Pocas películas han dejado una huella tan profunda y perturbadora como 'El exorcista'. Más de 50 años después de su estreno, sigue siendo una película mítica, cuya reputación se alimenta tanto por su impacto en pantalla como por todo lo que la rodeó: colas interminables en los cines, espectadores que se desmayaban o vomitaban en la proyección y rumores de maldiciones en el rodaje.
Pero más allá de ese aura diabólica, lo que realmente la convierte en un clásico es su capacidad para ir mucho más allá del terror puro. Porque muestra la degradación física y emocional de una niña poseída con un realismo inquietante, pero en el fondo habla de algo mucho tan profundo como la fe, la duda y el coraje de quienes se enfrentan a lo inexplicable sin tener todas las respuestas.
El bien contra el mal
La historia arranca en Irak, donde el padre Merrin se enfrenta simbólicamente al mal al descubrir una estatua del demonio Pazuzu, en una escena que anticipa ese duelo espiritual que vertebra toda la película. Y, en paralelo, en Washington, la joven Regan comienza a mostrar comportamientos extraños que escapan a cualquier explicación médica, llevando a su madre a una desesperación creciente mientras todo a su alrededor se desmorona.
A medida que la situación empeora, entra en juego el padre Karras, un sacerdote marcado por la duda tras la muerte de su madre. El enfrentamiento con el demonio no solo es físico, sino también psicológico, ya que la entidad utiliza sus debilidades y culpas para atacarle. De esta manera, el exorcismo se convierte en algo más que un ritual: es una batalla interna por la fe.
Para construir esta historia, William Friedkin encontró una inspiración clave en el cine europeo. Como él mismo explicó:
"La película más espiritual que he visto se llama Ordet, de Carl Theodor Dreyer. Muestra una resurrección literal, creíble. Vi esta película años antes de hacer El exorcista, y gracias a ella supe que podía mostrar un exorcismo literal. Podía mostrarlo literalmente, no como una película de terror. Dreyer abordó el tema del milagro de forma muy directa... Así es como yo quería abordar el tema del exorcismo. Así que pensé mucho en esa película mientras rodaba la mía".
Esa influencia se percibe en la forma en la que 'El exorcista' trata lo sobrenatural, con una seriedad casi documental, eliminando explicaciones alternativas y apostando por una mirada directa y sin artificios. El resultado es una película que, más allá de sus efectos o su impacto inicial, sigue funcionando como una poderosa reflexión sobre la fe, capaz de inquietar tanto por lo que muestra como por lo que sugiere.
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