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'The Good Wife', jugando a tres bandas

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Cuando empezó la tercera temporada de ‘The Good Wife‘, desde algunos críticos estadounidenses se expresaron dudas sobre el rumbo que llevaban esos primeros episodios. El cambio del martes al domingo, donde es habitual que la serie empiece hasta media hora tarde por culpa del fútbol americano, se identificaba como culpable de que los casos semanales estuvieran ocupando más espacio en cada episodio, que éstos no fueran especialmente destacables y que, en general, la serie pareciera estar tomándose un respiro después de la intensidad de su final de la segunda temporada. Pero nada más lejos de la realidad. Lo que el matrimonio King ha estado haciendo es situar sobre el tablero todas las piezas del juego, y la partida va a empezar en cuanto regrese del parón invernal.

Tenían que mostrarnos a la nueva Alicia, la que se embarca en una aventura secreta con Will y, al separarse de Peter, gana en confianza en sí misma, y también tenían que mostrarnos el lado oscuro de esa nueva Alicia, el lado que, por ejemplo, se preocupa más por ganar a cualquier precio un caso que por procurar que se haga justicia. Cuando empezó la serie, la señora Florrick se habría mostrado reticente con algunas de las tácticas de Will en el tribunal; ahora ya no se las plantea y, al final, eso acaba haciéndole darse cuenta que, tal vez, este nuevo camino que ha emprendido no es el mejor para ella. Y, curiosamente, su decisión es también lo mejor para el bufete

El plan de Wendy Scott-Carr

Una constante a lo largo de esta primera mitad de la temporada ha sido la supervisión de Diane Lockhart. Desde el principio se dio cuenta de que algo pasaba entre Will y Alicia y lo identificó como una potencial fuente de problemas con la Fiscalía una vez que Peter Florrick vuelve a ocupar el cargo que fue obligado a abandonar al principio de la serie. Diane ha intentado tanto integrar a Eli Gold en el día a día de la firma (impagables sus escenas compartiendo un whisky) como adelantarse a las maniobras de Peter para hundirles con una investigación primero de sus cuentas y, después, de supuesta corrupción judicial. Pero lo que Peter no sabe es que su plan está punto de volverse en contra.

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Ya habíamos visto las maniobras maquiavélicas en la Fiscalía en las temporadas anteriores, pero este año parecen haber alcanzado un nuevo nivel, un nivel que pilla por sorpresa incluso a Cary. Su nueva compañera, Dana, intenta medrar utilizando a Kalinda en su beneficio (sin saber que, en este juego, Kalinda siempre le lleva ventaja) y la idea de Peter de colocar a su vieja rival, Wendy Scott-Carr, al frente de la investigación de Will Gardner en aras de la transparencia (y para no mancharse las manos cuando encuentre algo sucio) puede terminar colocándolo de nuevo en el punto de mira. Bajo esa voz tan educada, pero fría, y su sonrisa de Mona Lisa, Scott-Carr es un perro de presa que va directo a por Peter y que va a encontrar un aliado en Will. Por cierto, que le diga a Alicia que no tiene problemas por que sigan siendo amigos y trabajando juntos después de que ella lo deje sonó bastante falso. Será interesante averiguar qué piensa ella cuando descubra que Diane, que ahora quiere ser su amiga, lo presionó para que teminaran su relación.

Scott-Carr ejemplifica el triple juego que llevan casi todos los personajes en la serie. Como Alicia, que no se comporta igual en el tribunal, con sus hijos o con Will, todos los demás guardan siempre un as en la manga y no siempre es fácil saber si están siendo sinceros. Excepto Kalinda, que con Alicia no está jugando a nada ni siguiendo un plan.

El spin-off de Eli y Kalinda

Una de las consecuencias más devastadoras del final de la segunda temporada fue el distanciamiento entre Kalinda y Alicia y la ruptura de su amistad. Sin embargo, en los dos últimos episodios antes del parón, parece que hemos asistido a los primeros avances hacia una reconciliación, con la búsqueda de Kalinda de la hija de Alicia sin que nadie lo sepa, y el modo en el que ésta pelea por sacar a Kalinda de las manipulaciones de Dana en agradecimiento. La conversación en el coche no es demasiado cálida, pero al menos apunta que ambas mujeres son muy conscientes de que son las únicas personas en las que pueden confiar de verdad cuando las cosas se pongan difíciles.

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Kalinda, por su parte, por fin ha empezado a trabajar con Eli y, como todos esperábamos, ese par pide a gritos su propio spin-off. Sus tramas conjuntas han sido de lo más divertido de lo que llevamos de temporada (todo el tema del lobby del queso, por ejemplo, y la desesperación de Eli por intentar contener la crisis), y la introducción de un nuevo candidato que pueda disputar a Peter su asiento en el Senado, que es el siguiente paso de su carrera, ha puesto los cimientos para que Eli gane más importancia más adelante. Además, él también se ha dado cuenta de que las cosas no van bien en el matrimonio Florrick, y será interesante ver qué plan pone en marcha cuando descubra que Alicia contempla pedir el divorcio. Siempre la ha respetado mucho, pero eso puede significar un duro golpe para la campaña de Peter al Senado.

Nos dejamos fuera toda la situación familar de Alicia, las apariciones estelares de Michael J. Fox (a este paso, Alicia igual hasta acaba trabajando para él) y hasta un comentario más en profundidad de Diane, que está ganando aún más peso en esta temporada, pero hay que cortar por algún sitio. En esta temporada sí parece que va a tratarse un poco más el dilema de si es posible conciliar vida familiar y vida laboral o, más en concreto, si Alicia puede ascender en el bufete sin descuidar el trato con sus hijos. Otra bola más que tiene que intentar mantener en el aire.

En ¡Vaya Tele! | ‘The Good Wife’ juega al despiste

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