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Por fin has llegado, improvisación repetitiva

Por fin has llegado, improvisación repetitiva
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"Hola, soy Josema Yuste... y usted no". Con este chiste tan manido (¿cuánto tiempo lleva usándolo este hombre?) promocionaba el programa su presentador, el que fuera mitad de Martes y 13. Por fin has llegado es la nueva apuesta de Televisión Española para las noches de los viernes, de la mano de El Terrat, y no creo que pase a los anales de la televisión...

La dinámica del programa es sencilla: se trae a un grupo de famosos, se les disfraza y se les hace pasar uno a uno a un escenario oculto hasta entonces, donde unos actores desarrollan una escena (de la que el invitado no conoce ningún detalle) y en la que el famoso tiene que integrarse. Y ya está. Así con cada uno de ellos. Lo mismo le toca ser el novio de una boda gay que un cirujano, un taxista pasando una revisión con un taxi demencial o un experto en productos de belleza. Que la escena resulte más o menos graciosa depende de la capacidad innata del invitado, básicamente.

Uno de los grandes lastres del programa es lo enormemente repetitivo que resulta. Una escena podría incluso tener su gracia. Pero una detrás de otra, con la misma mecánica, es francamente pesado. Poner en estas situaciones a un famoso puede tener su aquél como actividad complementaria en un programa de variedades, pero no servir como vehículo para un programa íntegro. Comparado con Los Irrepetibles, otro programa que hace uso de la improvisación como elemento fundamental, vemos como en el programa de La Sexta se suceden distintas pruebas con bastante ritmo: ahora cantas, ahora te disfrazas, ahora gesticulas... de hecho, en Los Irrepetibles la prueba menos agradecida era cuando todos los actores tenían que inventarse una escena... se hacía largo ver cómo, sin guión ni nada parecido, los actores intentaban darle coherencia a una historia durante varios minutos. Pues aquí, más o menos lo mismo.

Mención aparte merecen los presentadores. Josema Yuste es un excelente humorista, a estas alturas nadie creo que lo vaya a discutir. Incluso es un pasable actor. Pero no es un buen presentador. Se muestra demasiado obsequioso con sus invitados, y con una tendencia a meter "sus" chistes a la mínima ocasión. En un programa como este, el presentador tiene poco que decir. Y de David Fernández, uno de los secundarios de lujo de Buenafuente. Su papel de juez es tan limitado y tan irrelevante que apenas sirve para meter un par de chistes con calzador, y nos hace echar de menos a todos sus personajes de Buenafuente ¿De verdad hacía falta un juez en este programa?

En definitiva, una idea que da para 10 minutos estirada para hacer un programa de larga duración. Con las consecuencias que eso acarrea.

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