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'El Precio de la Gloria', el precio de la locura

'El Precio de la Gloria', el precio de la locura
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Supongo que os pasará a muchos. Compras tantas películas que un día cualquiera os sentáis a ver una y... no sabéis cuál elegir, tardando un tiempo absurdo en seleccionar. A esto hay que sumar una rara sensación que imagino que no me ocurrirá sólo a mí y es que resulta a veces que un determinado título lo tienes siempre pendiente; siempre ahí pero nunca parece el mejor momento para verlo. Hace meses que adquirí en un videoclub 'El Precio de la Gloria', irónicamente, por unos míseros tres euros. Y hace unos días, por fin, me planté y no me lo pensé más. Una de John Ford con James Cagney al frente del reparto. ¡Tiene que ser magnífica! Bueno, no lo es tanto.

'El Precio de la Gloria' ('What Price Glory', 1952) nos sitúa en Francia, año 1918. El capitán Flagg (Cagney) lidera una compañía de marines de mala reputación. Afortunadamente para él, asignan a un experto y viejo "amigo" suyo como nuevo sargento primero de su compañía, por lo que, aprovechando que marcha a París unos días de permiso, le deja al cargo de un pelotón de muchachos que necesitan un duro entrenamiento antes de entrar en combate. Una vez que Flagg vuelve de sus vacaciones, se entera que una joven francesa que pasaba por ser su chica, de nombre Charmine, está ahora con su "amigo". Pero no hay tiempo para peleas, la guerra les llama...

La película está basada en una obra teatral de Maxwell Anderson ya adaptada previamente, en 1926, por otro grande, Raoul Walsh. Destaca en primer lugar, nada más empezar, la extraordinaria fotografía de Joseph MacDonald, consiguiendo un primer plano maravilloso, con los soldados caminando lentamente entre la niebla. Hay varios momentos de gran belleza, pareciendo en ocasiones que estamos ante pinturas impresionistas. Me quedo especialmente con ese precioso y emotivo encuentro entre el joven soldado que encarna Robert Wagner y la muchacha a la que pone rostro Marisa Pavan.

Esa secuencia es de las pocas donde, en la primera mitad del film, se abandona la comedia para tocar la fibra sensible del espectador. Y es que 'El Precio de la Gloria' se divide en tres partes: una cómica que alcanza hasta que comienza el conflicto bélico, una dramática y una última que mezcla ambos géneros, evidenciando perfectamente que para desear entrar en combate hay que estar absolutamente chiflado.

La película, pues, pasa de una parte cómica (desmitificando al ejército norteamericano, por supuesto) a una muy dramática, en el campo de batalla; el cambio no está muy logrado. Es decir, de pronto todo es serio y trágico, de pronto estos hombres que lo estaban pasando pipa (más o menos, eso parece) se juegan la vida por una misión tan ilógica como la de 'Salvar al Soldado Ryan'. El mensaje aquí no cala demasiado y la típica escena en la que un joven soldado de pronto suelta un discursito antibelicista suena algo gratuito. Sin embargo, la presencia de Cagney y el magistral hacer de Ford impiden que el show se venga abajo.

A James Cagney, que está en su salsa, le acompaña Dan Dailey, que interpreta a Quirt, su mayor amigo/rival. Ambos se llevan toda la película peleando, compitiendo por todo, aunque se respetan y se aprecian, y en el fondo saben que se necesitan. Los dos están muy bien, bordando unos papeles hechos a la medida. La bella Corinne Calvet encarna a la mujer que se interpone entre ambos (y entre cualquiera, ¡la de ligues que tiene la muchacha a lo largo del film!). Los tres protagonizan una última secuencia muy divertida, con una partida de póker memorable. Destaca especialmente ahí el gran Cagney, borracho y desquiciado, sobreactuando como nadie. La expresión de locura que pone cuando descubre esa última carta nos recuerda a su antológica actuación en 'Al Rojo Vivo' ('White Heat', 1949).

En definitiva, 'El Precio de la Gloria' no pertenece a las grandes películas dentro de la filmografía de John Ford ni de James Cagney, pero se mantiene como una más que entretenida cinta bélica con varios momentos sobresalientes. Divertida y con su imprescindible mensajito en contra de la locura que supone cualquier conflicto armado.

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