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Los Oscars de la injusticia (I): de los comienzos a los 40
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Los Oscars de la injusticia (I): de los comienzos a los 40

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Para mi los premios no son nada. Mi premio es mi trabajo. (Katherine Hepburn)

Cuando algo más de 96 horas nos separan de la octogésimo octava ceremonia de entrega de los Oscar, en Blogdecine os invitamos a iniciar un viaje por el tiempo que nos llevará desde los orígenes de los premios más famosos del séptimo arte hasta la actualidad a través de su cara "menos amable". Y no, no es que vayamos a indagar ahora en la historia de los galardones para sacar sus trapos sucios —que indudablemente los tendrá, no os quepa duda.

No. Lo que os proponemos en las cuatro entradas de que constarán estos "Oscars de la injusticia" es un repaso por todos aquellos premios que debieron ser y no fueron, esas estatuillas que debían haber ido a parar a un filme y terminaron en otro que no lo merecía tanto, esos calvorotas de oro que, sujetos al capricho y antojo de los miembros de la Academia, no siempre han recaído sobre el que más lo merecía.

A modo de "disclaimer"

Oscars Disclaimer

Nada me disgustaría más moralmente que recibir un Oscar. No lo tendría en mi casa (Luis Buñuel)

Cabría precisar, antes de comenzar, un par de matices que creo necesarios para entender la idiosincrasia de esta y las tres entradas que la seguirán. En primer lugar, y para que quede claro, que lo que aquí se va a ir apuntando está sujeto por completo a la valoración estrictamente personal de este redactor y que en ningún momento debe ser tomada como lo que no es, como un axioma irrefutable.

Muy unido a ello está el hecho de que los Oscars, como cualquier otro de los premios concedidos en los innumerables festivales y certámenes cinematográficos que se suceden por la geografía de nuestro planeta a lo largo del año, no son el principio y el fin del mundo del cine, ni mucho menos esa figura que determina si una película debe ser considerada como imprescindible. Antes bien, como premios sujetos a una votación, los Oscars sólo representan los gustos de un colectivo minoritario tan válidos como los que podamos tener cualquiera de los usuarios de esta página.

1927-1939

Adios A Las Armas

Por mi segunda y tercera película gané dos Oscars. Nada peor podría haberme ocurrido (Luise Rainer)

Perdidos en el recuerdo de la historia de los galardones, ya en aquellas primeras ediciones que no cubrían un año natural —la primera ceremonia, que sólo duró quince minutos, premió a aquellas producciones estrenadas entre los meses de agosto de 1927 y 1928— podemos rastrear tempranas estatuillas que fueron a parar donde no debían.

Como aquella que el gran Lionel Barrymore merecía por 'La mujer X' ('Madame X', 1929) y que se terminó llevando Frank Lloyd por 'Trafalgar' (id, 1929) —una de las tres nominaciones que ese mismo año había acaparado el cineasta—. Como suele ser habitual en los Oscar, la Academia terminaría resarciendo a Barrymore, aunque no como director sino como actor, con la estatuilla que le concederían dos años más tarde por su enorme papel de abogado alcohólico en 'Un alma libre' ('A Free Soul', Clarence Brown, 1931).

O el que le fue arrebatado a Josef Von Stenberg —al que nunca se le llegaría a reconocer su espléndido talento tras el objetivo— por 'El expreso de Shangai' ('Shanghai Express', 1932) y que fue a parar a las menos merecedoras manos de un Frank Borzage que poco demostraba en 'Bad Girl' (id, 1931) y que lo hubiera merecido mucho más al año siguiente por la mítica 'Adiós a las armas' ('A Farewell to Arms', 1932).

The Informer

Saltando tres años, llegamos a un 1935 en el que a John Ford y su 'El delator' ('The Informer', 1935) le fueron arrebatadas las opciones a mejor película del año por 'La tragedia de la Bounty' ('Mutiny on the Bounty', Frank Lloyd, 1935). Aunque si por algo habría que lamentar las decisiones de los miembros de la Academia de por aquél entonces es por el terrible olvido al que relegaron a '39 escalones' ('39 steps', 1935), uno de los mejores filmes de la etapa británica de Alfred Hitchcock.

Otros tres años tendrán que pasar para que la victoria de 'Vive como quieras' ('You Can't Take It With You', Frank Capra,,1938), deje fuera de combate a una de las mejores cintas de aventuras de la historia del cine —el 'Robin de los bosques' ('The Adventures of Robin Hood', Michael Curtiz y William Keighley, 1938)— o a ese enorme drama de William Wyler que es 'Jezabel' ('Jezebel', 1938).

Y aunque servidor adore la deliciosa y alocada comedia firmada por Capra, adora más aún la cinta protagonizada por Errol Flynn —que hubo de conformarse con tres merecidos pero insatisfactorios premios, por más que uno fuera a parar a la maravillosa música de Erich Wolfgang Korngold— o el romance entre Henry Fonda y la inconmensurable Bette Davis que le valió su segundo Oscar a la legendaria actriz.

Mr Smith Goes To Washington

Y terminamos la década de los 30 con una de las películas más míticas de la historia del cine, 'Lo que el viento se llevó' ('Gone With the Wind', Victor Fleming, 1939). Su paso por la edición de los premios se saldó con ocho de las trece estatuillas a las que estaba nominada. Un triunfo muy merecido que, no obstante, dejó sin posibilidades a otros dos grandes títulos del séptimo arte: 'Caballero sin espada' ('Mr.Smith Goes to Washington', Frank Capra, 1939) y 'La diligencia' ('Stagecoach', John Ford, 1939).

La primera sólo pudo acceder al de Mejor Guión Original, quedándose James Stewart sin un más que merecido premio que él o Clark Gable deberían haber ganado con más razones que Robert Donat por 'Adios Mr.Chips' ('Goodbye Mr. Chips', Sam Wood, 1939). La segunda, antólogico y fundamental western de Ford, se tendría que conformar con el galardón que fue a parar a Thomas Mitchell y aquél que compartieron los tres compositores acreditados en su banda sonora.

La música, la gran maltratada de los Oscars

Musica De Cine

Curiosamente, éste último premio, que Max Steiner hubiera merecido infinitas veces más por su opulento score para 'Lo que el viento se llevó' me sirve de apertura de un pequeño paréntesis para centrar la atención de la entrada en la que, sin duda alguna, ha sido la categoría más maltratada por los miembros de la Academia a lo largo de la historia de los galardones.

Y por maltrato entendamos que han sido en las premios orientados a reconocer el trabajo de los compositores de música de cine donde más y mayores tropelías se han cometido con el paso de los años. La explicación, hasta dónde alcanza el conocimiento de este redactor —y corregidme si la información es incorrecta— es que, al igual que las películas, los Oscars musicales son aquellos en los que votan TODOS los miembros de la Academia.

Lo que ello ha provocado desde los comienzos de la entrega de premios es que las composiciones más "populares" o aquellas que de forma aleatoria han sido más votadas por casualidad, se hayan hecho acreedoras de un injusto lugar en la historia cuando otras —y ya veremos cuántas a lo largo de las entradas— lo merecían muchísimo más.

1940-1943

El Gran Dictador

El único modo honesto de designar al mejor actor es el consistente en permitir a todos interpretar a Hamley para luego premiar al que mejor lo haga. (Humphrey Bogart)

En cierto modo era un premio que ya se le debía, pero que 'Rebeca' ('Rebecca', Alfred Hitchcock, 1940) —un filme sobresaliente, cuidado— le ganara la partida a Obras Maestras como 'Las uvas de la ira' ('The Grapes of Wrath', John Ford, 1940), 'El gran dictador' ('The Great Dictator', Charles Chaplin, 1940) —¡que no se llevó ningún premio!— o una de las mejores comedias de la historia, la imprescindible 'Historias de Filadelfia' ('The Philadelphia Story', George Cukor, 1940) resulta inexplicable.

Como también lo es que en la categoría de Mejor Actriz, y en ese mismo año, Ginger Rogers se alzara con el premio impidiendo así que su mejor valedora, la Katherine Hepburn de la citada cinta de Cukor, no pudiera transformar la tercera nominación de las quince que llegó a acaparar en su trayectoria en el quinto de los Oscar con los que se llegaron a reconocer a la que es una de las mejores intérpretes que ha dado este mundillo.

Ahora bien, si de injusticias capitales tenemos que hablar, la que se cometió contra Orson Welles y 'Ciudadano Kane' ('Citizen Kane', Orson Welles, 1941) es de las que están grabadas a fuego en el libro de los premios: nominada a nueve estatuillas, el que se ha definido hasta la saciedad como uno de los mejores filmes de la historia tuvo que conformarse con el de Mejor Guión Original, robándole la espléndida aunque inferior '¡Qué verde era mi valle!' ('How Green Was My Valley!', John Ford, 1941) cualquier opción.

El Halcon Maltes

Ford, que se alzaba por segundo año consecutivo como Mejor Director — a Hitchcock no se le quiso reconocer su trabajo...y nunca se le reconocería— impedía que Wyler o Howard Hawks pudieran agarrar la estatuilla, y su filme desbancaba a uno de los mejores que el género negro ha dado jamás: la fabulosa 'El halcón maltés' ('The Maltese Falcon', John Huston, 1941).

Y ya que estamos con Humphrey Bogart, que al actor no se le reconociera con el correspondiente premio su Rick de 'Casablanca' (id, Michael Curtiz, 1942) —la estatuilla fue a parar a Paul Lukas— es tan injusto como que el Capitán Renaud de Claude Rains tampoco contara con el respaldo de una Academia que prefería inclinarse por el Charles Coburn de 'El amor llamó dos veces' ('The More the Merrier', George Stevens, 1942). Cosas de los Oscars.

Merézcalo hoy, gánelo pasado mañana

Perdicion

Si ha habido una constante inmutable a lo largo de la historia de los Oscars esa ha sido que la Academia tiende a "reconocer sus errores", como suele decirse, a toro pasado: es muy normal que los merecedores de un premio se queden sin él por una de esas decisiones incomprensibles en las que incurren los miembros de la organización para, uno o varios años después, ser reconocidos por un trabajo que no siempre tiene por qué ser mejor.

Ese es el caso, por ejemplo, de Billy Wilder y Miklos Rozsa. Director y compositor estaban nominados en 1944 por su espectacular y magistral labor en 'Perdición' ('Double Indemnity', 1944) y ambos se quedaron a las puertas cuando, de una parte, la simpática 'Siguiendo mi camino' ('Going My Way', Leo McCarey, 1944) fue designada como Mejor Película y la muy regular banda sonora de 'Desde que te fuiste' ('Since You Went Away', John Cromwell, 1944) le proporcionó a Max Steiner su tercer y último Oscar.

Como digo, la Academia suele enmendarse, y en el caso de estos dos grandes del séptimo arte, sólo tardó doce meses en resarcir tamaño error concediéndole a 'Días sin huella' ('The Lost Weekend', 1945) cuatro galardones entre los que se contaban Mejor Película y Director. Por su parte, Rozsa se aventajó a sí mismo y a los otros ¡¡diecinueve nominados!! para alzarse con la estatuilla por 'Recuerda' ('Spellbound', Alfred Hitchcock, 1945).

1946-1949

Que Bello Es Vivir

Para terminar con la década y con esta primera entrada destinada a cubrir las "injusticias" de los Oscars, tres apuntes. El primero, lo mucho que sorprende que la que es considerada obra maestra de Frank Capra, '¡Qué bello es vivir!' ('It's a Wonderful Life!', 1946) fuera ampliamente ninguneada por la Academia al no prestar atención a ninguna de sus cinco nominaciones en favor de 'Los mejores años de nuestra vida' ('The Best Years of Our Lives', William Wyler, 1946).

El segundo, que si bien no pondría ninguna pega a las dos cintas que se alzaron como grandes triunfadoras en la ceremonia de 1948 —a saber, 'Hamlet' (id, Laurence Olivier, 1948) y 'El tesoro de Sierra Madre' ('The Treasure of Sierra Madre', John Huston, 1948)— sí que lo haría al hecho de que títulos como la enorme 'La dama de Shanghai' ('The Lady from Shanghai', Orson Welles, 1947) o 'Oliver Twist' (id, David Lean, 1948) fueran completamente olvidados en las nominaciones.

Y tercero y último, que dentro de los olvidos más sonoros en lo que a intérpretes masculinos se refiere, 1949 fuera la primera de las tres ocasiones en las que se negó a Kirk Douglas la oportunidad de acariciar la dorada estatuilla para después intentar tapar el error con aquél Oscar honorífico de 1996 que chilló disculpas. Que el inconmesurable Douglas de 'El ídolo de barro' ('Champion', Mark Robson, 1949) perdiera en esta primera ocasión contra Broderick Crawford, protagonista de 'El político' ('All the King's Men', Robert Rossen, 1949) es, de nuevo, completamente inexplicable.

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