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'Young Adult', ser de pueblo

'Young Adult', ser de pueblo
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El viaje de vuelta a casa de una escritora fantasma de novela juvenil llamada Mavis Gary (Charlize Theron) provocará múltiples y accidentados reencuentros, entre ellos con el que fue su novio de instituto (Patrick Wilson) y con el eterno y algo fracasado nerd de mismo (Patton Oswalt).

Cuando Diablo Cody, una guionista cuyo temprano empoderamiento la ha llevado a una situación de permanente descrédito por sus proyectos recientes, y el director Jason Reitman anunciaron una nueva colaboración conjunta poco podía imaginar el público que iba a ser una película tan contraria a 'Juno' (id, 2007) que uno diría que parece dirigida y pensada por personas antagónicas a la estética dulzona de aquella.

'Young Adult' (id, 2011) es una historia de un arquetipo, del arquetipo más detestable de las películas juveniles y es la chica más o menos popular, la rubia tonta como se suele decir o la eterna animadora, tan próspera como irritante. Es la historia de su vida adulta, cuando los cuarenta ya empiezan a ser palpables y como gestiona todo ese ego. Es también una elaborada - y bastante sombría - historia de humillación y problemas de percepción.

Con una galería de personajes tan humanos como patéticos, la película propone una mirada doble, la subjetiva de su protagonista, que cree todo el tiempo estar viviendo en uno de esos convencionales e idiotas relatos juveniles con los que se gana la vida escribiendo sin aparecer acreditada, y una mirada más o menos adulta a como la adolescencia es un estado fundamentalmente mental (y hasta moral) que puede causar más de un quebranto si no se sale de ella con el firme convencimiento de que la vida adulta, y los asuntos del presente, es una labor bien distinta.

Magnífica y absorbente resulta la labor de Charlize Theron. Su personaje tiene rasgos que sus talentos cumplen fácilemente, y es el de ser muy atractiva y saber ser tan seductora e inalcanzable como detestable y hasta, en cierto sentido, del todo desagradable, cínica e hipócrita. Pero también presenta otros que dan mérito a su composición, como su falta de horizonte, en el fondo un fracaso que oculta una poderosa fragilidad, y su constante fracaso, disfrazado bajo el amparo de haberse ganado la vida como escritora bajo sueldo de una saga libresca que ya ha sido cancelada.

En tales circunstancias, la escritora Cody, aquí en pleno dominio de todos sus talentos, propone un diálogo entre la literatura mala que suelen consumir las jovencitas y la vida real, llena de resquebrajamientos e ilusiones más o menos perdidas, hasta llegar a un formidable clímax final propuesto como gran humillación al personaje de Theron. Por supuesto, hay un epílogo donde se nos recuerda que allí donde exista la carroña, la leve construcción de percepciones otra vez subjetivas y autoestima elevada, es allí donde el buitre o este personaje inolvidable volverá a recomenzar su carnaval de estupideces y sobreestimación.

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Y por eso esta es una película extraña, dolorosa y muy bella, que habla del tiempo y de su relación con las cosas (la música pop, con hits alternativos de los noventa, inunda la pantalla) que lo barnizaron y decoraron, y como es recomendable no confundir nunca el barniz con la sustancia. Por el bien de nuestros destinos. No sé si he dejado claro que se trata de una brutal y amarga comedia sobre la nostalgia y la autoestima, pero espero que sea evidente que este cine es, más que nunca, imprescindible.

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