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'Indiana': una historia intimista de fenómenos paranormales más centrada en los personajes que en el terror
Críticas

'Indiana': una historia intimista de fenómenos paranormales más centrada en los personajes que en el terror

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Nota de Espinof

El origen de 'Indiana' despeja muchas dudas acerca de la extraña naturaleza de su enfoque, una historia intimista de personajes y escenarios, ambientada en el mundo de las posesiones demoníacas y las casas encantadas, pero que no pretende causar inquietud en el espectador, sino más bien emitir cierto mensaje reconfortante. Ese origen está en la primera encarnación del proyecto como documental.

Es de ese documental inconcluso de donde proceden las imágenes que abren y cierran 'Indiana': declaraciones, hablando a cámara, de gente que ha entrado en contacto de un modo u otro con manifestaciones muy diversas de un vago más allá. Desde un sacerdote que explica las características de un exorcismo real, alejado de lo que conocemos por el cine, a los testimonios de familias enteras atormentadas por poltergeists.

Los dos protagonistas de Indiana, Michael (Gabe Fazio) y Josh (Bradford West), son un par de investigadores paranormales que recorren el país auxiliando a quienes dicen haber tenido contacto con el más allá. Pero no llevan mochilas de protones ni aparatosos coches de funeraria para trasladarse: la mayoría de las veces su labor está más cerca de la consulta psicológica, de saber sentarse y escuchar a quien cree que ha tenido un contacto con los seres queridos que han fallecido.

El conflicto que plantea 'Indiana' es que Michael, espectacularmente interpretado con Fazio con una encarnación melancólica y llena de sutiles matices, quiere dejar el trabajo y abandonar a su compañero, un redneck más voluntarioso que genuinamente útil. Ambos son el reflejo perfecto de una América profunda que no necesita espíritus ululantes y que arrastren cadenas para dar miedo, porque sus fantasmas son de otro tipo.

Espectros invisibles

El español Toni Comas firma aquí su segunda película como director, tras colaborar también como coguionista en la también muy interesante 'Bag Boy Lover Boy', de Andrés Torres. Con una sensibilidad propia del cine independiente norteamericano, Comas sabe que buena parte de la personalidad de su pequeña epopeya que no va a ninguna parte está en los personajes y en los escenarios, pero también en los silencios que los rellenan y los espacios que hay entre ambos.

La decisión más sencilla e inteligente que toma 'Indiana' es la de nombrar abiertamente, desde el primer momento, a los fenómenos paranormales (posesiones, exorcismos, fantasmas, casas encantadas). Pero, al mismo tiempo, no se posiciona abiertamente con respecto a ellos, y no corrobora la existencia de ningún hecho inexplicable. Aunque todos los presentes crean en los mismos, lo que genera una atmósfera enrarecida y opresiva: pese a las caricaturas y el histrionismo, la miseria y la incultura, todo el mundo hace referencia a una serie de fenómenos que el espectador no puede ver, en coqueteos con el lenguaje fantástico que producen una peculiar y agradable frustración al no llegar nunca a ceder a los tópicos del género, pese a presentar puertas que chirrían, pasillos oscuros y muñecas de expresión rígida.

Indiana 2

La fenomenal ambientación creada por Comas se refuerza con un empleo del sonido naturalista pero muy bien tratado, rebosante de relajantes pero, a la vez, algo asfixiantes sonidos-ambiente de la nada absoluta. Y también con una fotografía espectacular de Anna Franquesa Solano, que pone el acento en las texturas del escenario y en los paisajes desoladores de la Indiana del título. Gracias a su trabajo, la película culmina con una escena de atmósfera pictórica, absolutamente irreal, y donde confluye la segunda línea argumental de la película, en la que un anciano desesperado (Stuart Rudin) acomete una terrible venganza.

Es ahí, en el cruce de caminos entre un acto físico terrible, casi irreal, y la actitud contagiosamente objetiva de los dos cazafantasmas al afrontar hechos que quizás no existen, donde Toni Comas encuentra el sentido y el mensaje de la película. Una producción única y que no necesita dar demasiadas explicaciones, críptica como su protagonista pero al final, extrañamente luminosa pese a las tinieblas en las que están bañadas sus imágenes.

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