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'Tokarev', el show de Nicolas Cage

'Tokarev', el show de Nicolas Cage
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Paco Cabezas cumplió el sueño de muchos cinéfilos. De trabajar en un videoclub a dirigir cine de acción en Estados Unidos. Un camino supongo que largo y con no pocos obstáculos, sobre todo en una cinematografía como la española, reticente a los cambios como pocas. Del original cuento de fantasmas ‘Los aparecidos’ (2007) a trasladar a pantalla grande uno de sus cortos más conocidos en ‘Carne de Neón’ (2010), film que sin ser ninguna maravilla, revela a un director con un sentido cinéfilo y cinematográfico, quizá más lo primero que lo segundo, que ya les gustaría a muchos.

Cabezas también ha pasado a formar parte de ese grupo de directores españoles que poco a poco cruzan el charco para irse a la tierra de las oportunidades a probar suerte. Y el director de Sevilla ha logrado ponerse al frente de un thriller protagonizado por Nicolas Cage, ‘Tokarev’ (id, 2013), con caras conocidas en su plantel de secundarios, una historia sin pies ni cabeza —no es un chiste—, pero a quién le importa, y el intento de recuperar un cierto estilo de cine ochentero, al menos en lo temático, no así en lo formal. El resultado es alucinante, en el peor sentido posible.

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Nicolas Cage y su espectacular pelo —es muy probable que nos encontremos ante el film donde el pelo del actor destaca más— da vida a un criminal reformado que ahora goza de una buena vida. Su hija es secuestrada y asesinada, y NICOLAS reunirá a su antigua banda para empezar a encontrar respuestas de lo que ha pasado. A partir de ese instante, todo vale en un film que realmente no engaña a nadie, a pesar del delirante guión que ha escrito el tándem formado por Jim Agnew y Sean Keller, responsables de lindezas como el libreto de ‘Giallo’ (id, Dario Argento, 2009).

Si uno disfruta con el recital al que nos tiene acostumbrados NICOLAS en los últimos diez años, algo que prácticamente está a punto de convertirse, si no lo ha hecho ya, en un género en sí mismo, puede que goce lo suyo con una película como ‘Tokarev’, que es delirante y atrevida. Sin embargo, ésta tiene un gran problema, bien visible además. Se toma en serio a sí misma más de lo que debería, de forma que la cosa se queda en un ejercicio meramente referencial que saca su lado más vergonzoso cuando lo alucinante de sus situaciones y giros rocambolescos tiene que armonizar con el tono serio y trascendental con el que se tratan temas como la amistad o el pasado que siempre nos arrastra.

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Todo vale

El film guarda en su interior un secreto argumental que provocará la carcajada, o directamente dejará caras alucinadas en la audiencia. Un giro que curiosamente resulta mucho más incoherente, increíble y alucinante que el resto, lleno de persecuciones —una de ellas a pie, que si la hubiera pillado James Muro con su steadycam habríamos tenido un orgasmo—, asesinatos y torturas varias. Un cóctel explosivo que cuando no es más que un producto despreocupado, podemos estar orgullosos de Paco Cabezas, pero cuando tintes trascendentales se apoderan del film, lo mejor es mirar para otro lado. El pelo de NICOLAS puede llegar a obsesionar…

(Spoilers) Hay un detalle de guión que pone sobre la mesa el que para mí es el mejor apunte de la trama. Los protagonistas están convencidos de que la hija de NICOLAS ha sido asesinada por la mafia rusa, debido a la clase de arma utilizada, la Tokarev del título. El detalle está en que la verdad es mucho más sencilla y terrible, y un malentendido ha hecho que un montón de gente se enfrente por problemas del pasado. La pena es que dicho detalle está muy desaprovechado, o simplemente no interesaba para no desviar la trama hacia otros derroteros, pero ahí hay material para una película entera.

En el plantel de secundarios podemos ver a Danny Glover, también héroe ochentero, cuyo personaje parece más una aparición nostálgica que otra cosa, igual que la de Peter Stormare. Aquí lo que importa es NICOLAS y su pelo. El despropósito de desenlace con sus giros y la incoherencia de muchas de las situaciones o decisiones de los personajes es mejor tomárselas a coña, porque si no ‘Tokarev’ puede ser un sufrimiento de los gordos.

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