'Historias para no contar': la antología empieza estupenda pero no hacía falta contar la mitad de las historias, eso es verdad
Críticas

'Historias para no contar': la antología empieza estupenda pero no hacía falta contar la mitad de las historias, eso es verdad

Sales de una buena película antológica pensando que estas historias forman un todo, que ganan viéndolas juntas. 'Creepshow', por ejemplo, o 'Relatos salvajes', forman parte de este parámetro: pasan de ser simples cortos unidos con celo a tener entidad propia. Tristemente, 'Historias para no contar' es exactamente lo contrario: Cesc Gay junta cinco cortometrajes unidos con un hilo finísimo y trata de que el castillo de naipes no se caiga. Al principio lo consigue, pero hacia el final no hay manera de que el artificio se sostenga en pie.

De mejor a peor

Puede que Cesc Gay nunca vaya a ser considerado uno de los mejores cineastas de España, pero es un artesano que siempre ha estado ahí, con películas siempre solventes que rara vez decepcionan: 'Truman' o 'Sentimental', por ejemplo, son entretenidísimas cintas para un rato entretenido en las que destaca una dirección de actores absolutamente fantástica. En 'Historias para no contar', el director sabe echar mano también de sus capacidades para dirigir a un reparto que cuenta con lo mejor del panorama español recitando un texto... que a veces, como dice el título, habría sido mejor no contar.

A priori, las cinco historias de la película no tienen nada que ver entre sí: todas se sitúan en la burguesía barcelonesa y son comedias de enredo en las que poco a poco se va haciendo cada vez más bola, pero la unión no es tan potente y fija como para justificar una película completa. Máxime cuando el orden en el que las historias se disponen van claramente de la más a la menos interesante: lo que empieza como una fiesta de la comedia acaba mortecino, una obra en coma absoluto y sin rumbo.

Historias Para No Contar

Siempre es una gozada ver en una hora y media a Anna Castillo, Quim Gutiérrez, José Coronado, Maribel Verdú, Antonio de la Torre, Alexandra Jiménez, Javier Rey, Álex Brendemühl, Brays Efe o Verónica Echegui, pero tras un par de historias repletas de creatividad y humor, la cinta gasta todas sus balas y entra en un estado de estasis del que ya no tiene manera de salir. Francamente, ojalá simplemente un par de cortometrajes con las primeras historias: todos habríamos salido ganando.

Entre perretes y pádel

Uno de los problemas de 'Historias para no contar' es que, efectivamente, no hay mucho donde rascar. Son enredos más o menos inspirados con actores en estado de gracia, pero que no esconden nada detrás. En este sentido, por más que me divirtiera a ratos, no se diferencian tanto de un sketch cualquiera o de un episodio poco inspirado de 'Siete vidas': sin intencionalidad, se convierte en una sucesión de escenas cómicas que ni deja poso, ni pretende hacerlo.

Historias

Y, pese a todo, lo que podría ser una sosez absoluta ante su falta absoluta de expectativas, se convierte en algo refrescante por momentos: los propios actores saben que este será un trabajo menor en sus carreras, y deciden divertirse todo lo que pueden, dejando salir toda su vis cómica. Anna Castillo, improvisadora nata, es, sin duda, la que más sale ganando de este toma y daca: su historia es básica en su desarrollo, pero ella consigue elevarla y hacerla hilarante.

'Historias para no contar' tiene mucho de vodevil y enredo, pero le acaba faltando garra: salvo los dos primeros sketches, uno acaba sintiendo que falta algo que rubrique cada cuento. Llamadlo moraleja, intencionalidad o conclusión, pero hay un problema cuando Gay termina dejando la mayoría de tramas colgando y sin un final claro, como si se aburriera de su propia apuesta y de unos guiones que empiezan siempre con ganas y acaban deshilachados.

Noche de fiesta

Al final, 'Historias para no contar' no arriesga lo suficiente en ningún momento: ni el punto de partida es lo suficientemente sorprendente como para mantener la atención del espectador ni los giros del guion pasan del simple gag ocasional, llegando a momentos de auténtica confusión en la segunda historia y al aburrimiento abismal en la quinta. En este sentido no son tan diferentes de un sketch de 'Noche de fiesta' rodado con más medios. Y no es necesariamente una crítica negativa.

No todas las comedias pueden ser las más mordaces, inteligentes, irónicas y abiertas a romper la cuarta pared. Necesitamos un 'Historias para no contar' de la misma manera que necesitamos un 'Jackass Forever': como una forma de volver al humor más básico, al que funciona siempre y revuelve nuestros instintos. En el caso de Johnny Knoxville y los suyos es el slapstick más extremo, y en el caso de Cesc Gay es el humor de opereta y sal gorda.

En una historia, un amigo intenta avisar a otro de que la chica con la que está ligando es trans (por si acaso). En otra, un hombre mayor se entera de que su joven amante va a romper con él e idea una estrategia para quedar bien. Podéis ver un poco el nivel: inicios la mar de simples que nunca terminan de desmadrarse (con la salvedad de su estupendo inicio) y en el que todos los participantes parecen más centrados en pasar un buen rato con amigos que en dejar su impronta. ¿Para usar y tirar? Sí, sin duda. Y con cierto orgullo.

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