pero también sobre la imagen y el proceso de creación de la propia película. El proceso de narrarla se convirtió en una segunda historia que permitía el formato de largometraje. De hecho, todos los demás pensaron que era un largo antes que yo.
Randy: Entonces, ¿la película no era "la película" cuando empezaste a rodar, fue más un "vamos a ver qué creamos"? ¿Toda la cinta es un proceso creativo?
Sachs: Exactamente. Es un proceso que tiene una narrativa, porque está la historia de ese día, pero yo no tenía claro si era tan fuerte, así que tenía otras ideas en mente.
Randy: Qué interesante. A lo largo de la película, la conversación se interrumpe con breves interludios musicales. ¿Sentiste que estos momentos de calma eran necesarios ante la densidad del texto? ¿Tuviste miedo de que la ruptura del ritmo pudiera sacar a la audiencia de la película?
Sachs: Bueno, creo que de hecho saca a la audiencia de la película, pero, tras hacerlo, regresan de una forma nueva. Considero que es bueno alterar la comodidad del público; eso fomenta diferentes maneras de abordar el material rítmicamente. Lo que creo es que la gente se deja arrullar por una cierta comprensión de la película y luego eso se revierte.
Para mí, los interludios son formas conscientes de describir la película como una especie de retrato, específicamente un retrato cinematográfico. Se podría decir que es la historia del día de Peter, pero también la historia de un retrato que se toma de esta amistad y de estos dos seres humanos, tanto Linda y Peter como Ben y Rebecca (Hall). La película trata realmente acerca de mirar a través de una cámara a individuos en su espacio y su tiempo.
Claustrofobia en 16 mm
Randy: Entiendo que esa es la razón principal por la que la película rompe la cuarta pared en ciertos momentos. Comienza dejando claro que es una película: dices "acción", empieza y, a mitad de camino, vemos al equipo preparándose para seguir rodando. ¿Es un juego o esconde algo más profundo?
Sachs: Ninguna de las dos. Quería que la película revelara sus costuras, ver los espacios entre lo que es real y lo que es construido. También quería abrazar lo teatral, especialmente porque trabajaba con dos actores británicos que interpretaban papeles estadounidenses, así que ya estábamos en el terreno de lo no realista. Por instinto, quería tener el placer y la libertad de reflexionar sobre el cine mismo.
Randy: Es muy interesante, como una obra de teatro dentro de una película. Me sorprendió también la escena en la terraza; el horizonte que vemos es el clásico de Nueva York, sin rascacielos a la vista. ¿Hubo algún truco digital para eliminarlos o elegiste el punto de vista metódicamente?
Sachs: No hay nada de eso. Alguien escribió que había usado un croma de manera muy exitosa, pero no lo hay. Recreé unas imágenes de una película de Jim McBride, 'La boda de mi chica', donde fotografía a su novia en una azotea con vistas a Nueva York. Me di cuenta de que, desde cierto ángulo donde estábamos rodando, no se veían grandes rascacielos. Pero te confesaré que fue un accidente: no supe que había una terraza hasta que hubo un eclipse. Todos los que trabajaban en el edificio subieron a verlo y nosotros los seguimos. De repente pensé: "Vaya, qué lugar tan increíble". Esa terraza libera la película, que de otro modo podría sentirse claustrofóbica.
Randy: ¿Sientes que lograste que no fuera claustrofóbica?
Sachs: Sí, siento que hay suficiente variación y una sensación de espacio. Por instinto sé cuánto puede durar un plano antes de que el público se sienta atrapado. Me interesa la duración y empujar los límites, pero también aliviarlos en cierto punto.
Randy: La película fue rodada en 16 mm. ¿Qué dificultad extra implica este formato y qué le aportó a la película más allá de la estética?
Sachs: Yo empecé en 16 mm, así que para mí fue algo muy natural, no un intento de recrear algo. Hay una sensibilidad y una vulnerabilidad en los 16 mm que me encantan. Habiendo trabajado antes en digital, encuentro que con el celuloide no puedes ser tan meticuloso; tienes que confiar en algo instintivo en lugar de perseguir la perfección.
Randy: Para mí, parece más real que, por ejemplo, una película de los Vengadores.
Sachs: Sí, se puede "sentir" la película.
Audiencias poco sofisticadas
Randy: Me gustaría preguntarte: cuando estrenas una película, ¿tiendes a mirar las reacciones en redes sociales, en Letterboxd o las críticas profesionales? ¿Cómo te tomas las críticas?
Sachs: Me las tomo de forma personal. ¡Quiero venganza! [Risas] No leo Letterboxd muy a menudo porque me hace infeliz; hay una cualidad vindicativa ahí. A veces leo críticas profesionales porque iluminan cosas y ponen en palabras aspectos que para mí fueron instintivos, no intelectuales. A veces me hacen sentir comprendido y afirmado, así que hay razones para leerlas, pero no soy invulnerable.
Randy: Esta película es como una máquina del tiempo a un lugar y momento fascinantes. ¿Por qué crees que nos fascina tanto el Nueva York de los años 70?
Sachs: Creo que si hubiera hecho una película ambientada en los años 50 en Tulsa, Oklahoma, y estuviera bien hecha, estarías igual de interesado, o eso espero. No creo que sea necesariamente la especificidad de Nueva York, sino la especificidad de un mundo descrito de forma tan completa. Si hubiera sido una granja en la España rural descrita con esa precisión, también cobraría vida.
Randy: Una última pregunta. ¿Cómo ves la industria del cine y sus cambios actuales? ¿Eres pesimista o crees que el cine siempre prevalecerá?
Sachs: Soy realista. Al menos en el cine estadounidense, veo un ecosistema que no está bien nutrido, donde es muy difícil para los cineastas crecer y todo se ve influenciado por ciclos empobrecidos. No es un país pobre, pero es un momento pobre para el cine serio. Por eso la audiencia se vuelve menos sofisticada y menos familiarizada con imágenes profundas, complejas y ambiguas. El desafío es crear imágenes que compitan con lo mejor de la historia, no con lo que hay en el presente.
Randy: Muchas gracias, tengo todo lo que necesito. ¡Buen vuelo de regreso a Estados Unidos!
Sachs: Un placer hablar contigo.
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