'Dos años y un día': Arturo Valls se come la pantalla en una fabulosa comedia carcelaria sobre los límites del humor
Críticas

'Dos años y un día': Arturo Valls se come la pantalla en una fabulosa comedia carcelaria sobre los límites del humor

Arturo Valls nos ha tenido engañados durante años. Sus temporadas como presentador cargante en, sobre todo, '¡Ahora caigo!' solo eran el engranaje perfecto para crear al Arturo Valls ficcionado, un personaje entre lo patético y lo humillante que ha perfeccionado en 'Los del túnel', 'Camera Café: la película' y, ahora, 'Dos años y un día'. Las tres, por cierto, ejemplos perfectos de la mejor comedia que se produce hoy en día en España.

Combo de ases

Raúl Navarro y Miguel Esteban son dos kamikazes del humor. Entre los dos han creado algunas de las series más distintivas y únicas del panorama estatal: 'El fin de la comedia', 'El vecino', 'La reina del pueblo', 'Capítulo 0' o 'Nasdrovia' han salido de sus manos, mostrando que somos capaces de hacer algo más que la sitcom prototípica y añeja.

En 'Dos años y un día', ambos se juntan con otro habitual que empieza a despuntar de su mano, Luismi Pérez, para contar una historia tan ligada a la actualidad que cualquier día podría ser noticia: la de un cómico que hace un chiste sobre la virgen durante un pregón popular y acaba en la cárcel tras ser condenado por un juez muy devoto. El punto de partida es increíble, pero lo mejor ocurre a partir de aquí.

Dos Años Y Un Dia

En solo dos episodios, esta vuelta de tuerca a las comedias carcelarias que transgrede todos los tópicos (pero al mismo tiempo los abraza firmemente) muestra un debate sobre si apuñalar por sentirse ofendido es válido, chistes sobre el suicidio, un fabuloso cameo de Los Javis, representaciones carcelarias de 'Hamlet' y un Arturo Valls absolutamente pletórico en su papel de presentador y humorista al que se le ha acabado la gracia.

El rock de la cárcel

Si el punto de partida de 'Dos años y un día' y su puesta en escena ya sobrepasan todas las expectativas, su reparto consigue que no haya ni un solo momento que no sea hilarante. Valls, haciendo de la mejor versión de sí mismo, está acompañado por Javier Botet, Adriana Torrebejano y Amaia Salamanca, los tres con un timing cómico perfecto. También hace aparición Santi Ugalde, secundario de oro de la comedia ibérica al que muchos recordaréis por 'Qué vida más triste', aunque en estos dos primeros capítulos no se le explota lo suficiente.

Arturo Valls

Desde el primer episodio, la serie consigue lo que muchas otras tardan varias temporadas en conseguir: encontrar su propio lugar, crear elementos icónicos, running gags efectivos y personajes que quieres seguir conociendo a lo largo de los episodios. Raúl Navarro y Miguel Esteban han cogido todo lo aprendido en el resto de sus obras y lo han volcado en 'Dos años y un día' creando una comedia infalible.

La cárcel pretendidamente dulcificada en su apariencia pero peligrosa desde su base (ese libro folklórico para protegerse de las puñaladas) es un lugar perfecto desde el que desarrollar una serie más o menos coral en el que no se busca el punchline o el chiste en sí, sino ir creando una tensión cómica resuelta por destellos de carcajadas. Ningún personaje es gracioso de manera artificial: no hay nada en esta serie estrafalaria que no parezca orgánico, logrando un equilibrio muy difícil de conseguir.

Cerrando con llave

'Dos años y un día' es una serie fantástica que marca otra muesca más en el impoluto currículum de Miguel Esteban y Raúl Navarro, y que corre el peligro de quedar sepultada en el catálogo de Atresplayer. No cometáis el error de pasarla por alto, porque este retrato de la sociedad actual, los límites del humor, los tópicos del cine carcelario y un personaje dividido entre la apatía y un negrísimo futuro es una de las producciones más brillantes que han salido de nuestro país en los últimos años.

Es posible que la dulcificación de la vida en prisión o la acumulación de prototipos molesten a algunos en búsqueda de un proyecto más original, pero 'Dos años y un día' no pretende ser un proyecto único en su clase, sino una propuesta sólida, potente e imperecedera. Fabulosa.

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