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'Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal', el sabor de la nostalgia

'Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal', el sabor de la nostalgia
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'Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal' no alcanza la perfección de 'En Busca del Arca Perdida' e 'Indiana Jones y el Templo Maldito', y tal vez esté un pelín por debajo de 'Indiana Jones y la Última Cruzada', a pesar de que tiene mejor ritmo que ésa, no conserva en su haber un tándem como Connery/Ford, desprendiendo química pura y dura. Pero desde luego, la cuarta aventura del famoso arqueólogo es puro Indiana Jones, con la ventaja de haber sido coherentes consigo mismos y ofrecer una muy digna nueva entrega, cuando parecía todo cerrado con la tercera. Coherentes, porque han tenido en cuenta que han pasado 19 años, tanto para ellos como para el público, con lo cual nos indican que no sólo pasa el tiempo para el espectador, al cual en 19 años puede cambiarle el gusto un millar de veces, sino que los personajes y el cineasta también han cambiado.

'Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal', al igual que las anteriores entregas, es hija de su tiempo, pero no en su totalidad. Es imposible que nos encontremos con un film a la manera de los 80, porque evidentemente vivimos otros tiempos, y el film es consciente de ello. Spielberg rueda un film con toques muy actuales, pero con una poderosa mirada nostálgica no sólo al cine de los años 50 (de lo cual David Koepp se encarga con no pocos elementos en su guión), sino sobre su propia obra como cineasta, y también la de su amigo y compañero George Lucas. Es muy posible que nos encontremos ante el film más referencial de su director.

SPOILERS

El argumento de 'Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal' es bastante sencillo, y por momentos tira algo hacia la simpleza. 1957, Indiana Jones es obligado por los rusos a encontrar un importante cajón de madera en un gran almacén que contiene algo muy valioso para el Gobierno Ruso. Tras escapar de ellos, y volver de nuevo a su querida Universidad, es despedido por presiones externas. Pronto un joven rebelde de pelo engominado, chupa de cuero y moto se pondrá en contacto con él para darle la oportunidad de hacer un gran descubrimiento si le ayuda con un problema personal. Se trata de la Calavera de Cristal, un objeto legendario que despierta el interés de muchos.

Esta vez no tenemos ningún objeto con claras connotaciones religiosas como en las anteriores entregas. Y lo que éste desencadena no es ninguna fuerza mística o de algún Dios, sino algo mucho más en boga en los años 50: la posibilidad de vida extraterrestre, ya sean hombres del espacio, o tal y como se sugiere aquí (en una patada en las mismísimas partes íntimas a todos los detractores de 'Inteligencia Artificial', sin lugar a dudas el homenaje más conseguido de todos), seres interdimensionales. No voy a entrar en absurdas reflexiones sobre si el "tesoro" en cuestión es apto para el universo del Dr. Jones. Lo que sí diré, es que el interés por el objeto tiene la misma intensidad que en las entregas anteriores, y Spielberg lo narra muy bien, sin traicionarse ni a sí mismo ni al personaje. Es obvio que en la madurez más avanzada del personaje, éste tiene que ir en busca de otro tipo de cosas, en algo que paradójicamente concede el conocimiento, y un exceso del mismo puede otorgar un gran sufrimiento (algo que se deriva del destino sufrido por el personaje de Cate Blanchett). Así pues, lo dicho antes sobre las connotaciones religiosas viene al caso, pues en cierto párrafo La Biblia dice: "Quien aumenta su conocimiento, aumenta su sufrimiento". ¿Casualidad? no lo creo. ¿menos evidente esta vez? eso sí.

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Dejando de lado lo interesante que pueda ser la Calavera en cuestión, y todo lo que se desprende de ella, Spielberg ha vuelto a hacer cine-espectáculo de primera, demostrando que como narrador es único, con una puesta en escena de quitarse el sombrero. El film empieza como decía Cecil B. DeMille que había que empezar una película: con un terremoto y de ahí para arriba. Todo lo que acontece en el almacén engancha al espectador para meterlo sin tregua en la película y no soltarlo hasta el final. Y son varias las escenas que dejan con la boca abierta, y en las que Spielberg hace gala de su "mano" para rodar secuencias de acción excelentes. Cabría citar la primera persecución, en moto y coche, y de desenlace muy gracioso (en el queda patente una vez más el paso del tiempo, al ver como Jones recomienda algo a un alumno, contrario a lo que pensaba hace años); y por supuesto, la segunda que tiene lugar en una selva, y es simple y llanamente un prodigio de montaje (una vez más, Michael Kahn luciéndose). Añado el impresionante clímax, en el que hay que reconocer un exceso de efectos digitales, pero que de otra forma no podría hacerse.

Hablando de efectos, es muy posible que haya más efectos digitales de los que nos prometieron, y con esto empiezo a enumerar los fallos del film. En esas secuencias en las que los efectos son realmente físicos, todo es más emocionante, más dinámico; pero en aquellos instantes en los que Lucas debió meter su mano, la cosa pierde intensidad. Después existen varias escenas de dudosa calidad que a más de uno desconciertan. El detalle del frigorífico volante, pegándose un leñazo en el que nadie sobreviviría, es una secuencia tan disparatada que hasta resulta simpática, una declaración en la que se insinúa el que si se entra en el juego bien, si no, te quedas fuera. Y dicha secuencia sirve para contemplar un hongo de una explosión nuclear, una de las imágenes más arrebatadoramente bellas que se han visto en una pantalla últimamente. Luego tenemos la tan comentada escena de los monos, que es graciosa en sí misma, pero está un poco fuera de lugar. Y por último, el epílogo, tan coherente como repulsivo, y en el que se nota mucho que esta película ha sido más una reunión de amiguetes que otra cosa. Pero ojalá todas las reuniones de amiguetes sean así, si nos ofrecen películas tan buenas como ésta. Harrison Ford es el único Indiana Jones posible, y el actor está tan bien como las otras veces, sacando provecho de su edad y aplicándolo al personaje para dotarlo del carisma necesario, añadiéndoles los matices del paso del tiempo, y que se hace latente en varias secuencias. A su lado, una Cate Blanchett inmensa, como es costumbre en ella, derrochando no sólo buen hacer, sino belleza a raudales. Shia Labeouf es un compañero perfecto para Ford, demostrando que existe buena química entre ellos, en una operación parecida a la de la tercera entrega (hasta Ford mira a su hijo como Connery le miraba a él), pero menos pronunciado, que Ford es aún la estrella. Karen Allen no aporta nada la historia, salvo recuperar el personaje femenino más querido de la saga, acentuando así el carácter nostálgico de esta nueva entrega, y desprendiendo con Ford una química pocas veces alcanzada. John Hurt puede estar un poco desaprovechado, pero cumple con creces, e incluso protagoniza un momento muy divertido. Ray Winstone es el antagonista, y una más que clara referencia a la saga de James Bond, dando vida un doble agente que cambia de bando según le convenga. Y Jim Broadbent viene a ser algo así como Denholm Elliott en un papel idéntico.

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'Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal' es una película estupenda, y como decía antes, el film con más toques referenciales de su director. La cantidad de homenajes que hay en ella son innumerables. Por citar algunos: 'American Graffiti', la carrera del inicio. 'E.T.', el posible extraterrestre que descubre Blanchett y cuya mano sólo tiene el índice estirado. 'En Busca del Arca Perdida', el Arca sale en un inteligente cameo, con el cual no sólo se rinde homenaje al film que inició la saga, sino que además se subraya el hecho de que los tiempos han cambiado, y las reliquias de esa categoría ya no interesan a nadie. 'Tarzán de los Monos', en la secuencia antes comentada. 'Cuando Ruge la Marabunta', en el momento que unas voraces hormigas presencian una extraordinaria pelea a puños sin conservantes ni colorantes. 'El Secreto de la Pirámide', el momento de la cerbatana. Y muchos más. Steven Spielberg se entrega con pasión al capítulo final de uno de sus personajes más emblemáticos, y también realiza una mirada hacia atrás, con cariño y con un punto melancólico (la escena en la que Ford mira las fotografías de su padre o su amigo Marcus, al que se le hace un doble homenaje). Y nos lo ofrece como regalo a todos aquellos que disfrutamos con su manera de hacer cine, enfrascado en un envoltorio acorde con los tiempos que corren, con todo lo que ello conlleva. Para dejarse llevar, para disfrutar del primer al último fotograma, recordándonos que una vez fue un director que nos hizo soñar cuando aún éramos niños, y él también, y ahora, nos recuerda que hemos crecido, que volver atrás ya no es necesario, pero que aún podemos saltar de emoción con la última aventura del héroe de nuestra niñez.

'Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal' es cine de siempre, retocado con algunas moderneces, un cine que ya no se respira en las salas, y menos en una película de aventuras. En Blogdecine:

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