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'El fiel', de gánsters enamorados y pilotos de carreras
Críticas

'El fiel', de gánsters enamorados y pilotos de carreras

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Michaël R. Roskam es uno de los directores de cine contemporáneo más reputados de Bélgica. Tras un debut bastante impresionante con su enérgica 'Bullhead' (‘Rundskop’, 2011), que le condujo directo a la nominación al Oscar, su todavía incipiente carrera se ha cimentado sobre los pasos de su primer gran éxito para construir una representación propia del cine de gánsters, a caballo entre el mejor cine comercial americano y la narración autoral más europea.

'El fiel' ('Le Fidèle', conocida internacionalmente como 'Racer and the Jailbird') le devuelve ahora a la competición por la preciada estatuilla de Hollywood, con un nuevo thriller de bandas criminales y carreras de coches. Con el flamenco Matthias Schoenaerts y la francesa Adèle Exarchopoulos al frente, la cinta se coloca como la opción favorita para representar a los belgas en tal prestigiosa selección. Un camino que el veterano flamenco ya conoce tras su paso por la meca del cine en 2014, desde donde dirigía su anterior propuesta: 'La entrega' (‘The Drop’).

Gigi y Bibi, un intenso romance

Como en una reminiscencia del primer papel de Schoenaerts en el largo con Roskam –su actor fetiche, incluso desde sus comienzos en el cortometraje, y que saltó a la fama internacional precisamente de la mano del cineasta belga-, la película nos retrotrae a los orígenes de este gánster de motivaciones emocionales.

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Como aquel niño que sufría en una infancia que marcaría su futuro en 'Bullhead', esta vez un joven Gino Vanoirbeek -Gigi-, en el prólogo de 'El fiel', emprende la huida de una granja como aquella que entonces le convertiría en gánster, como si de alguna forma ambos personajes estuvieran conectados. Siguiendo una construcción del personaje basada en una figura humanizada del perfil del criminal, que conduce de nuevo a los orígenes del Limburg natal del cineasta (para muchos, la Flandes profunda) y de alguna forma entrecruza las dos historias.

Con un arranque potente, en una pista de carreras que introduce al personaje de Adèle Exarchopoulos -Bibi-, Roskam nos seduce con el misterio de dos personajes enigmáticos y con carácter. Una vibrante fotografía del espléndido Nicolas Karakatsanis ('The Drop', 'I, Tonya'), con el magnífico Olivier Ogneux ('Bullhead', 'Lost Persons Area'), como su mano derecha al frente del color, nos arrastra con ellos en una brillante presentación.

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Bibi y Gigi se enamoran a primera vista en un circuito de fórmula 1 en el que ella es siempre vencedora. Pero Gigi, importador-exportador de coches, siempre rodeado de su banda de amigos, parece esconder una doble vida de riesgo que, con algo de mala suerte, puede poner en peligro el intenso romance. Posicionado el foco más sobre la historia de Gigi y Bibi, la óptica de Roskam relega esta vez la trama criminal a un plano más bien residual, generando de nuevo un interés sobre las motivaciones del gánster por encima del hecho en sí mismo.

Un punto de vista característico que funciona a la perfección durante los dos tercios de cinta que componen el episodio Gigi. No así con Bibi, donde el cineasta especialista en perfiles criminales desperdicia la oportunidad de desarrollar su contrapunto, con un personaje inicialmente muy fuerte y con un inmenso potencial que se ahoga en una mala decisión de guión. Allí donde el cineasta sobresale en el desarrollo de cierto tipo de personajes, al mismo tiempo pone en evidencia su dificultad para perfilar ese rol femenino en un mundo de hombres.

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Por desgracia, la enorme energía que transmite la primera hora y media de película se desvanece de golpe con un giro poco afortunado y, ciertamente, no digno de una historia que tenía muchas papeletas para dejar huella en la memoria. Como en una apuesta extrema por resaltar la humanidad del gánster, esta elección resulta finalmente cogida con pinzas y no consigue remontar una historia que, sin embargo, retoma su carácter esencial en el tramo final.

'El fiel': neo-noir con sabor belga

Aunque muy lejos de ser una obra maestra en la todavía escasa cinematografía de Roskam, la cinta es, en cualquier caso, muy disfrutable en cuanto que personal y visualmente muy enérgica. Siguiendo los pasos de su iniciático mejor trabajo, el belga regresa al terreno que mejor conoce, tras su incursión en Hollywood al frente de la flamante película póstuma de James Gandolfini, con un gran Tom Hardy encabezando el reparto, aunque sin abandonar el perfil intrincado del atormentado Schoenaerts.

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Y, a pesar de un digno intento norteamericano, es en casa donde el de Sint Truiden mejor retrata a sus personajes, que rezuman un aire neo-noir típicamente belga, y precisamente donde el director mejor expresa su personalidad como cineasta. Aunque desaprovechando las cartas narrativas de una historia dividida en capítulos que le hacen perder fuerza, la cinta desprende ese carácter único del país centroeuropeo.

Pese a la gran distancia que lo separa de sus compatriotas cineastas -más en cuanto a temática y ambición que por talento-, y fuera de cualquier corriente que categorice su cine de gánsters y persecuciones, poco habitual en un país cuya cinematografía se basa en el drama de autor, ‘El fiel’ no podía expresar mejor el carácter belga. Con una historia basada en la capital, donde francófonos y neerlandófonos conviven y entremezclan las dos culturas que componen el país, Bibi y Gigi representan esas dos mitades bajo el cielo gris de esa siempre lluviosa Bruselas.

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Concebida la historia esta vez mayoritariamente en francés, el acento neerlandés se introduce intermitentemente de una forma natural y realista, generando ambientes genuinamente interesantes y aportando una atmósfera particular que la define como propia del realizador y la diferencia de cualquier otro producto americano.

Aunque irregular y algo fallida en su segunda mitad, 'El fiel' supone la esperanzadora vuelta de Roskam a su punto de partida, aquél que auguraba una prometedora carrera y plataforma fresca que evidencia un mayor potencial del director para sobresalir desde el escenario europeo y distanciarse del cliché de uno de los géneros preferidos en tierra de superhéroes y estrellas de acción.

Aún sin noticias de próximos proyectos, pero ya con todas las cartas sobre la mesa, 'El fiel' sitúa pues a Roskam en la encrucijada desde la que levantar definitivamente su carrera o dejarla aparcada.

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