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'Tristram Shandy: A Cock and Bull Story', una experimental pérdida de tiempo

'Tristram Shandy: A Cock and Bull Story', una experimental pérdida de tiempo
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El poco interesante Michael Winterbottom hace películas como churros (claro, así le salen luego). 'Tristram Shandy: A Cock and Bull Story' es anterior al último film que vimos de este director, y que personalmente es el que más me gusta de él, de todas las que le he visto, la estupenda 'Camino a Guantánamo'. Qué curioso que su mejor film esté codirigido. Sin embargo, y sabe Dios por qué problemas de distribución, la que hoy nos ocupa no la hemos podido ver en nuestro país hasta el pasado viernes, que es cuando se ha estrenado entre nosotros, pobres infelices, destinatarios de estrenos tardíos. Por mí como si no la hubieran estrenado nunca, a pesar de que mi compañera Maldivia alucina con la cosa ésta, y mi compañero, el político, la incluye entre sus favoritas del año pasado. Sí, a ambos les he dicho que dejen la bebida, aunque no de golpe, que yo necesito comer para vivir.

El argumento gira en torno a la gente que realiza el rodaje de una película, el cual es interrumpido para que seamos testigos de las distintos acontecimientos que rodean a cada uno de lo personajes, desde el actor principal, al cual su mujer le hace una visita al set de rodaje, hasta la rivalidad entre los dos actores principales, hasta la necesidad de acabar el film antes de que los productores corten el grifo. Cine sobre cine.

Winterbottom opta en la película por una narración casi experimental, en la que vemos entremezcladas las tramas de la película que se está rodando y la de la historia de los que hacen esa película. Vale, el tío es original, pero lamentablemente se hace un lío con dicho experimento. Y no porque no se entienda nada de lo que vemos en pantalla, ya que afortunadamente, el film es bastante fácil de seguir, sino a que no queda definido el camino que quiere tomar, y sobre todo, qué es lo que nos quiere contar de esta forma. Una forma que en momentos se hace aburrida y plasta, debido a unos diálogos falsamente profundos, recitados por unos personajes poco interesantes, que no calan en el espectador de ninguna manera.

Por otro lado, no existe ni la más mínima progresión dramática en ninguna de las dos tramas. Mientras una da vueltas al nacimiento del hijo de Tristram, y cierto instrumento utilizado por el doctor que asiste el parto, la otra no deja de marearnos con los supuestos problemas de todos los involucrados en el proyecto, ya sean de rivalidad, de amor no correspondido, o de la realización de una escena de batalla, o la participación de cierta actriz famosa. Todo eso no tiene ni el más mínimo interés, y no nos importa cómo va a terminar. Los personajes no nos dejan tranquilos ni un sólo segundo, bombardeándonos com frases sin sentido, a ver si de esta forma se oculta que la película no tiene nada que decir, y no hay por donde cogerla.

Salvaría, quizá, la interpretación de su protagonista principal, un entregado e inspirado Steve Coogan, que se interpreta a sí mismo, y se mueve por todo el film como pez en el agua. Francamente, este actor está mucho mejor cuando se pone serio, que cuando hace comedias. El resto, son un grupo de actores, más o menos conocidos por los cinéfilos, que se pasean por la película con menos importancia e intensidad. Eso sí, sale unos breves minutos Gillian Anderson, la morbosa agente Scully, y eso siempre es un placer, aunque su intervención es meramente anecdótica y prescindible.

Por lo demás, una película muy mala, afortunadamente corta (claro, no sabían qué más contar) y que para recochineo del personal, continúa durante todos los títulos de crédito finales, con un diálogo para besugos, que termina de redondear esta completa pérdida de tiempo.

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