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RSS Leonie Benesch

'La cinta blanca', la perversidad del alma

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'La cinta blanca', la perversidad del alma

Michael Haneke lleva más de dos décadas indagando, sin descanso, en el mismo tema: las raíces del fascismo. Para algunos analistas investiga sobre la violencia, pero en realidad su búsqueda es más compleja, más nítida y más apasionante que esa que, en cierto modo, buscan todos los artistas, pues investigar sobre la violencia (que en sí misma no es dañina), es investigar sobre la miserable condición humana. Pero Haneke ya da por sentada esa condición, y lo que quiere es que nos preguntemos, como él mismo, de donde proviene tanta crueldad, tanta ignorancia, tanta barbarie.

Esa es la razón de su quehacer como cineasta, que desde la fundacional ‘Funny Games’, es un quehacer admirado por todos los espectadores que no se contentan con la representación de los resortes del horror predigeridos provenientes del otro lado del charco, si no que están dispuestos a que les provoquen una despiadada lucha consigo mismos, desprovistos ya de héroes, de finales felices, de lugares comunes, de asideros morales y de redenciones que no pueden aportar nada a quien las contemple, más allá de una evasión de este mundo (que es, casi siempre, el peor imaginable), y una mentira perpetuada por cineastas bien pagados, que cumplen su función de títeres, de urdidores de falsedades confortables. Sin embargo, existen cineastas de un coraje ilimitado, que aprecian al espectador lo bastante como para ponerles un espejo en la cara y mostrar así los abismos de la perversidad. Michael Haneke es uno de ellos.

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