Cuando los efectos prácticos se convierten en postres. Cómo se hizo la asquerosa (y deliciosa) cucaracha que come Dylan O'Brien en 'Send Help'

Está claro que lo que importa de verdad es el interior

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Víctor López G.

Editor

Llega un momento en la vida de todo actor con una carrera lo suficientemente larga en el que tiene que comerse algo desagradable en un set de rodaje cuando las cámaras empiezan a grabar. Hoy en día las opciones para resolver este plato de mal gusto —literalmente— son eternas, pudiendo recurrir al habitual CGI para hacer las cosas más llevaderas y menos pringosas, pero en pleno 2026 sigue sin haber nada como un buen efecto práctico.

¡Qué asco más rico!

El último ejemplo de esto lo encontramos en la divertidísima 'Send Help' de Sam Raimi, en la que una pareja de enemigos mortales —cosas del entorno laboral y las jerarquías empresariales— se ven obligados a sobrevivir en una isla desierta. Esto, por supuesto, además de desarrollar unas habilidades de crafteo dignas del mejor jugador de 'Stranded Deep', incluye alimentarse con plantas y criaturas con un aspecto muy poco apetecible

Entre ellas están la especie de cucaracha gigantesca que Dylan O’Brien, el actor que da vida a Bradley Preston, engulle después de partirla por la mitad de una dentellada. Pues bien, resulta que el bichejo no solo está creado de forma artesanal, sino que tiene toda la pinta de estar delicioso a juzgar por la lista de ingredientes que ha compartido la gente de Second Skin Studio, creadores del peculiar postre.

En una publicación de Instagram ilustrada con unas imágenes increíbles que revelan el lujo de detalle del bicho en cuestión, aparece la receta, cuyos ingredientes son los siguientes:

  • Un cuerpo de gelatina con aroma a vainilla y fresas.
  • Dos milímetros de chocolate para la parte interior del caparazón.
  • Relleno de kadayif —similar a la pasta philo—, pistacho y chocolate Dubái.

No sé qué os parece a vosotros, pero este es uno de esos casos en los que, al menos para el actor, no creo que resulte demasiado molesto dar con un director quisquilloso que te obliga a repetir la toma en la que engulles semejante manjar una y otra vez. Aunque tengas que fingir que sabe a rayos, por supuesto. 

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