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'Cadena perpetua', nunca perder la esperanza

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'Cadena perpetua', nunca perder la esperanza

Hay películas que le devuelven a uno las ganas de vivir. Así de sencillo. O, más exactamente, el deseo de seguir a ver qué ocurre, con un poco más de esperanza. He visto ‘Cadena perpetua’ (el que pone los títulos en España es un lince, pues era mucho más interesante el original ‘The Shawshank Redemption’, aunque también llamaron ‘Pena de muerte’, originales ellos, a ‘Dead Man Walking’, precisamente dirigida por Tim Robbins) muchas veces a lo largo de sus dieciséis años de existencia, y en todas ellas me ha producido idéntica sensación: la de asistir a un poema que existe por la mera razón de dar esperanza al corazón del hombre, curiosamente un objetivo que para Andrei Tarkovski era la meta suprema del arte. En su debut, Darabont lo logra con una maestría poco común en un primerizo, filmando uno de los más bellos y emocionantes filmes de las últimas décadas.

Pocas veces puede emplearse la manida, reduccionista en ocasiones y socorrida expresión de “obra maestra” como en el caso rotundo de esta película. Era el año 1994 cuando nació, y compitió en los Oscar con la genialidad de Allen ‘Balas sobre Broadway’ o con el ‘Pulp Fiction’ de Tarantino. Perdieron todas contra la mediocre ‘Forrest Gump’, pero creo que debió ganar la que ahora nos ocupa, que es la más hermosa de todas, quizá la más hermosa de todas las películas carcelarias de la entera historia del cine, pues en su seno se haya una de las elegías más intensas que se recuerdan en torno a la búsqueda de la libertad personal y espiritual, algo ansiado por la mayoría de los hombres, aunque quizá muchos ni lo sepan. Pero ‘Cadena perpetua’ es mucho más que eso, incluso. Vamos a por ella.

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James Whitmore nos ha dejado

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James Whitmore nos ha dejado

En ‘Crimen en las calles’ de Don Siegel, John Cassavettes daba vida a uno de esos chicos con futuro prometedor que echan su vida a perder yendo por el sendero de la delincuencia, mientras un adulto preocupado por él intenta encauzarle por el buen camino. James Whitmore daba vida a ese personaje en una de las películas que más me han impresionado. Eterno secundario, comenzó su andadura en la magistral ‘Relato criminal’ de Joseph H. Lewis, cinta de cine negro, género en el que Whitmore hizo muchas interpretaciones, siempre en roles secundarios (‘La jungla de asfalto’ de Huston es un ejemplo). También protagonizó el clásico de Sci-Fi de Gordon Douglas, ‘La humanidad en peligro’, inolvidable cinta en la que unas hormigas gigantes amenazan la existencia del ser humano.

A mediados de los 50 compaginó sus trabajos cinematográficos con sus incursiones (cada vez más asiduas) en el mundo televisivo. En 1994 tuvo un papel en un film muy admirado, ‘Cadena perpetua’ (¿quién no se acuerda de Brooks Hatlen en libertad dando de comer a unas palomas mientras echa de menos a su pájaro?). Su peculiar rostro, lleno de arrugas incluso en su juventud, es de los que no se olvidan, emanando humanidad y sencillez en todo momento.

Whitmore murió el pasado 6 de Febrero en Malibú (California) debido a un cáncer de pulmón. Tenía 78 87 años.

Hasta siempre James.

Vía | Imdb, gracias a VODOO por el aviso

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