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Ciencia-ficción: 'The Monster That Challenged the World' de Arnold Laven

Ciencia-ficción: 'The Monster That Challenged the World' de Arnold Laven
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Seguimos en este ciclo sobre ciencia-ficción rescatando películas de la época de mayor esplendor del género, los años 50, con una película bastante estimable dentro de sus propias limitaciones. Hace poco el lector pedía que se analizara un clásico como ‘La humanidad en peligro’ (‘Them!’, Gordon Douglas, 1954), cosa que haremos en su debido momento. Hoy nos hemos parado en una de esas películas surgidas a la sombra de la citada, y que supone el mejor trabajo de su director, Arnold Laven.

‘The Monster That Challenged the World’ (id, 1957) contextualiza su historia en la era atómica y las preocupaciones derivadas de la misma. Al igual que en el film de Douglas en el que uno de esos experimentos hacía que algunas hormigas creciesen de tamaño hasta límites impensables, aquí nos encontramos con lo mismo pero cambiando de animal. En lugar de hormigas tenemos moluscos marinos, y hay que decir que de lo más convincentes.

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Esquema clásico

El film sigue con gran sentido del ritmo el típico esquema que caracterizó las películas que mezclaban ciencia-ficción con terror en las que hay algún monstruo. Un primer ataque a personajes muy secundarios que no imaginan la que se les viene encima, posterior identificación de los cadáveres en los que evidentemente encuentran algo fuera de lo común, segundo avistamiento, se corre la voz y el pánico, ejército, monstruo cabreado, algunos muertos, muchas sangre y una historia de amor que no le interesa a nadie.

Esa historia de amor entre un militar interpretado por Tim Holt —desconocido excelente actor que trabajó a las órdenes de John Ford, John Huston y Orson Welles—, y una atractiva madre viuda es, sin duda, el relleno de la función. No es que moleste especialmente, pero además de algún que otro tópico del que echa mano lo q que realmente nos interesa es la acción pura y dura, la tensión, el suspense, los monstruos atacando, y afortunadamente de eso hay suficiente, servido con un gran sentido del espectáculo.

Arnold Laven, de quien hablamos recientemente en ‘Traidor a su patria’ (‘The Rack’, 1956)—, fue un director eminentemente televisivo; terminó sus días dirigiendo episodios de series como ‘El equipo A’ (‘The A-Team’, 1983-87). A pesar de sus tics de la pequeña pantalla, lo cierto es que aquí demuestra estar más inspirado que de costumbre, construyendo set pieces de acción y suspense muy logradas. A ello hay que sumar un crescendo dramático conseguido a base de ir mostrando muy poco a poco el peligro que se cierne sobre California.

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Convincente terror

Ese método, más tarde, rescatado por directores como Steven Spielberg o Ridley Scott en películas que no hace falta nombrar, es una de las grandes bazas de una película que además puede presumir de unos muy efectivos efectos especiales, con los moluscos gigantes muy bien diseñados y creíbles. Además hay algún susto muy bien introducido, por ejemplo el de la presa, gracias al manejo del espacio fílmico y el encuadre por parte de Laven. Está tan logrado ese instante que no es manjar de un solo visionado, funcionando igual en posteriores visionados, logrando un mayor disfrute del momento.

También está muy conseguido el clímax de la función, aunque para llegar a él se cometa una torpeza de guión un poco ingenua, aquella que tiene que ver con una niña que comete una gran imprudencia por amor a un conejo mascota que tiene. Es bastante difícil de obviar, a no ser que la intención sea mostrar la estupidez de los adultos; afortunadamente desemboca en una muy buena set piece donde brillan una vez más los efectos.

‘The Monster That Challenged the World’ es una película que resiste bastante bien el paso del tiempo o, muy implacable en películas de ciencia-ficción y terror como ésta, que más allá de exorcizar los miedos de la energía atómica a través de miedos nacidos de algo tan común como un molusco, suponen un entretenimiento de primera. A destacar también la fotografía de Lester White, y la interpretación como científico de Hans Conried.

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