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'Foxcatcher', no es oro todo lo que reluce

'Foxcatcher', no es oro todo lo que reluce
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Prolijo en perlas de incuestionable y elocuente sabiduría, el refranero español es uno de esos tesoros del castellano que sirven como muletas allí donde las expresiones normales no pueden llegar. Tanto es así y tanto pueden llegar a abarcar las innumerables sentencias de nuestro "saber popular" que la que hoy luce como titular de esta valoración acerca de 'Foxcatcher' (id, Bennett Miller, 2014) tiene validez por partida doble ya que, de una parte, define perfectamente parte de la esencia del filme y, de la otra, resume a las mil maravillas mi sentir hacia la producción estadounidense.

Con cinco nominaciones al Oscar entre las que se cuentan las de Mejor Director y Mejor Actor Principal para un irreconocible Steve Carrell, 'Foxcatcher' nos acerca a la historia real de los hermanos Schultz, dos luchadores profesionales y medallistas olímpicos en los juegos de Los Ángeles y la singular relación que se estableció entre el más joven de ellos, encarnado por Channing Tatum y John du Pont, un multimillonario caprichoso que se propuso crear un campo de entrenamiento de lucha de alto nivel para dar cobijo a los atletas de esta exigente disciplina deportiva.

'Foxcatcher', drama de andar por casa

Foxcactcher 1

Retomando el hilo de lo que discurría en el primer párrafo, atendamos primero —aunque de forma muy breve por aquello de dejar libre de spoilers el artículo— a la incidencia del "no es otro todo lo que reluce" en lo que al transcurso de la historia escrita a seis manos por Dan Futterman, E. Max Frye, Kristin Gore respecta. Un dicho que se puede aplicar de forma directa al patriota rico y consentido que es el heredero encarnado por Carrell y que encuentra, en el muy maquillado rostro del actor y en sus contenidos modos interpretativos el mejor apoyo para convertirse, por derecho propio, en el foco de atracción máximo del metraje.

De tal calibre es lo que Carrell pone en juego cada vez que su tenebroso personaje hace aparición, que termina merendándose sin mayores problemas a los muy efectivos Tatum y Mark Ruffalo, dos intérpretes que alteran para la ocasión por completo su aspecto físico y su forma de andar para adaptarlos a los de un deportista de lucha; un hecho éste que si ya resulta tremendamente llamativo en Tatum —y esos andares de mono que acarrea durante toda la película— lo hace aún más en un Ruffalo que, también nominado por su papel, cambia por completo de registro con respecto a la útlima referencia que teníamos de él por mor de la espléndida 'Begin Again' (id, John Carney, 2013).

Ahora bien, es cuando la mirada debe centrarse en todo aquello que no concierne a la terna de protagonistas, y uno ha de valorar lo que 'Foxcatcher' ofrece, cuando entra en juego de nuevo el refrán de marras para, en esta ocasión, venir a echar por tierra una cinta que, tras su impecable factura técnica no puede ocultar su talante de melodrama de tres al cuarto de rudimentaria confección y torpe avanzar que quiere hacernos creer, revestido con solemnes atavios, que puede trastocarse en un drama de muy alto nivel y alcance universal.

Foxcactcher 2

Dejemos a un lado, por ser la cualidad que lo define y por tanto entrar en el terreno de lo que podría ser más o menos asumible, el letánico devenir de sus dos horas y cuarto de duración y atendamos a esa vacua pomposidad que rodea al conjunto, a esa constante búsqueda de convertir lo anecdótico —trágico, pero anecdótico a fin de cuentas— en algo más por medio de una narrativa umbría, que se regodea en su cariz pausado y en esos diálogos de altanera enunciación pero desnudez de contenido para hacer creer al respetable que están asistiendo a una puesta en escena de raíces semi-Shakesperianas cuando lo que consiguen es obliterar cualquier posibilidad de empatía con los personajes.

Si todas estas cualidades hablan de algo es de que 'Foxcatcher' no deja de ser una película del montón —y poco me importa el galardón de Cannes— que si se ha colado en la selección de los nominados a los Oscar del 2014 es debido a esa falta de miras que en muchas ocasiones parecen aquejan los miembros de la Academia; esos que se muestran completamente incapaces de valorar el trabajo de, qué sé yo, ¿Christopher Nolan en 'Interstellar' (id, 2014)?, y prefieren dar pábulos a filmes como éste, que difícilmente serán recordados toda vez pase la vorágine de la ceremonia del próximo 22 de febrero.

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