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Apostando al límite de la paciencia del espectador

Apostando al límite de la paciencia del espectador
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Hay películas tan asquerosamente convencionales que terminan desquiciando al espectador, incluso a los menos exigentes. No hace falta que sean películas lentas, largas y tediosas de ritmo. No, a veces no tiene nada que ver con eso. Por poner dos ejemplos muy claros y simples, '2001' de Kubrick a mí me resulta muy entretenida y permanezco pegado a la pantalla completamente fascinado por la historia que me están contando, y eso que posee un ritmo lento, el ritmo que necesita la historia. Ahora bien, con 'Superdetective en Hollywood' me aburro soberanamente, no me divierto lo más mínimo y me dan ganas de matar a alguien. A lo mejor son ejemplos exagerados, pero con ellos trato de explicar que no sólo los coñazos trascendentales pueden terminar con la santa paciencia del espectador, en este caso la mía. 'Apostando al Límite' entra de lleno en ese tipo de película, y eso que a priori uno no se espera nada malo. Tampoco nada grandioso.

Brandon Lang es un jugador de rugby profesional con éxito. Un día sufre un accidente miestras juega, que le obliga a retirarse definitivamente del deporte. Será "adoptado" por Walter Abrams, quien le descubrirá el mundo de las apuestas y la enorme cantidad de dinero que se puede quitar con ello. Abrams acojerá a Lang, y le tratará como a ese hijo que nunca tuvo, enseñándole un mundo de éxito, ya que está convencido de que el exjugador tiene un don para las apuestas. Pero todo en esta vida tiene un precio, y a veces es demasiado alto.

Lo único que llama la atención de la película es la interpretación de Al Pacino, una especie de pequeño Dios en su pequeño mundo. Pacino realiza un papel en el que ya estamos acostumbrados a verle. Evidentemente es una delicia verle en pantalla. Pacino está muy por encima de la película, se le queda corta, es poca cosa para tanto actor, y lo cierto es que si no es por él, yo no sé si aguantaría hasta el final. Da igual que lo haya hecho con anterioridad, pero sigue siendo el mejor haciendo sus "numeritos". Por supuesto no falta la escena en la que da un discurso, y deja a todos con la boca abierta. Lamentablemente, no es suficiente para levantar un film que hace aguas por todos lados. La mayor parte de la culpa la tiene su realizador D. J. Caruso, quien no empezó nada mal en esto del cine con un film titulado 'The Salton Sea', que sólo se estrenó en dvd en nuestro país. Luego descendió abruptamente con uno de los thrillers más estúpidos que se hayan realizado, 'Vidas Ajenas'. Y ahora nos llega con la sempiterna historia de maestro alumno, yo te quiero, yo te odio, yo te enseño lo que es la vida, yo me corrompo, yo me hundo, tú me sacas del hoyo, yo me enderezo, y al final te doy una lección de moral que escapas corriendo de la sala lo más lejos posible.

Porque si algo que espanta de esta película es su moralina final, su mensaje asquerosamente correcto. Y todo por estar mal expuesto en la trama, ya que en ningún momento da la sensación de que los protagonistas se estén comportando amoralmente. Y eso que juegan con el dinero de los demás, pero en la historia no inciden lo suficiente en ese punto, y termina tambaleándose por culpa de no arriesgarse lo suficiente, y sobre todo por no definirse correctamente. ¿Son personajes malos? ¿son buenos? ¿lo que hacen está mal? ¿está bien?. Su guión está tan penosamente construído que esas preguntas tan sencillas no obtienen respuesta, aunque en apariencia pueda parecer que sí.

El director parece más interesado en ofrecer buenas interpretaciones de su reparto que en contar un buena historia que resulte interesante. Pacino no necesita que lo dirigan, y él solo se llega para ofrecer un buen recital, y hacer lo que puede con un personaje que, por momentos da la sensación de que va a ofrecer algo más a la trama, no siendo así. Enfrentado a Mathew McConaughey gana la batalla por goleada, ya que el joven actor está francamente mal en su personaje, que además no cae nada bien, y uno no termina de entender muy bien sus motivaciones, ni el porqué de su comportamiento final.

Les acompaña Rene Russo, una buena actriz cuando quiere, pero que aquí está totalmente desaprovechada, otra vez por culpa de un personaje nada definido. A parte de ser una mera comparsa femenina, no se entiende muy bien su relación con el personaje de Pacino (ambos son un matrimonio en el film), y sus traumas anteriores nos importan bien poco, a parte de que todo está metido a calzador y no viene a cuento.

Por otro lado, a este lado del charco, el mundo que nos retrata la película, nos es completamente desconocido. Vi la película acompañado de un periodista profesional deportivo, quien no hacía más que quejarse del comportamiento profesional de los protagonistas y a veces no entendía algunas cosas. Este es otro de los fallos del film. No hace interesante el entorno en el que se desarrolla la historia, y no es válida la excusa de que no conocemos ciertas cosas de la cultura americana. Hay otras muchas películas que hablan de otras cosas de otras culturas, que aquí nos pueden resultar muy ajenas, y sin embargo, son films fascinantes, por conseguir hacer interesante algo desconocido, o sea, por contar una historia que resulta universal haciendo atractivo el contexto. Esto aquí no sucede, y eso distancia al espectador.

Una mala película, pésimamente dirigida, peor guionizada, incomprensiblemente terminada y que puede acabar con la paciencia del espectador, aun poseyendo un ritmo rápido.

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