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‘El caso Alcàsser’: Netflix propone una revisión profunda y sin morbo de uno de los capítulos esenciales de la España Negra
Críticas

‘El caso Alcàsser’: Netflix propone una revisión profunda y sin morbo de uno de los capítulos esenciales de la España Negra

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La primera producción documental de Netflix en España es un excelente trabajo ensayistico sobre el caso más mediático de la historia de la crónica negra del país, pero también una reflexión sobre el tratamiento informativo que en su día moduló la investigación, condicionó las opiniones de los españoles y creó una buena ralea de trágicas anti-estrellas. Lo hace al estilo propio de su director, Elías León Siminiani: enviando unos cuantos mensajes que dejan bien claro su posicionamiento, pero sin necesidad de excesivos subrayados

León Siminiani ya demostró su buen hacer en la mucho menos ambiciosa, más personal y lírica, y muy reconocida por la crítica ‘Apuntes para una película de atracos’. Más cercana a ‘Alcàsser’ está ‘El caso Asunta’, otra miniserie documental sobre un caso criminal contra la infancia, pero mucho más fresco en la memoria. Todos se caracterizan por un uso sencillo, directo, didáctico pero también muy esforzado de las imágenes, que sirven para hacer comprender al espectador cuestiones que a veces se dejan de lado en documentales de este tipo: márgenes de tiempo, relaciones entre personajes, distancias espaciales…

En ‘El caso Alcàsser’ el impacto mediático se trata con tal profundidad que los cadáveres de las tres niñas ya han aparecido en la segunda mitad del primer episodio, y éste se centra en los escalofriantes programas televisivos dirigidos por Nieves Herrero y Paco Lobatón y que se emitieron desde la localidad. Ambos, sobre todo el primero, marcan un antes y un después en el tratamiento de los sucesos en televisión, y posiblemente quien se reencuentre ahora con ellos después de casi tres décadas no los recordará tan crudos y extremos.

Tras eso, la serie se centra en las investigaciones: describe con todo detalle la implicación de Ricart y Anglés, a la peculiar familia de éste, y también entra a fondo en las teorías conspiracionistas que defendieron el padre de una de las víctimas, Fernando García, y un criminólogo, Juan Ignacio Blanco, que abre las puertas del programa de Pepe Navarro al primero. El tramo final de la serie se dedica al juicio de Ricart y a las conclusiones, descabezando parcialmente las teorías conspiratorias y revisando la historia de la violencia de género en España, que empezó a contemplarse de forma distinta gracias a este caso.

‘El caso Alcàsser’: los abismos de España

La serie de Siminiani no solo hace un tremendo esfuerzo por exponer de forma clara y relativamente neutral los hechos (como sabemos todos, la exposición sin posicionamiento de ningún tipo es imposible… pero se puede intentar ser justo con todas las partes), sino que lo hace sin caer en el sensacionalismo. Por supuesto, la serie recurre a la narración de unos hechos atroces, pero tiene un sistema muy sencillo e interesante para saltar entre épocas y para ocultar imágenes escabrosas, a través de bocetos al estilo de los que se hacen en los juicios y que borran detalles a la vez que dan uniformidad estética a la serie.

Aún así, hay momentos de considerable crudeza. El recorrido del equipo del documental por la zona donde murieron las niñas (si aceptamos la teoría oficial), leyendo las declaraciones de Ricart que acabaron dándose por buenas aunque él acabó diciendo que habían sido formuladas bajo coacción, es impresionante. Esa secuencia no solo es una de las partes más genuinamente creativas de la serie, sino que transmite, de noche y en un descampado valenciano, el terror y el sufrimiento que debieron sentir las niñas. Sin necesidad de tremendismo o excesos visuales.

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Tras la salida del documental, las teorías de la conspiración han vuelto a flote. Una simple búsqueda en Twitter puede permitir al curioso adentrarse en muchas de ellas, aunque la serie se centra en la más conocida, que García y Blanco defendían en el ‘Mississippi’: que había gente importante detrás del crimen. ‘Alcàsser’ se posiciona sutilmente en contra de ellas, y las desmonta dejando hablar a los protagonistas (nadie ocupa más tiempo en pantalla que el padre de Miriam). La serie no da por sentado nada, pero está claro de qué palabras duda Siminiani, aunque esa carta se la guarde hasta el final.

Quizás el único debe de ‘Alcàsser’ es haber dejado pasar la oportunidad de retratar la España de un momento muy específico: en el primer episodio se apunta el inicio de la crisis, el final del reinado socialista, el mítico y desastroso año 92. ¿Pero fue Alcàsser y todo el circo mediático que siguió el reflejo de una España que empezaba a perder pie frente a una sociedad que se desmoronaba en muchos aspectos? Un detalle perfectamente perdonable ante un esfuerzo de documentación titánico, con abundancia de material exclusivo (las 400 horas del juicio de Ricart habían estado archivadas en Canal 9 hasta ahora) y que marca un antes y un después para el género del documental criminal en España.

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