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'A la Deriva' no naufraga

'A la Deriva' no naufraga
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En el 2003 se estrenó uno de los muchos bodrios que navegan por las carteleras todos los años: 'Open Water'. Ahora se ha lanzado, engañando de paso al espectador, un nuevo film como si se tratara de la secuela de aquélla. Curioso, por lo que único en lo que coinciden es en que ambas se basan en hechos reales y versan sobre gente que ha quedado sola nadando en el mar sin nadie que les haya ayudado. Respecto al resto no hay ni la más mínima coincidencia en sus apartados técnicos o artísticos y además, una era americana y ésta que hoy nos ocupa es alemana. Asi que es incomprensible el hecho de que en algunos países la película se haya lanzado con el título de 'Open Water 2', a no ser que sea el querer espantar al personal que sufrió de lo lindo con aquella cosa. Yo me incluyo entre este tipo de gente, y lo cierto es que me acerqué muy, pero que muy temeroso a la sala de cine. Sabía que el film no era una secuela de 'Open Water' pero sí que era un film del mismo estilo. Y de repente... ¡oh, sorpresa!

Y es que por mucho que pensemos cómo va a ser una pelícua, si nos va a gustar o no, nunca lo sabremos realmente hasta que la hayamos visto. Sí, ya sé que hay muchos films que huelen a podrido desde kilómetros de distancia, pero aún así nunca podremos asegurarlo fehacientemente. 'A la Deriva' a mí, y a otros muchos con los que he hablado, me olía a bodrio infumable desde lejos. Y sin embargo qué equivocado estaba, porque estamos ante una de las sorpresas de la temporada. No digo con esto que sea un film espléndido o algo parecido, no. Pero desde luego está por encima de la media de inútiles estrenos que hemos tenido durante estos meses estivales y eso ya es bastante. Hoy llegan además 'United 93' (de la que hablaré en breve pues ya la he visto) y el viernes 'La Joven del Agua' que ya me tarda. Si la segunda es tan buena como la primera estaríamos hablando de dos de las mejores películas del año. El argumento de 'A La Deriva' es bien simple: un grupo de amigos deciden celebrar en alta mar el cumpleaños de uno de ellos a bordo de un lujoso yate. En un momento dado todos decidirán zambullirse para darse un baño pero olvidándose de un pequeño detalle: no dejar bajada la escalera para poder subir de nuevo a la embarcación. Intentarán por todos los medios subirse al yate fracasando en todos los intentos. Según van pasando las horas irán poniéndose más nerviosos llegando a enfrentarse entre ellos.

El inico del film me parece sencillamente horrible con una especie de información sobre algunos de los personajes que no viene a cuento. Eso me hacía temer lo peor. Sin embargo, una vez en medio del mar es cuando la película presenta sus verdaderas y útiles cartas. Para empezar todo está perfectamente narrado y es muy creíble. El trabajo de dirección por parte de Hans Horn es bastante inteligente. Sabiendo de antemano que el espectador sabe de qué va la película, y antes de que la "función" comience, se toma su tiempo para enfocar el yate desde todos los lados posibles dándole al público la información de que es prácticamente imposible subir a no ser que haya una escalera, cosa que evidentemente no hay. De esta forma, el director juega con el espectador haciéndole, en cierto modo, partícipe, de la desgracia que envuelve a los personajes.

Cierto es que uno de los puntos débiles de la película son los citados personajes, casi todos son poco menos que idiotas, de esos que pueblan las típicas películas de terror para adolescentes. No estoy diciendo que los actores estén mal en sus respectivos papeles, pero el guión no se para en abosoluto en definir al menos algo del carácter de alguno de los personajes. Sólo con uno femenino realizan un experimento al dotarlo de un trauma infantil (que ya hay que ser burro/a para tenerle pánico al agua y subirse a un yate para irse mar adentro). Dicho aspecto está bien insertado en la historia, quizá para animar un poco lo esquemático de su argumento, aunque le dan más importancia de la que realmente tiene.

Durante toda la agonía de los seis personajes (bueno, hay siete...) Horn se permite el lujazo de crear algunas de las secuencias más preciosas que se hayan visto en una pantalla en años desde el punto de vista visual, sobre todo aquellas realizadas bajo la superficie. Imposbile olvidar el plano del avión, o aquellos momentos de oscuridad en las profundidades, únicos y casi terroríficos. También hay algunas situaciones muy bien mostradas en las que de paso se habla de cosas como la Fe, o del éxito y el fracaso.

Una pena que en su parte final, y hablo de los últimos cinco minutos, decepcione bastante, dando la sensación de que no han sabido terminar la película. Incluso parece un poco confuso debido a que está mal montado, o esa ha sido a lo mejor la intención, pero desde luego el cierre del film (al igual que el arranque) no están a la altura del resto, y eso le hace perder bastantes puntos.

Aún así, un film correcto, entretenido (mucho, diría yo) y que supone una auténtica sorpresa. No os dejeis llevar por los anuncios televisivos e id a verla. Hay auténtico cine en estos 95 minutos, y seguro que no esperaremos mucho par ver a Horn atrapado en las redes de la industria hollywoodiense como ya hemos visto en otros casos de directores europeos que ahora sólo hacen cine en la mismísima Meca.

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