Añorando estrenos: 'Danza macabra' de Antonio Margheriti

Añorando estrenos: 'Danza macabra' de Antonio Margheriti
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En la estimable 'Malditos bastardos' ('Inglorious Basterds', 2009) el muy inteligente Quentin Tarantino rinde su particular homenaje a un director al que está harto de copiar, el italiano Antonio Margheriti, también conocido como firmaba muchas de sus películas de cara al mercado internacional, Anthony M. Dawson. La escena es aquella en la que Eli Roth tomaba prestado el nombre italiano para disimular delante de un muy perspicaz Landa (Christoph Waltz), un instante realmente divertido que servía como guiño a un director realmente interesante y que tuvo la desgracia de firmar engendros realmente espantosos sobre todo al final de su carrera y que en cierto modo, ocultaron las verdaderas joyas de una filmografía extensa, casi todas concentrada en los primeros diez años de su carrera, por ejemplo 'Danza macabra' (id, 1964), film que empezó a dirigir Sergio Corbucci quien a nada de empezar —de hecho no dirigió ni una sola secuencia— tuvo que dejar el rodaje y sugirió el nombre de Margheriti para que le sustituyera.

Tomando como claras referencias algunas cintas de Mario Bava y Riccardo Freda, los dos directores italianos por excelencia que comenzaron una línea de películas sobre el horror en una cinematografía un tanto desconocida por estos lares y que en nada tienen que envidiar a las películas que paralelamente hacían Roger Corman por un lado en los Estados Unidos, basadas en los relatos de Edgar Allan Poe, o la mítica productora británica Hammer. Precisamente, Barbara Steele, la protagonista de esta 'Danza macabra', había trabajado con Bava en la inolvidable 'La máscara del demonio' ('La maschera del demonio, 1960) y con Corman en 'El péndulo de la muerte' ('The Pit and the Pendulum', 1961) que la convirtieron con toda justicia en una de las musas del terror. Su presencia en las tres películas es de las que no se olvidan.

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(Frome here to the end, Spoilers) 'Danza macabra' es un ejercicio sobre el terror partiendo de una excelente premisa que puede tomarse a su vez como un ejercicio de metalingüismo. Un joven periodista —un Georges Rivière que resulta lo más flojo de la función— llega a Londres para entrevistar a nada menos que Edgar Alla Poe (Silvano Tranquilli), que se encuentra en una taberna amenizando la velada a los asistentes con una de sus fantasmagóricas y estremecedoras historias. Ante el escepticismo del joven recién llegado pronto surge un reto: un aristócrata, amigo de Poe, hace una apuesta de cien libras que termina en diez —muy inteligente detalle de guión que hace referencia a la pobreza de la profesión— a que no será capaz de aguantar durante toda una noche en una mansión de su propiedad sobre la que se vierte la maldición de que todo aquel que entra allí no sale con vida. El periodista acepta y emprenderá uno de los viajes al horror más fascinantes que ha dado el cine.

Con una gran pobreza de medios, 'Danza macabra' luce como si tuviera un enorme presupuesto gracias a la sabia utilización sobre todo de la fotografía, obra de Riccardo Pallottini, que contrasta blanco y negro sacando provecho a cada situación que se plantea dentro de una mansión en la que vida y muerte, pasado y presente, se funden en una sinfonía del horror. Llaman la atención los primeros veinte minutos, aproximadamente, en los que el periodista está solo en la mansión y las sombras sugieren terrores del más allá. Un sencillo juego de iluminación para proponer más que mostrar consiguiendo resultados mayores a lo esperado, en una época en la que varios títulos similares al menos en atmósfera —léase 'Suspense' ('The Innocents', Jack Clayton, 1960) o 'The Haunting' (id, Robert Wise, 1963)— utilizaban las mismas armas narrativas ofreciendo un relato de terror puro y duro, y atención, en el caso del film de Margheriti muy atrevido para la época.

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En 'Danza macabra' hay lugar para todo, fantasmas, muertos que resucitan e incluso vampirismo, y la mezcla no chirría por ningún lado, al contrario, supone toda una revolución. Nuestro querido periodista será testigo durante la noche de cómo todos aquellos que encontraron la muerte en la mansión reviven una y otra vez la fatídica noche en la que perdieron sus vidas de forma violenta añadiendo nuevas víctimas a su tétrica función. En dichas historias habrá lugar para los celos, la envidia, e incluso el amor lésbico. No puedo dejar de imaginar las reacciones que debieron tener los espectadores de la época cuando en pantalla de lo montaban Barbara Steele y la morbosa y poco conocida actriz Margrete Robsahm, sólo vista en el montaje italiano, en una historia de amor lésbico que rememora el pasado, subraya el irreal presente y termina de complementarse con otra historia de amor, la que viven en esa larga noche el periodista con Elisabeth (Steele), incluso consumada con lo que ello supone.

Si la película daba inicio con la espeluznante historia que narraba Edgar Allan Poe, concluye con otra frase del escritor después del maravilloso detalle del aristócrata cobrando las diez libras apostadas, cogidas de la billetera del cuerpo ya sin vida del periodista en la entrada de la mansión —detalle este de una inteligencia fuera de lo común, al ser eliminado por un elemento físico de la propia casa justo cuando se cree a salvo—.

Cuando relate esta historia nadie se la creerá. Como siempre

Conviene aclarar que la película dice estar basada en un relato, que no existe, del famoso escritor de Boston, en lo que parece un juego con el propio espectador al proponer una ficción dentro de una ficción que concluye con una cruel realidad, la segura muerte. Toda una maravilla bañada en elegancia por un lado, decadencia por otro, y una atmósfera fantasmagórica que corta el aliento. El propio Margheriti se atrevió con un remake en color en 1971 titulado 'La horrible noche del baile de los muertos' ('Nella stretta morsa del ragno') no tan conseguida formalmente como 'Danza macabra' pero igual de fascinante en lo que narra.

Recomendación: Acercarse a la versión italiana rodada en inglés, jamás al doblaje en italiano o español. Los diálogos en ambos doblajes no tienen absolutamente nada que ver con el original.

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