La historia de Joaquín Guzmán Loera se ha contado tantas veces en el cine y la televisión que acercarse de nuevo a su figura sin repetir los tópicos del género narco parece casi imposible. Por eso me ha llamado la atención 'La captura'. La película de Netflix encuentra una manera diferente de hacerlo y en lugar de convertir a 'El Chapo' en el gran protagonista, la película de Chava Cartas se fija en los dos agentes que se cruzan con él y terminan atrapados en una situación peliaguda.
Protagonizada por Alfonso Herrera y Héctor Kotsifakis, la película reconstruye la captura de Guzmán después de su fuga del Altiplano en 2015 y transforma aquel episodio real en un thriller de mucha tensión, donde importan más las miradas, los silencios y las sospechas que las persecuciones y los tiroteos.
Sin glorificar
La película sigue a Arturo Carmona y Héctor Rosales, dos agentes cuyos nombres son ficticios, aunque están inspirados en los policías reales que participaron en aquella operación. Carmona (Alfonso Herrera) protagoniza buena parte del arranque, mientras la película se detiene en su vida familiar y en las circunstancias que terminan llevándolo hasta Guzmán.
Esta introducción sirve para comprender quién es el personaje y qué está en juego para él, aunque también provoca que los primeros minutos ralenticen el comienzo. Pero todo cambia cuando los dos agentes se encuentran dentro del coche patrulla junto a su inesperado prisionero. Porque la relación entre Carmona y Rosales es el verdadero corazón de la historia.
Rosales acaba de llegar al distrito y ambos tienen personalidades muy diferentes, pero el problema es que nunca sabemos hasta qué punto sus diferencias responden simplemente a una falta de confianza o esconden algo más. Custodiar a un hombre como 'El Chapo' ya supone suficiente presión, pero hacerlo sin saber si puedes confiar plenamente en la persona que tienes al lado convierte la situación en una auténtica bomba de relojería. Y la película consigue que el sospechemos prácticamente de todos, jugando constantemente con la posibilidad de que alguno de los agentes pueda estar dispuesto a traicionar al otro si la situación se complica demasiado.
Además, Héctor Kotsifakis también consigue alejar a su Guzmán de la imagen del capo todopoderoso que tantas veces ha protagonizado este tipo de historias. Su personaje pasa buena parte de la película lanzando amenazas y prometiendo venganzas, pero lo más interesante aparece cuando esas amenazas empiezan a contrastar con su vulnerabilidad. Sin sus hombres, su territorio y su capacidad para imponerse, el narcotraficante pierde buena parte del poder que lo ha convertido en una figura temible. 'La captura' no intenta humanizarlo para justificar sus actos, sino mostrar qué queda de un hombre acostumbrado a tenerlo todo bajo control cuando de repente está esposado y depende de otros.
Por otro lado, la corrupción y las relaciones de poder están presentes, pero Cartas evita convertirlas en el único discurso de la película. Las sospechas de Carmona sobre su compañero y las llamadas que Guzmán realiza desde el asiento trasero dejan entrever hasta qué punto sus tentáculos siguen extendiéndose incluso cuando está detenido. Sin embargo, 'La captura' está más interesada en la supervivencia que en elaborar una tesis política. Sus protagonistas no son héroes impolutos ni víctimas perfectas: son funcionarios que se encuentran de repente ante una situación extraordinaria y que tienen que tomar decisiones bajo una presión que les supera.
Aunque el inicio se toma demasiado tiempo para presentar a sus protagonistas, 'La captura' gana fuerza a medida que avanza y termina encontrando en la contención su principal virtud. Bernardo Esquinca parte de los artículos de Héctor de Mauleón para construir un thriller psicológico que utiliza un episodio real como punto de partida, pero que se permite desarrollar sus propios personajes y conflictos. No es una película pensada para quienes buscan una nueva ración de tiroteos, persecuciones y narcotraficantes convertidos en estrellas del espectáculo, pero sí para quienes prefieren la tensión sostenida, los diálogos incómodos y esa sensación de que cualquier personaje podría tomar una decisión que lo cambie todo. Es otra cosa. Y solo por eso ya merece la pena.
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