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Terminator sin salvación

Terminator sin salvación
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Puñetazo en el estómago del sentido común. El cielo empezaba a anaranjarse mientras paseaba por las estrechas calles de esta Granada tan extraña, cada día más unida al ruido. Pero nada, ni los golpes en el hombro de varios transeúntes acelerados, que gritan por el móvil mientras su pareja mira al suelo con aire aburrido, ni los pitidos ni los estruendos de Dios-sabe-qué, por todas partes, podían distraerme, entrar en mi cabeza y despistar el proceso que me tenía ocupado, por el que intentaba poner en orden todo lo que había visto, poco antes, en la rectangular y enorme pantalla del cine: ‘Terminator Salvation’.

¿Una moto-terminator que hace cabriolas y no soporta una cuerda? ¿Un Transformer salido de ‘La guerra de los mundos’? ¿Diálogos ñoños sobre segundas oportunidades en medio del apocalipsis? Quería darle sentido a todo, atar los cabos sueltos, probar las posibles justificaciones y llegar a una conclusión que pudiera confrontar a lo que mis entrañas me estaban gritando (no suelo darles la palabra, pueden ser realmente groseras). Pero no hacía más que llegar, una y otra vez, al mismo negar con la cabeza, a la conclusión de que la película es un despropósito injustificable, un amasijo de secuencias artificiales sin coherencia, sin inteligencia o buen gusto.

Quería pensar que todos los que habían atacado ‘Terminator Salvation’ estaban equivocados, que la película era un producto digno sin más intención que la de divertir y ofrecer cine espectáculo. Pero no. No, estaban en lo cierto, y más los que peor la han puesto. ‘Terminator Salvation’ es la misma tontería que ‘X-Men orígenes: Lobezno’. Es lo que habría hecho la Fox si tuviera los derechos de la historia de John Connor, ese personaje que debería liderar a la raza humana contra un ejército de máquinas asesinas, organizadas por un cerebro inhumano llamado Skynet. Se suponía que esta cuarta película iba a contarnos eso, esa batalla, ese horrible futuro, pero no es más que un cúmulo de secuencias sin sentido con muchos efectos especiales y personajes que no son más que nombres y malos diálogos.

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Dice Joseph McGinty, alias McG, que nunca pondría su película a la altura de las dos primeras, las que dirigió James Cameron, en 1984 y 1992. Menos mal, ¿eh? Muy tonto no es el hombre. Eso sí, rápidamente le sale la vena valiente y aclara que, dicho eso, su ‘Terminator 4’ aporta cosas nuevas a la saga, “contando la guerra futura entre hombres y máquinas, que apenas se intuyó en aquellas películas de Cameron“. No sé vosotros, pero a mí me sigue sorprendiendo, atemorizando e impactando muchísimo más lo poco que mostraba Cameron del futuro que todo lo que revela McG, clara y torpemente. Lo sospechábamos pero ya no hay ninguna duda de que McG es un tipo sin criterio, un títere encantado con las luces y los fuegos artificiales y los diálogos chorras, que no sabe lo que significa contar una historia.

En resumidas cuentas, sigue siendo el responsable de las dos entregas de ‘Los ángeles de Charlie’, alguien inadecuado para trasladar el terror de un futuro apocalíptico donde los hombres resisten el ataque de máquinas asesinas. Su idea de lo que debe ser ‘Terminator’ es enlazar secuencias que no casan las unas con las otras, pero que deben ser lo más en asombro y espectacularidad, cuando en realidad no transmiten nada, aparte de mareo y bostezos y risas de incredulidad (la secuencia del camión y las motos o la anterior del coche perseguido por una micronave son penosas). Es tal el despropósito que llego a dudar de si este hombre ha visto enteras, sin darle al botón de avance rápido, las películas que hizo James Cameron, que conforme pasan los años siguen mejorando, aunque sólo sea por demérito del resto.

Cuando uno ve ‘T1’ o ‘T2’, siente miedo, ansiedad y suspense, por lo que pueda pasarle a los protagonistas, perseguidos por una máquina asesina que no se detiene ante nada, con el único propósito de llegar hasta ellos y aniquilarlos. Eso es terrorífico. Más aún cuando sabes que un día, no muy lejano, esas malditas máquinas poblarán el planeta y no habrá rastro del ser humano, salvo los pocos que logren esconderse y sobrevivan a base de disparos y bombas. Un futuro sin esperanza. Pero en ‘T4’ (y ya en ‘T3’, no en vano los guionistas son los mismos) todo eso queda de lado para ofrecer acción por acción, es decir, sin emoción alguna, ruido y efectos especiales, incorporando bromitas para que los fans crean que siguen estando en el mismo universo que creó Cameron. Pero no, no cuela. Esto no da miedo, aquí no hay suspense, todo lo más es acción con robots, pero para eso ya teníamos a Michael Bay, que juega a otra cosa.

Es increíble lo que el dinero de Hollywood puede hacer en algunos. Christian Bale es uno de los actores más capaces y talentosos del planeta, y hasta ahora parecía un tipo coherente, que no se metía a hacer cualquier cosa, pero entonces firma para hacer ‘Terminator Salvation’ y dos más, por la pasta gansa, y no puede justificar su decisión. Que la película es una montaña rusa para ver en grupo. ¿De verdad se cree sus propias palabras? ¿‘El caballero oscuro’ es otra montaña rusa o un viaje intergaláctico? Hay algo que no se le puede reprochar al actor, eso sí, y es su esfuerzo y su dedicación al trabajo, hasta en cosas como ésta, destinadas exclusivamente a sacar dinero. Pero este John Connor es un personaje vacío y Bale no puede hacer nada con él, sólo gritar y tratar de que sus actos no se vean todo lo ridículos que son en realidad (el momentito reflexivo con las cintas, voz de Linda Hamilton incluida, es para llorar de risa).

bale

Había leído que Sam Worthington tenía más protagonismo que el propio Bale y que le superaba en interpretación, cosa no tan difícil vista la película. Pero ni creo que salga más en pantalla (cosa que, según parece, se debe a que Bale, que iba a ser Marcus en un principio, exigió que se contratara a Jonathan Nolan para que ampliara sus escenas), ni tampoco me parece que lo haga mejor que el galés. El australiano, que presume que trabajó como albañil y que ahora nos lo quieren vender como la gran estrella del momento cuando en realidad no ha hecho nada para merecer esa etiqueta (quizá cuando veamos ‘Avatar’, pero aún quedan muchos meses para eso), se limita a poner rostro de tipo duro, y se supone que arregla cualquier cosa y pelea como nadie, y también es muy humano y siente pena por la gente. En fin, que poco más y lo ponen a servir hamburguesas para la resistencia, si éstos no se gastaran medio arsenal en tratar de matarlo (otra secuencia incomprensible y larguísima). Por supuesto, su final no sorprende a nadie, pero sí que se pongan a hablar de máquina a máquina, contando el plan, o que regeneren la piel de Marcus, o que Skynet supiera lo ocurrido en las películas anteriores, o que… tantas cosas.

El intento de crear una película grande con muchos personajes fracasa estrepitosamente, porque ninguno de ellos es más de lo que representa el rostro del actor que lo interpreta. Lo de Anton Yelchin como un canijo y bobalicón Kyle Reese (para enmarcar lo de “ahora mismo lo importante es sobrevivir”, en medio de un montón de prisioneros internacionales a punto de ser reventados) es otra de las mayores tomaduras de pelo de la película. Por no hablar de lo fácil que era matarle y acabar con Connor, pero eso es otra historia. Se suponía que Helena Bonham Carter, Michael Ironside y Bryce Dallas Howard iban a aportar algo, pero simplemente están ahí, se los reconoce y punto, como si fueran de cartón; Common, Moon Bloodgood y Roland Kickinger con el rostro de Arnold Schwarzenegger (fatal hecho, por cierto) son, igualmente, meras anécdotas en el ruidoso conjunto.

Bastaba un solo Terminator para atemorizarnos en ‘T1’ y ‘‘T2. En ‘T4’ hay miles y nos da igual. Por no hablar de que, cada vez que uno puede acabar con Connor o alguno de los protagonistas, simplemente pierde tiempo, o lo agarra y lo lanza, en lugar de partirle el cuello o cualquier otra cosa más rápida y eficaz. La buena noticia es que puede que nos ahorremos la llegada de las dos películas más que tenía previsto rodar McG con Bale, ya que el presupuesto, estimado en unos 150 millones de dólares, y las ganancias en la taquilla, que por el momento se quedan en poco más de 100 millones en los Estados Unidos, no encajan tan bien como deseaban los productores de este aburrido engendro mecánico. Esperemos que hayan aprendido algo, y si quieren hacer otra entrega, que empiecen por lo básico, un buen guión y un buen director, con ideas y talento.

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