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'Star Wars: Clone Wars', el eslabón perdido de la saga que es mejor que las precuelas de George Lucas
Críticas

'Star Wars: Clone Wars', el eslabón perdido de la saga que es mejor que las precuelas de George Lucas

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Hay un detalle muy sutil para diferenciar esta miniserie original sobre las guerras clon de 'Star Wars', y una posterior que ahora es oficial; básicamente, el nombre de la serie animada con CGI tiene un "The" al principio. ‘Star Wars: Clone Wars’ originalmente se emitió en el periodo de años 2003-2005, como una microserie de animación tradicional en 2D centrada en las muchas batallas de las guerras clon, mencionada por primera vez en ‘La guerra de las galaxias’ ('Star Wars', 1977).

La serie solo duró dos temporadas y fue dirigida por el creador de ‘Samurai Jack’ (2000-2017) y ‘Las Supernenas’ (The Powerpuff girls, 1998-2015), Genndy Tartakovsky. Al igual que la primera, el desarrollo tenía una narración silenciosa, cargada de acción y dinámica visual. Debido a su formato, no se consideran una película: se emitieron como una serie de mini episodios en Cartoon Network que variaban de tres a 12 minutos; sin embargo, con el tiempo, se han fusionado en diversas ediciones.

Clonewars1

'Star Wars: Clone Wars' es pura acción, cero relleno, y mínimo diálogo

Lo importante es que todas juntas, estas entregas equivalen a una aventura tensa y absorbente de 130 minutos, que usa el medio animado para liberar las posibilidades de la franquicia de ‘Star Wars’, amplificando sus fortalezas sin recatamiento en el presupuesto. En un mundo justo, aparecería en las listas de preferencia de las películas de la saga, y probablemente, estaría por encima de alguna de las películas de Lucas de la trilogía de precuelas.

Concretamente, a pesar de estar dividida en dos partes, incluida en la saga sería el episodio III, dejando ‘La venganza de los Sith’ como Episodio IV. Es decir, ‘Clone Wars’ cierra la brecha entre ‘El ataque de los clones’ y aquella tercera parte más oscura, contándonos todo lo que en las películas no podía aparecer, o bien por presupuesto, pereza o calificación por edad. Porque básicamente, de lo que trata este bloque animado es de guerras llenas de matanzas gratuitas.

Clone Wars

Obviamente, no dejan de ser dibujos, y no es un baño de sangre, pero el tono es oscuro, y hay muertes. Es como un compendio de todo lo que esperábamos ver en los Episodios II y III y no nos mostraron, es decir la guerra en sí. La estructura de la película la hace parecer un noticiero frenético que salta de planeta en planeta para ver las batallas entre la República y la confederación en pleno desarrollo, especialmente en el primer volumen, más enfocado en la acción y menos guiado por la historia.

El tejido conectivo ausente

El volumen 2, por otro lado, está más orientado a los movimientos de los personajes e intenta conectar hilos a la secuencia de hechos que llevan al ‘Episodio III’ pero sin dejar de lado las escenas de gran acción. En resumen, durante la segunda mitad se nos va mostrando el camino de Anakin hacia el lado oscuro a través de la demostración de su poder y, además, pone en imágenes todo lo que aparece en el texto de apertura descendente de los créditos de ‘La venganza de los Sith’, haciendo que viendo esta después su premisa se perciba menos casual y caprichosa.

Es decir, tenemos oportunidad de ver el secuestro de Palpatine por el general Grievous que, por cierto, es mucho más amenazante e imponente aquí. Eso da lugar a unas cuantas batallas Jedi, de sables y demostraciones de la fuerza que son puro carburante de cultura freak. Un ejemplo, la asombrosa secuencia de seis minutos y medio en la que Mace Windu destroza a un ejército de droides con solo un sable de luz y los poderes de su mente.

En general, lo grande de esta animación es que podemos ver cómo los soldados de asalto y los robots se matan entre ellos con la violencia aceptada por su condición de droids sin vida. Y también hay bastante creatividad en la descripción de las batallas espaciales, que recuerdan un poco a ‘Robotech’ (1985), con misiles y cazas estelares volando en zigzag en todas direcciones. En resumen, más de dos horas de disfrute starfan con los que Tartakovsky estiró al máximo las posibilidades plásticas del medio animado y de la propia saga. Una pena que haya sido excluida del canon y, en general, no se haga mucho por reivindicarla.

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