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De la tele al cine: la oportunidad de la ficción nacional

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Mucho nos quejamos de que en la ficción nacional hay falta de ideas, de que todas las series tratan de lo mismo, de que utilizan los mismos recursos y de que hay series que podrían ser clones unas de otras, a no ser por pequeñas diferencias. Se me ocurre el ejemplo típico de Los hombres de Paco, serie a la que en el gremio se refieren como "Los Serrano con pistolas". A esta tendencia se suma la reciente fuga de actores, como el caso de Pepa y Avelino, o las transposiciones de argumentos de una cadena a otra, como lo ocurrido con La que se avecina.

Los culpables de este despropósito suelen ser, en boca de la mayoría, los guionistas y creativos en general, esa gente que vive de inventarse las historias que luego vemos en la tele. Lo que muchas veces se nos escapa es que, al fin y al cabo, desarrollan un trabajo, están a las órdenes de un jefe y sufren, como sufrimos todos, los típicos síndromes laborales. Estoy segura de que muchos de ellos tienen ideas extraordinarias que una productora nunca aceptaría y puede que incluso no les guste la serie que escriben, pero es su trabajo. En este sentido, el cine representa la oportunidad de hacer trabajos más personales que, muchas veces, nada tienen que ver con su trayectoria televisiva.

¿Qué podría salir de la mente de un tipo que ha sido guionista de Gran Hermano (sí, aquí también hay guionistas), Agitación + IVA, La hora chanante o Muchachada Nui? En principio la combinación no augura nada bueno pero aún está en salas el primer largometraje de Nacho Vogalondo, Los Cronocrímenes, un thriller con un viaje en el tiempo, una película independiente de éxito internacional, director que ya fue nominado al Oscar por su cortometraje 7:35 de la mañana.

¿Y qué pensáis que podría dirigir un guionista que empezó en Farmacia de guardia y que ha trabajado en Hermanas, Abogados u Hospital Central? Algo chusco, sin duda. Pues nada más lejos de la realidad. Daniel Sánchez Arévalo es uno de los directores de cine más reconocidos en nuestro país y sus películas nada tienen que ver con el desarrollo de su labor en televisión.

Caso similares son los de Ignacio del Moral, que es guionista de El síndrome de Ulises y El comisario pero que cuenta en su currículum con películas como Planta 4ª o Los lunes al sol. O David Muñoz, que ha sido guionista de Noche sin tregua, La hora Chanante y Quart, y en cine firma El espinazo del diablo. O Carlos Molinero, que tan pronto escribe en Querido maestro, Paco y Veva, Quart o El comisario como consigue llevar al cine su guión de Cosas que hacen que la vida valga la pena.

Por último, y para que todo no sean diferencias entre la tele y el cine, los guionistas del largometraje Fuera de carta se han curtido en series como 7 vidas, Aída, Gominolas y hasta Médico de familia. Ellos son Oriol Capel, Antonio Sánchez, David Sánchez y Nacho G. Velilla (en la foto), cuatro tipos que en televisión están muy bien considerados porque son parte importante de dos de los éxitos más recientes y que en su paso al cine han tirado de fórmula y la película les ha funcionado bien.

Pese a todo, no es cierto que la televisión sea, en España, una buena pasarela para llegar al cine. De hecho, los profesionales que terminan llevando a cabo sus proyectos cinematográficos son una excepción. Y tampoco es cierto que todos los guionistas de televisión atesoren el guión del largometraje que alguna vez esperan dirigir. En la mayoría de los casos, los guionistas de ficción nacional tienen que lidiar con propuestas que nada tiene que ver con sus gustos y con métodos de trabajo poco ortodoxos pero desarrollan una profesión que han elegido y que les gusta. Los que consiguen pasar al cine demuestran que son capaces de hacer propuestas diferentes y de éxito pero, seamos sinceros, ¿alguna de las películas mencionadas podría tener una versión televisiva aceptable por la audiencia?

La ficción nacional forma parte de una industria y lo que busca, al final, no es más que generar beneficios. Los guionistas son uno de los eslabones de la cadena pero lo cierto es que las series nacionales dependen en gran medida de las cadenas y las productoras, que son quienes invierten su dinero en productos de los que esperan rentabilidad. Es triste pero si en Estados Unidos ser guionista de determinadas ficciones tiene más prestigio que trabajar en el cine, en España trabajar en televisión es un descrédito incluso para muchos actores, de ahí que el cine patrio sea, muchas veces, la única forma de demostrar que sí hay ideas en la ficción nacional, lo que no hay es gente que apueste por ellas.

En ¡Vaya Tele! | Libro: De Los Serrano a Cuéntame

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