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Televisión, ¿final de una etapa o final de una era?

Televisión, ¿final de una etapa o final de una era?
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Todo pasa y nada queda. Quienes hemos vivido ya una serie de cambios en los soportes que se emplean en el mundo de la comunicación, y salvo los niños de teta todos nosotros hemos pasado por varios de ellos, ya hemos aprendido a cogerle el truco a quienes manifiestan, con un cierto aire de anunciadores de cataclismos, que tal o cual medio acabará con la existencia de tal o cual otro, que con la innovación tecnológica de turno el fin del mundo, tal y como lo conocemos, tocará a su fin.

Mentira. Hay vida antes y después de cada cambio, de cada evolución y de cada revolución.

Hubo vida antes de la televisión, y se llamaba radio y prensa escrita. Hasta bien entrado el siglo XX la radio era el medio de comunicación de masas, revolucionario por su agilidad y por su frescura, y la prensa era el medio del análisis y la reflexión. Con la llegada de la televisión, lo visual amenazó con matar a la estrella de la radio con la espectacular innovación que supuso la transmisión de imágenes a distancia y en un tiempo más o menos real, e hizo lo propio con la prensa escrita al emitir noticias con imágenes en un tiempo récord, pero poco a poco las aguas volvieron a su cauce y se demostró que la vida, como la de Iglesias, sigue igual. La prensa sigue siendo prensa, la radio es radio y la tele, tele. Pese a las rencillas del pasado estos medios, como medios, se complementan entre sí.

Con internet sucederá tres cuartos de lo mismo. Quienes ahora perciben en la red una amenaza a la pervivencia de la comunicación o de la cultura están equivocados. Seguirá existiendo la comunicación y seguirá existiendo la cultura en la medida en que existan productores de mensajes y receptores dispuestos a brindarles su atención. Quienes ahora perciben en la red una amenaza a la pervivencia de sus modelos de negocio basados en una difusión de los contenidos caduca quizá estén en lo cierto, y para muestra el botón de los que hoy en día sufren por querer seguir viviendo de la venta de periódicos como si estuviéramos casi 400 años atrás, en los tiempos de Théophraste Renaudot.

Si bien los primeros programas de televisión bebieron del formato radiofónico, y varios de ellos siguen emperrados en hacer eso mismo, muriéndose de ostracismo en la mayoría de los casos, ha habido a lo largo de la ahora ya dilatada trayectoria de la tele una selección de espacios que han resultado innovadores, que han hecho Historia en el medio. Sus creadores supieron entender qué era aquello que diferenciaba la televisión de los otros medios y explotaron esa posibilidad.

Cámara de televisión

Ahí está el reto actual de la televisión, no sólo en seccionar su target mercado objetivo por temáticas, que también y ya lo hacen, sino en ofrecer a la audiencia productos atractivos que no se puedan conseguir, con un nivel de satisfacción similar, por ninguna otra vía.

Pongamos un ejemplo.

A una serie que lo mismo se puede seguir por la tele que por internet... No. A una serie que se sigue mejor por internet que por la tele, ¿qué oscuro futuro le espera en la pequeña pantalla? Cuentan que la audiencia televisiva envejece porque los jóvenes se van a la red. Y como respuesta a este fenómeno innegable e imparable, la industria de la televisión sigue ofreciendo series a través de los canales habituales o, en un alarde de creatividad surrealista, lanzando caras y pesadas ediciones en DVD o, como mucho, colgando los episodios en los sitios web de las cadenas de forma secundaria y como quien le perdona la vida a esa parte de la audiencia que es la audiencia del porvenir.

Mientras, a río revuelto ganancia de pescadores, los únicos que parecen haber comprendido dónde está la veta de negocio son quienes comercian en la red, entiéndase que comercian gracias a los hipotéticos ingresos por intrusiva publicidad, si los hubiere, con unos productos que, seamos honestos, no han parido ni comprado, en un ejercicio que es pan para hoy y hambre para mañana, alegoría en la que el mañana llegará en cuanto desde las alturas nos acaben de apretar tres o cuatro tuercas legislativas que, mal que nos pese, bailan.

Sí, ya lo sé; lo que hacemos es legal. Por ahora, seguidores de Renaudot.

Por su parte, la eclosión de internet no ha hecho más que empezar. Ahora los diferentes servicios que pueblan la red todavía son calcos de otros medios: la prensa escrita de opinión está en el origen de los blogs, la radio y la tele sirven de inspiración para los podcasts, las descargas, el streaming y cuanta tecnología se vaya añadiendo a la bola de nieve global. Con el tiempo, internet encontrará su propio código y cada medio se adaptará al hueco que haya sabido hacerse en el nuevo orden de la comunicación, un nuevo orden en el que internet perderá una parte de este aire de utopía que tiene hoy por hoy y ganará peso en el mercado de los medios.

Como contrapartida para algunos medios, o como efecto secundario si se quiere decir de un modo más neutro, se habrá producido una no ya fragmentación sino atomización de las audiencias, y de la misma forma que la radio dejó de ser el gran medio productor de grandes estrellas, la tele tendrá que abandonar el lujo y la fanfarria y repescar aquella humildad con la que se realizaban los primeros programas, cuando todo fallaba porque nadie sabía cómo dominar el fuego. Al final, la vida es una cuestión de porcentajes, por lo que cuando un elemento aumenta el otro disminuye, que es lo que ocurre con las audiencias, y en cuanto al modelo de negocio... nada es imprescindible.

Ni nadie. Todo pasa y nada queda. ¿Es este el final de una etapa? Quizá, pero no el final de una era. Somos mucho más pequeños que todo eso.

En ¡Vaya Tele! | Recapitulando sobre las descargas de televisión, La audiencia estadounidense, envejeciendo cada día más

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