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'Cars 2', ex-ce-len-te

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Aún no salgo de mi asombro. Que la todopoderosa Pixar haya rebajado el nivel tras la impresionante ‘Toy Story 3’ (id, Lee Unkrich, 2010) ha servido para que muchos despotriquen contra la productora comandada por John Lasseter, que otros digan que se han aburrido, o que se digan sandeces como la de que el personaje de Mate es insoportable, algo que sin duda será cierto en la versión doblada del film puesto que en versión original, Mate resulta todo lo contrario, la auténtica y merecida estrella de la función. Supongo que algunos están demasiados acostumbrados a la excelencia, o a ese toque trascendental que tienen la mayoría de las obras de Pixar, salvo curiosamente la saga que nos ocupa y probablemente ‘Bichos’ (‘A bug´s Life’, John Lasseter y Andrew Stanton, 1998), película que también lleva el sambenito colgado de “lo peor de Pixar”.

Pero es que resulta que lo peor de Pixar vale más que filmografías enteras de muchos directores, y siendo justos no creo que haya que hundir en el fango esta secuela del proyecto más personal de Lasseter. Y es que no poder decir que ‘Cars 2’ es la nueva joya de Pixar no implica necesariamente que estemos ante una mala película, ni muchísimo menos. Hay en el trabajo de Lasseter y Brad Lewis emoción, humor, suspense, y sobre todo mucha acción. Un film sencillo y ligero que no cuenta una “historia importante” como la mayoría de los relatos de Pixar, un film menor entre las obras maestras de la compañía, pero magnífico en ejecución, rico en referencias y un divertimento de primera. Una película hecha para disfrutar sin necesidad de que nos toquen el alma.

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‘Cars 2’ se aleja de su antecesora en cuanto a la localización, tal vez con el deseo de no ser acusados de localistas, tal y como sucedió con la primera entrega, y eso que hablamos de la película más Capriana de la factoría. Esta vez, Rayo McQueen y su mejor amigo salen de sus queridos Estados Unidos para participar en una carrera en la que se competirá por demostrar quién es el coche más veloz del mundo. Un viaje que para Mate se convertirá además en la experiencia de su vida, pues vivirá una aventura sin igual, llena de espías y planes para sabotear la carrera. La trama secundaria de espionaje pasará a ser la principal, y con ello Mate le roba el protagonismo a McQueen, operación muy lógica teniendo en cuenta las veces que Lasseter se ha dedicado a dicho personaje en varios cortos.

De esta forma, ‘Cars 2’ casi parece un spin-off de la primera entrega más que una secuela —hay otros casos, como el de la flojísima ‘La cosa (The Thing)’, que son precuelas pero parecen remakes—, aunque también puede verse como un acto de amor hacia los eternos personajes secundarios que tanto y tanto han amenizado las obras de Disney/Pixar. Mate así pues tiene su película, y Lasseter ha tenido la inteligencia de convertirle en un héroe de acción improvisado, dando una lección en ese subgénero tan menospreciado injustamente —sí, lo he dicho muchas veces, pero no cesaré en decirlo hasta que el cine de acción sea tratado como merece, con respeto—, hasta tal punto que ‘Cars 2’ es una de las mejores cintas de acción de los últimos años y uno de los divertimentos más sanos del año, al lado de otro film de animación, cierta maravilla de un tipo apellidado Spielberg.

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Lo que menos importa de la película es la carrera, de la cual sospechamos su desenlace desde antes de que se produzca. El interés radica en esa trama paralela, que lógicamente se unirá con la central en su tramo final, en la que se construye una trama de espionaje que rivaliza con las de la saga de James Bond. Finn McMissile es uno de los nuevos personajes de la función, un agente secreto prácticamente invencible, que no sólo recuerda a 007, sino que además posee la voz del gran Michael Caine, quien ha dado vida cinco veces a Harry Palmer —en películas como ‘Ipcress’ (‘The Ipcress File’, Sidney J. Furie, 1965) o ‘Funeral en Berlín’ (‘Funeral in Berlin’, Guy Hamilton, 1966)—, trasunto del famoso agente al servicio secreto de su majestad, cuyas adaptaciones cinematográficas salieron debido al éxito de la saga Bond. El espectacular prólogo de ‘Cars 2’ deja bien claro las intenciones de Lasseter: acción, acción y acción.

Por otro lado, el tema predilecto de Lasseter en sus películas, o sea, la amistad por encima de todas las cosas, está tan presente como siempre. De ahí el protagonismo de Mate, para dar importancia a los amigos que se tienen y no se valoran, aquellos que te han acompañado en un buen trecho de este viaje que es la vida, y guardan a modo de abolladuras —maravillosa alegoría— los recuerdos de las experiencias compartidas, de los golpes que se han recibido, y a pesar de ellos se sigue hacia delante gracias al valor de la amistad. Todo ello aderezado con buenas dosis de humor, como ese bólido que se burla continuamente de McQueen, o el hecho de que Mate se convierta sin querer en un agente secreto, un héroe que no ha pedido serlo —supongo que Lasseter quiere decirnos que todos llevamos uno dentro—, pero que luce como el que más, debido a su inventiva. Y cómo no, el desternillante desenlace que hace referencia a cierto detalle del argumento —el combustible— y que evoca sin disimulo la comedia clásica americana basada más en el diálogo que en el gag visual.

¿Más sencilla que otras producciones de Pixar? Sin duda. Pero no debemos confundir sencillez con simpleza. Ya habrá tiempo para que Pixar vuelva a contarnos la historia más grande jamás contada, algo a lo que aspira en muchas de sus películas. Relajarse nunca viene mal, y menos con una aventura tan sincera como la de ‘Cars 2’, recientemente editada en DVD y Blu-ray —el mejor invento desde la rueda—, oportunidad de oro para los que “sufrieron” viéndola, y también para los que la disfrutamos.

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