'El agente secreto' es una lección de cine inabarcable que no pide permiso ni perdón. Una auténtica maravilla que rompe cualquier expectativa que tengamos sobre ella

'El agente secreto' es una lección de cine inabarcable que no pide permiso ni perdón. Una auténtica maravilla que rompe cualquier expectativa que tengamos sobre ella

Wagner Moura protagoniza una de las grandes películas de la temporada. Y no es un decir: es realmente tremenda

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Randy Meeks

Editor

'El agente secreto' es inabarcable. Quiero empezar por aquí, para dejar claro que esa inevitable sensación que algunos tenemos al verla de no poder aprehender todo a la primera es perfectamente lógica, normal e incluso buscada: es una película compleja, con decenas de personajes y que une sus puntos al final de una manera fantástica, tras unas set pieces magníficas, paseos por el tiempo y un guion que traspasa las barreras del thriller para convertirse en una película única que, desde luego, no te va a dejar indiferente. 

Un Brasil sin samba

La primera escena de la película de Kleber Mendonça Filho, al que conocerás (espero) por la fantástica 'Bacurau', es toda una declaración de intenciones: una especie de western brasileño con la tensión por todo lo alto en la que cada plano, perfectamente confeccionado, cuenta una historia. A partir de esta escena, la película nunca deja de volar libre, rompiendo cualquier expectativa que tengas sobre ella (especialmente si esperabas una cinta de espías por el título) y dejando que su contexto político permee cada vez más. Porque esta es una película profundamente política (que no es lo mismo que "aburrida"), que hace una dupla perfecta con 'Aún estoy aquí', el éxito venido de Brasil el año pasado que ya ganó el Óscar a Mejor Película Internacional. 

Los momentos fabulosos de 'El agente secreto' son incontables. Prácticamente cada escena es excelsa en cuanto a dirección, guion, actuaciones y aspectos técnicos, permitiendo que la cámara viaje libre de aquí para allá contando diferentes historias que se entrecruzan: una venganza, un amor perdido, un hijo sin padre, una matanza sin sentido, una revolución política destinada al fracaso, una pierna comida por un tiburón (que después, al más puro estilo del cine de serie B, llega a atacar a los viandantes)... Bajo la excusa de un hombre amenazado  de muerte se abre un abanico infinito repleto de aristas. Y eso es lo más fascinante de la película: nunca, en ningún momento, se conforma.

Con un estilo muy particular, Filho no da puntada sin hilo ni permite que los personajes se queden en la mera curiosidad: ya sea un niño obsesionado con ver 'Tiburón' o una dueña de apartamentos fervientemente revolucionaria, todos tienen su propio arco, peculiaridades propias y no se quedan en el simple retrato a mano alzada. Es tan exhaustiva en todo lo que hace que, cuando pasan los títulos de crédito, me sentí tan satisfecho como derrengado por este chorro de cine puro que se muestra durante 2 horas y 40 minutos sin pedir permiso ni perdón. 

¿Qué dice el agente?

Durante este largo (pero necesario) metraje, al director le da tiempo no solo de mostrarnos un solvente thriller y maquillarlo con humor absurdo y personajes complejos, sino también a hablar del trauma intergeneracional y cómo conversa con la actualidad. Este trauma ante la pérdida de un ser querido, que se se repite a lo largo de las décadas, lleva a una de las mejores escenas del año, en la oficina de registros, donde demuestra que no hacen falta efectos especiales de élite para causar tensión inmediata en el espectador. A veces, cuando una película está bien construida, basta con gritar un nombre para helar la sangre. Simplemente espectacular.

Debo reconocer que, pese a las críticas altamente positivas y que hace un papel exquisito, la de Wagner Moura, que compone un personaje marcado por la pena, la paranoia y también cierta esperanza por el futuro, no me parece la mejor interpretación del año (siendo, conste, justo nominado a los Óscar). ¿Es esta la única pega que le puedo poner a 'El agente secreto'? Prácticamente. Es cierto que la suma del total no me parece tan impactante como las escenas por separado, pero es tan solo una percepción personal y en nada afecta al visionado de una película repleta de actores que hacen pura magia con sus personajes, transformando un guion ya de por sí potente en gloria audiovisual, una lección de cine donde sus responsables parecen incapaces de meter la pata.

La película se abre a nosotros con un festival de color visualmente arrebatador: los riesgos que 'El agente secreto' toma en la dirección de fotografía y el arte salen impolutos del experimento. Se aleja absolutamente de la planicie visual imperante y se sumerge en su propio mundo, convirtiendo cada escena en algo creíble, táctil, real. No hay nostalgia por esta era oscura de Brasil, pero el director sí deja un hueco para hacer un sonoro homenaje a aquellos cines de antaño de pantalla gigantesca y películas que podían durar años en cartel, en cuyas cabinas podía ocurrir cualquier cosa. Como digo, 'El agente secreto' es inabarcable... pero eso es una buena noticia. Nos dará la excusa de volver a ella una y otra vez.

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