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'True Blood', alabada sea Lilith

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Los humanos no son racionales. Están totalmente motivados por el miedo.

Hace unas semanas terminó la quinta temporada de ‘True Blood’, esa serie en la que conviven vampiros, hombres-lobos, cambiaformas, hadas, mediums, brujas y, por supuesto, seres humanos. Al hablar de ‘True Blood‘, a menudo hacemos referencia a la locura que conllevan sus argumentos y sus giros, pero detrás de todo ello, y si la serie ha conseguido mantenerse durante cinco temporadas, es porque siempre se encuentra una reflexión que pretende ir más allá. En este caso, ha ganado mucho peso la polémica convivencia entre seres de “especies” diferentes y la tolerancia o no que puede haber entre ellos.

Y aún se tocan muchos temas más, el ritmo de los doce capítulos de esta temporada nos ha dejado momentos para todo: reír, llorar y también pensar. Muy interesante me parece toda la reflexión sobre la religión que nos ha ofrecido esta season cinco, que comentaremos más abajo. La última temporada en la que Alan Ball, ese gurú del audiovisual, será el showrunner de la serie, ¿cómo afectará esto al desarrollo de la historia?, ¿qué va a pasar después de ese inquietante final que, personalmente así fue, nos dejó clavados en el sofá? Y, por supuesto, locuras, locuras, locuras. He recopilado un pequeño ramillete de los, para mí, momentos más “trueblooderos” de la temporada, a ver si a vosotros se os ocurren algunos más. A partir del salto, la review de la quinta temporada de ‘True Blood’.

¿Quien dijo que ser vampiro era fácil?

Mi impresión es que esta temporada ha estado más protagonizada que nunca por el universo de los vampiros. Primero, hemos tenido a Tara, quizá el personaje que más ha odiado a los colmilludos (recordemos su traumática relación con Franklin durante la tercera temporada). Todos los fans de ‘True Blood’ sabemos que la serie no escatima en hacer aparecer personajes y tramas un tanto alocadas, surrealistas e incluso, a veces, un poco increíbles. Sí, es una de las señas de identidad de la serie. Pero eso no quiere decir que todo valga. Si quitamos la primera capa de “locura” podemos encontrar una estructura muy bien planificada, que dosifica los giros y lleva al espectador por donde quiere. Me sorprendí al darme cuenta de que en cada nueva temporada hemos tenido seres ultrafantásticos por un tubo pero nunca uno de nuestros personajes protagonistas había sido convertido en vampiro. Y vamos por la quinta temporada. Creo que en muchas otras series habrían echado mano de este recurso (que algunos podrían considerar facilón pero que yo ya tenía ganas de ver) mucho antes.

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Pero el verdadero meollo filosófico ha venido de la mano de todo lo que ha rodeado a Lilith. La religión vampírica ha protagonizado la trama principal del relato y creo que se pueden extraer muchísimas reflexiones, muy interesantes. Siempre defenderé que ‘True Blood’ es una serie que nos habla de muchos temas, y muy profundos, y que no sólo podemos quedarnos con la peripecia alocada de los personajes, la primera lectura de este embrollo de cuerpos sexys y poderes ultraterrenos. Si el ser humano vive atormentado por las grandes preguntas a las que no encuentra respuesta: ¿Quiénes somos, de dónde venimos…?, si se siente vacío, perdido, solo, desesperado por buscar un sentido a su vida, imaginemos cómo debe de ser este punto para un vampiro. La inmortalidad, la vida eterna que se expande ante ellos, puede traducirse fácilmente en un vacío existencial que no se llena con el sabor de la más deliciosa de las sangres.

Bill ha vivido un impresionante recorrido en este sentido. Desde que conocimos al señor Compton, hemos sido testigos de su drama personal por todo lo que conlleva su naturaleza vampírica. Un hombre bueno, que ha sufrido por no hacer daño a los humanos, con una historia familiar terrible, con una creadora que tenía su existencia secuestrada… La angustia existencial de Bill, su tristeza eterna ha sido algo recurrente en la serie. En esta temporada, hemos visto una evolución tremenda en el personaje. Todo ese dolor, ese no saber qué hay más allá, qué sentido tiene el derramamiento de sangre se ha visto culminado con la batalla entre integristas y sanguinistas.

Y así, el hombre que no encontraba consuelo siquiera en el amor de Sookie ha podido reparar tanto dolor con el refugio que otorga la religión. La figura de Lilith, más allá de las matanzas, de las granjas de humanos y de todos los momentos impactantes, nos ha mostrado cómo el fanatismo nos puede transformar. Bill, a lo largo de un proceso que yo creo ha estado muy bien pautado, se ha convertido en un extremista. En la religión sanguinista ha encontrado una verdad a la que poder aferrarse, que le va a entregar todas las respuestas y va a borrar las dolorosas dudas. Hemos visto la soledad y el tormento del que no cree (Eric) y la convicción ciega, la satisfacción casi ovina del que sí tiene fe (Bill). Y también cómo los poderosos (Salomé) se parapetan detrás de un supuesto deseo divino para justificar sus actos.

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Cómo construyen un dios que se amolde a sus necesidades y al que achacar cualquier cruel comportamiento, Y cómo se destruye al que no sigue esa línea de pensamiento, al que estorba, al que llaman blasfemo para justificar su violencia contra él. Si miramos nuestro propio mundo, tal vez seamos capaces de ver un reflejo de todo esto. Tal vez hayamos visto a ciertas personas aprovecharse de las creencias místicas de otros para manipularles. Este Dios, al cual yo interpreto y tú no, lo dice, y ya está. El debate entre sanguinistas (a favor de usar a los humanos sólo para comer) y los integradores, (a favor de una convivencia pacífica) ha estado constantemente sobre la palestra.

Se ha acentuado con la destrucción de las fábricas de Tru blood y, con lo que parece, una guerra abierta entre humanos y vampiros, una guerra por la supervivencia. Y todo ello nos hace espera con ganas la próxima temporada, porque esto se ha acabado con Bill convertido en Liloth (si se me permite la tontería) y la terrorífica imagen de nuestro prota transformado en un dios sádico (qué interesante es ver a los buenos haciendo de malos) augura acontecimientos muy extremos.

Y no podemos olvidar muchos más elementos que preñan el universo vampírico: su marcada jerarquización, de la que hemos conocido a los cancilleres, las “personas” que mantienen el orden vampírico; las relaciones familiares, vitales en unos seres que podrían parecer tan solitarios e independientes: la responsabilidad del creador respecto a sus “hijos”, la relación fraternal entre Eric y Nora… Los vampiros están ligados por unos vínculos que van más allá de su manera de alimentarse.

Tramas como para una boda

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Creo que ‘True Blood’ es una de las series con las que resulta más difícil aburrirse. Las tramas se suceden sin parar, algunas sólo duran unos pocos episodios, otras completan un arco argumental hasta el final de temporada. Algunas se lanzan para lo que pueda venir… Esto nos lleva a una carrera frenética por parte de nuestros personajes. Van de un lado para otro tratando de arreglar sus caóticas vidas y con cada paso, una nueva explosión estalla ante ellos. A veces puede parecer desorganizado, sin pies ni cabeza, pero suelen conseguir mantenernos despiertos, entretenidos y con ansias de ver la siguiente locura.

Sookie, nuestra protagonista, ha tenido una trama que ha ganado peso con el paso de los capítulos. Al principio, me pareció que su conflicto era un tanto insulso. Después de convertir a Tara, vinieron una seguida de episodios en los que se encontraba deprimida, sintiéndose culpable por las desventuras que caían sobre sus amigos, con un intento de accidente automovilístico que me resultó un poco precipitado, con una investigación policial sobre la muerte de Debbie un tanto descafeinada… Me daba la sensación de que Sookie iba a tener menos peso que nunca pero, ingenua de mí, qué equivocada estaba.

La muerte de los padres de la chica, uno de los temas que siempre hemos sabido que acabaría saliendo a la palestra ha explotado por fin. El refugio de las hadas, el descubrimiento de Warlow, la promesa hecha en 1702 de entregar a la primera descendiente hada… nos ha ofrecido un emocionante final de temporada, aunque he de reconocer que me sentí defraudada por el modo en que se cerró la trama de Russell. Nos habían dicho que Bill y Eric estaban con sus cosas de la autoridad vampírica y que, por primera vez, nadie salvaría a Sookie, ella debería defenderse a sí misma… Parecía que la damisela sacaría por fin las uñas y se convertiría en una heroína activa y autosuficiente, pero en el último momento, el vikingo rubio acudió a rescatarla, en una resolución un poco precipitada para mi gusto.

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Otra de las tramas que más nos han podido divertir pero, a la vez, nos han llevado a reflexionar, es el asunto de “Los Obamas“. Se trata de un grupo de humanos que trata de eliminar a todas las criaturas con facultades especiales. En algo nos puede recordar a las tramas que hemos visto en ‘X-Men’ contra los mutantes, el miedo humano que suele nacer de la ignorancia. Este argumento sirve para que ‘True Blood’ levante una entretenida trama: el “dragón”, la amante del sheriff, que lidera a un grupo de chicos para “limpiar” las calles. Ya hemos visto que cualquier sujeto que se sienta perdido, como Hoyt, puede recalar en esta banda. ¿Es sólo el principio de una radicalización de posturas, de una guerra abierta entre los dos bandos?

La relación entre Tara y Pam ha sido, para mí, otro de los grandes momentos de la temporada. Primero, vemos cómo Pam tiene que “educar” a una recién nacida, prácticamente. Esas charlas en el Fangtasia, en las que Pam echa la bronca a Tara, mientras las dos van enfundadas en corpiños de cuero y encaje, no tienen desperdicio. Pam se ha visto, de alguna manera, dejada de lado por Eric, quien le dio su “libertad” para que no se viera implicada en los peligrosos asuntos de la autoridad vampírica. En mi opinión, esto sólo fue un truquito un poco tramposo para que Pam se sintiera sola y Tara y ella debieran refugiarse la una en la otra.

Alcide, el hombre-lobo, también ha vuelto a tener protagonismo esta temporada. Tal vez, él refleje lo que me parece un pequeño defecto de la serie. Las tramas son constantes y se suceden, pero, en ocasiones, no logran coger la fuerza que necesitarían, tal vez porque explotan en muy poco tiempo. A Alcide lo tenemos viviendo el luto por Debbie, engañando a los padres de la chica; liándose tres minutos con Sookie, para acompañar luego a los vampiros hasta donde estaba enterrado Russell y, por fin, viviendo su propia trama: hemos aprendido la importancia de la manada para los lobos, la solidaridad y el respeto que se han de tener. Cuando pierde el liderazgo, toca fondo y se marcha con su padre, con el que se vislumbra un conflicto de tres pares de narices que creo que está tocado muy superficialmente.

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¿Y Terry y el Ifrit? Para mí, es un ejemplo de los temas que trata ‘True Blood’ cuando se le quita la primera máscara de fantasía. Una maldición, un humo negro que persigue a los malditos para quemarlos… Pero, en realidad, el remordimiento, la culpa y el horror de los soldados que han marchado a Irak y acaban con la vida de personas inocentes. La masacre en el poblado de Zaafira nos brindó una secuencia bélica muy dura, de la que los personajes han sido víctimas durante mucho tiempo. Algo muy interesante de esta trama es la intervención de Arlene, que busca ayuda en Lafayette y que, en último momento, grita a Terry que dispare contra Patrick. Y aprovechando este punto, una pequeña mención al poder de las mujeres en ‘True Blood’, auténticas heroínas (para bien y para mal) de la historia. Tanto las “buenas”: Tara, Jessica, Pam, Arlene… como las “malvadas”: Lilith, Marnie, Salomé, Maryann…

No quisiera pasar al siguiente punto sin hacer una referencia directa a uno de los puntos fuertes de la serie: la mixtura de géneros. Con unos alardes audiovisuales, narrativos, de montaje, iluminación, vestuario, etc, impresionantes, ‘True Blood’ nos presenta en cada capítulo un compendio de géneros ejecutados con eficacia y, en algunos momentos, con mucha maestría: tenemos escenas de acción, secuencias bélicas, de terror, más gores, eróticas, románticas, cómicas, de thriller, hasta musicales, gracias al escondite de las hadas.

Bon Temps, un pueblo muy coral

El hecho de encontrarnos ya en la quinta temporada es causa y efecto de que el protagonismo de la serie sea cada vez más coral. Al margen de nuestros protagonistas de siempre, algunos personajes han brillado con luz propia esta temporada. Estos son algunos de ellos:

Eric: este antiguo vampiro ha sido, para mí, el verdadero protagonista de la temporada. Cierto es que, hacia los últimos capítulos, los giros en las vidas de Bill y Sookie han sido muy emocionantes, pero me ha parecido que el peso de gran parte de la temporada ha recaído en el vikingo. Ya durante la temporada pasada, vivimos el despertar de Eric como un gran personaje. Su pérdida de memoria le llevó a mostrarnos una faceta más tierna y encantadora. Ahora, ha sido el único que siempre ha sabido que detrás de la autoridad vampírica sólo se esconde ambición por el poder. Nunca se dejó engañar por los seguidores de Lilith y vivió con horror la radicalización de Bill y la ofuscación de Nora, su hermana. Que sea el que salva a Sookie de Russell le da muchos puntos.

Andy se está convirtiendo en uno de mis personajes favoritos. No es muy listo, no es muy bueno, no es muy guapo… Es un tipo bastante convencional: cobarde, malhumorado, siempre se ha considerado inferior a los demás, un tipo lleno de carencias que no merece siquiera la gracia del amor. El peor sheriff del mundo, como él mismo se denomina ha sido de los personajes que más y mejor han crecido desde el inicio de la serie. Torpe, adicto al V, sigue encontrando valores en la justicia y en el trabajo, algo por lo que seguir luchando.

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Sam: esta temporada nos ha traído de vuelta el espíritu más combativo de este personaje, que durante los últimos tiempos había sufrido por su familia y por su naturaleza. Sam tiene clarísimo que Luna y Emma son su nueva familia, que les quiere y va a protegerlas. Optimizando sus poderes (qué queréis que os diga, a mí lo de los cambiaformas me parece superpráctico) Sam se ha colado en los escenarios que le interesaban y se ha convertido en el perejil de muchas salsas: ayudando a derrocar a los “Obamas”, o “convirtiéndose” en comida para vampiros, para buscar a Emma.

Jessica es ese vampiro que ha vivido durante mucho tiempo como una adolescente. Durante esta temporada ha evolucionado, convirtiéndose en un ser más consciente y maduro. El triángulo con Jason y Hoyt ha llevado a la marcha final de éste último, con una secuencia muy dura para ella en la que debía borrar la memoria de quien fue su primer amor. Como vampiro, necesitaba cancha libre para experimentar y también para crecer. Aunque Bill trata de someterla a los encorsetados dictados de la biblia vampírica, ella se resiste.

‘True Blood’ la serie de los excesos

A estas alturas ya le hemos pillado el tranquillo a la serie. Los que seguimos las peripecias de los personajes de Bon Temps desde el principio nos hemos acostumbrados a tramas enloquecidas, personajes disparatados y grandes momentos en los que la comedia, el horror y la fascinación se mezclan. A continuación, algunos de esos momentos para mí, locos locos:

- En primer lugar, la presentación de Lilith, una tipa que da auténtico miedo. Una serie de elementos se concatenan para llegar al paroxismo. No es bastante el “pedo” que se cogen los personajes tras probar su sangre, sino que recalan en la celebración con karaoke de una boda y se zampan a todos los invitados. Después, entre tanto charco de sangre, surge Lilith como acabadita de nacer, cubierta de sangre y con una sádica mirada.

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- Muy relacionada con esta trama, para mí ha sido todo lo relacionado con el cuartel general de los vampiros que, en ocasiones, me ha recordado a una peli de espías. Armas con la transfusión de plata o la I-Estaca son hallazgos inolvidables. Los trajecitos con los que vestían a Bill y a Eric, la habitación en la que guardaban la sangre de Lilith y la recepción con recepcionista vampírica incluida, me han llegado también al corazón.

- Y sin salirnos del universo de los vampiros: la relación entre el reverendo Steven Newlin y Russell Edgigton. No es suficiente con que en el primer capítulo viéramos a este ex-líder de los principios más cristianos saliendo del armario y sacando los colmillos, tratando de ligar con Jason. Después, hemos visto su peculiar historia de amor. Con bailecito romántico después de matar a 22 personas, con el regalo de una niña-loba como muestra de amor y con unas conversaciones y diálogos divertidísimos.

- El parto de Maurella ha sido otro de los momentos estrellas. Se toma un kilo de sal y da a luz a cuatro niñas de las que tendrá que hacerse cargo Andy. Pero lo más, Maurella ha estado embarazada 73 veces para poder vivir 73 orgasmos de tomo y lomo. Porque, ¿por qué, no? las hadas, cuando dan a luz llegan a un clímax en el que gritan hasta la rotura de vidrio, si hace falta.

- Los Obamas son unos señores que se ponen una máscara del presidente de los Estados Unidos para atentar contra criaturas sobrenaturales. Esto, de por sí, ya podría dar un poco de risa, pero es que su líder, el Dragón, es un bailarina de country a la que su marido abandonó por una cambiaformas. De ahí su odio, su rencor, y las ropas con las que viste.

- Lafayette ha estado un poco olvidado esta temporada, se ha usado de una manera más secundaria y aunque ha estado en muchas tramas, es como si sólo hubiera rozado algunas de ellas. Aún así, muy divertidas las invocaciones al espíritu del Ifrit y pasmoso el momento en el que la cabeza de Jesús, con la boca cosida, hace acto de presencia.

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- El escondite de las hadas. Sólo en ‘True Blood’ puedes ver un escondite en el que presuntamente se vive con miedo a ser descubierto convertido en un local de fiestas en el que sólo falta el bingo de las doce y paella como resopón. El choque que se consigue con algo tan inesperado siempre resulta muy divertido. Con una escenografía del mundo del circo y una puesta en escena llena de números de baile, tuvimos la guinda con la aparición de La Antigua (otro personaje femenino poderoso), una hada con unas tremendas ganas de bailar.

¿Y el intento de suicido de Tara en la máquina de rayos UVA?, ¿y cuando Jess se va a “convertir” a Jason con dos guardaespaldas?, ¿y la escena de amor entre Sam y Sam-Luna? Seguro que a muchos de vosotros se os ocurren más de estos momentos fascinantes que otorgan a ‘True Blood’ una personalidad única.

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La serie se despide hasta el año que viene. Personalmente, espero con ganas su vuelta pues el final del capítulo doce me pareció un gancho muy muy potente. Me ha parecido una temporada con un arranque un poco irregular, no sabía muy bien la importancia de lo que estaban contando, pero creo que después la serie nos ha brindado un in crescendo fantástico. ¿Nos espera más guerra entre humanos y superespecies? Tal vez la sexta temporada tenga la respuesta.

En ¡Vaya Tele! | ‘True Blood’ sigue con el circo en su quinta temporada

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