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'The Umbrella Academy' diluye la locura del cómic para ofrecer otra serie de superhéroes más
Críticas

'The Umbrella Academy' diluye la locura del cómic para ofrecer otra serie de superhéroes más

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De entre todas las adaptaciones que iban a llegar este año en forma de serie, probablemente la de ‘The Umbrella Academy’ sea una de las que, a priori, capta más la atención. Basada en el cómic homónimo de Gerard Way, vocalista de My Chemichal Romance y Gabriel Bá, la serie llegará a Netflix el próximo 15 de febrero y en Espinof ya hemos podido ver la mitad de su primera temporada de 10 episodios.

El encargado de desarrollar para televisión ‘The Umbrella Academy’ es Steve Blackman, que cuenta con unos créditos de guionista bastante eclécticos trabajando en dramas médicos como ‘Sin cita previa’, la criminal ‘Fargo’ y la ciencia ficción de ‘Altered Carbon’. Series tan distintas entre sí que no nos da una pista clara sobre lo que nos podríamos encontrar aquí.

Y ver el primer episodio no ayuda a crearnos una imagen clara. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos y hagamos una pequeña recapitulación, sin spoilers, de esta primera mitad de la temporada. La serie comienza con la muerte de Sir Reginald Hargreeves (Colm Feore), un extraño y millonario filántropo que hace 17 años presentó en sociedad la Academia Umbrella, un grupo de niños superhéroes con algo en común.

Forman parte del grupo de 43 niños que nacieron en extrañas circunstancias (ninguna de sus madres estaba embarazada cuando se puso de parto) en 1989. Hargreeves se dedicó a rastrear y a comprar siete de estos niños, que resultaron tener habilidades especiales excepto Vanya (Ellen Page) que, literalmente, “no hay nada de extraordinario” en ella.

Este grupo de superhéroes, una especie de X-Men en alma, se disolvió durante los años de la adolescencia, después de la desaparición de Cinco (Aidan Gallagher) y la muerte de Seis. Cada uno decidió llevar una nueva vida separado de los demás hasta que llegó el funeral de “su padre”, que reúne a tan disfuncional familia, con rencillas y rencores pendientes mientras se avecina el Apocalipsis.

Una suite apocalíptica poco contundente

Esta primera temporada de ‘The Umbrella Academy’ adapta a grandes rasgos ‘Suite Apocalíptica’, el volumen de presentación de la serie de cómic. Los que os hayáis acercado al cómic veréis que todo tiene un encanto especial. No es que esté especialmente bien escrito o bien dibujado, pero el mundo que presenta es una gran locura en la que hay combates con alienígenas, luchas contra una Torre Eiffel mutante o minirrobots asesinos y eso en un martes cualquiera.

En la serie toda esta locura no existe, o por lo menos no a ese nivel. Y eso es malo porque hace que ‘The Umbrella Academy’ se tome demasiado en serio a sí misma. Por no decir que uno siente que la adaptación traiciona el espíritu del material original. Personalmente no he dejado de pensar durante estos cinco episodios que es como si los hubieran cogido la genial ‘Dirk Gently, Agencia de investigaciones holísticas’ e intentasen hacer que se parezca más a ‘Iron Fist’ para darle más seriedad.

Se nota que lo que le ha interesado más a Blackman es la exploración de esta familia extrañada y compleja, criada con un propósito superior con el que no acaban de comulgar. Pero, por otro lado, no quiere renunciar del todo a lo que hace especial al material original, dando lugar a una mezcla de conceptos e ideas que no terminan de encajar en el todo.

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Para dar más énfasis al asunto, estamos hablando de una serie que tiene una madre robot (Jordan Claire Robbins) y un chimpancé mayordomo/asistente (Pogo, interpretado por Adam Godley) y, aún así, aburre.

Reconozco que, de no ser porque el final del primer episodio de ‘The Umbrella Academy’ da muestras de que la serie puede mejorar, probablemente hubiera desistido de ver más. Afortunadamente, la serie va ganando nivel según pasan episodios, pero aún así navegan en altibajos continuos sin llegar a marcarse un in crescendo continuo. Tiene momentos donde brilla, pero también sombras que logran prevalecer.

El problema viene de una evidente falta de equilibrio entre la parte más inflexiva y de pretendida profundidad y la parte donde la serie se permite ser más loca, con buenas escenas de acción y personajes muy pintorescos como Hazel (Cameron Britton) y Cha-Cha (Mary J. Blige), todo un dúo dinámico que viaja en el tiempo con la misión de asesinar a Cinco. Son él y su “hermano” Klaus (Robert Sheehan), un médium yonqui y al borde de la locura, los que mejor funcionan en pantalla en toda y cada una de las escenas que tienen.

Es curioso como la otra trama vital de la serie, la protagonizada por Vanya (Ellen Page), no llega ni a la sombra del interés que genera la otra, a pesar de que están inevitablemente entrelazadas. Quizás por estar realizada a fuego lento (lo típico que en el cómic sucede casi enseguida aquí se produce con la serie mucho más avanzada), o quizá porque Blackman no sabe desarrollar a sus personajes y, sobre todo, las dinámicas interpersonales.

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Este escaso desarrollo hace que no terminemos de ver clara la idiosincrasia de cada personaje y sus motivaciones para actuar de una manera concreta en un momento concreto. Los protagonistas, bastante bien interpretados, están dibujados a brochazos en vez de con algo más fino.

Lo que se une a otro de los problemas de ‘The Umbrella Academy’ (y, admitámoslo, del grueso de series de superhéroes de Netflix): la cantidad de episodios les quedan largos para lo que van a contar, por lo que la historia empieza a alargarse cuan chicle y no le da a los personajes un desarrollo tal que justifique el metraje… o sus acciones.

Al igual que pasa con otra adaptación independiente como ‘Clase letal’, tenemos un cúmulo de elementos que de por sí deberían ser interesantes, distintivos y llamativos pero que el guion (y la dirección) no logra encajarlos y potenciarlos. Esto hace que sus señas de identidad se diluyan y nos encontremos con una serie con menos personalidad de lo deseable. No es una mala serie, es entretenida, pero me temo que como no de un gran salto de calidad pasará fácilmente al olvido convirtiéndose en uno de los primeros tropiezos de Netflix de 2019.

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