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'Quiero ser como Beckham', un drama cercano a la perfección

'Quiero ser como Beckham', un drama cercano a la perfección
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Hace poco, cuando hablé de la infumable ‘En la boda de mi hermana’, quizá a alguno le diera la impresión de que si oigo las palabras comedia romántica, o incluso que si me cuentan una historia de amor convencional en una película, ya salgo echando pestes, todo digno. Nada más lejos. El cine también está, creo, para idealizar un poco las cosas, para mostrarnos sentimientos que, aunque en la vida real no sean más que clichés, los sentimos como verdaderos y hasta emocionantes en una pantalla. No es una mentira, es una sublimación de nuestras tristes vidas.

Pero en el caso de una de las mejores comedias románticas (aunque en realidad no pertence a ese subgénero) de los últimos años, la magnífica ‘Quiero ser como Beckham’, hay mucho más que una sublimación. Inmersos como estamos en otra copa mundial de fútbol (si la de Alemania ya fue una porquería, la de Sudáfrica está resultando todavia más aburrida, creo que en eso estaremos todos de acuerdo) muchos pensarán que soy un oportunista trayendo esta a colación. Pues no, lo siento. Porque ‘Quiero ser como Beckham’ (qué pena me da que el marido de la Victoria no haya ido al mundial, una pena bárbara…ejem) no va sobre fútbol en absoluto. Es, simplemente, una extraordinaria historia sobre una mujer excepcional. Así de sencillo.

Y esa extraordinaria mujer, cuyo nombre es Jesminder Kaur Bhamra (aunque luego todos la llaman Jess), está interpretada por una de las mujeres más increíblemente guapas de la historia del cine, Parminder Nagra. Una de esas chicas, de esas actrices, que hacen al mundo algo más habitable. La belleza, la sinceridad, la emoción, la verdad que esta intérprete fabulosa otorga a su personaje, a la historia, a la pantalla entera es de un calibre que no hay palabras para hacerle justicia. No sólo sentimos su viaje, su drama, como algo nuestro, sino que la conexión psicológica con prácticamente cualquier espectador del planeta Tierra convierte su éxito en algo lógico y necesario.

La lucha por la libertad

A veces los milagros ocurren (hace poco hablábamos de ‘El golpe’) y el cine comercial se convierte en vehículo de nuestros deseos y sueños más irreprimibles. Y yo creo que suelen ocurrir por la fuerza de los personajes, que en este caso es arrolladora. El fútbol no es más que una excusa para contarnos la lucha de una chica por hacer de su vida lo que ella quiera, enfrentándose a quien haga falta, intentando respetar sus tradiciones mientras se opone a ellas. Es decir, complicándose la existencia por el hecho de ser una criatura excepcional, una mujer moderna, libre e independiente.

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Y este relato profundamente feminista no puede entenderse sin ser considerado un gran homenaje a la cultura hindú en general y el cine de Bollywood en particular. Pero no es un homenaje a la cultura hindú políticamente correcto, porque en el seno de este relato late un irresistible espíritu subversivo, capaz de cuestionar y reflexionar sobre los valores de una comunidad sin atacarlos ni ensalzarlos. En pocas palabras: hay un gran respeto por cualquier cultura minoritario, pero mucho más respeto por los jóvenes que luchan por liberarse de las ataduras y el folklore que, de forma injusta y represiva, pretende perpetuar sus tradiciones a costa de sus sueños y deseos.

Jess es un gran personaje porque cualquier persona de todo el mundo puede simpatizar con ella. Todos hemos sufrido la represión cariñosa de la familia, y todos hemos sufrido por tener la necesidad decepcionar a nuestros padres, con tal de perseguir sueños imposibles y casi suicidas. Nagra da vida a esta mujer con sencillez y sin divismos, y su amistad con Keria Knightley puede pecar de sentimental o arquetípica, pero jamás deja de ser creíble. Como la relación con el entrenador (un buen Jonathan Rhys Meyers) o con sus hermanas. Es el triunfo del arquetipo (nada que ver con el tópico) como herramienta para conectar con el espectador.

Por eso jamás ‘Quiero ser como Beckham’ podrá ser considerada cine de autor, o un cine con vuelo estético. Porque no lo es, y a nadie le importa. Todo lo que pretende conseguir esta película, lo alcanza. Y lo hace con una energía, una vitalidad, una euforia y una alegría por existir y por describir la vida, que muchas veces falta en cierto cine de autor (no en todo, afortunadamente) que va de profundo y se queda en manierista, porque en el cine, al final, por muchos que hablemos y divaguemos, lo que importan son las personas.

Conclusión

Si esta tarde/noche pierde España (toquemos madera) podemos salir de la depresión poniendo esta vitalista y arrolladora película en el DVD, tan individualista, desprejuiciada y luminosa como los sueños de la mayoría de dejar de ser uno más y, al fin, ser uno mismo.

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