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'Mesas Separadas', talentos reunidos

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En una reciente tertulia entre amigos de las que se producen los sábados por la noche en una cervecería hasta altas horas de la madrugada, tratamos de recordar aquellas películas en las que un hotel tuviera especial importancia. Salieron bastantes títulos, algunos de ellos muy famosos, otros no tanto, e incluso acabamos derivando y divagando sobre aquellos films en los que los hoteles ya no eran tan importantes. A pesar de que puede haber películas mejores, todos hicimos una pausa cuando se nombró 'Mesas Separadas', que muchos cinéfilos recientes recordarán porque fue uno de los títulos que Garci emitió en su tristemente desaparecido programa de televisión dedicado a descubrirnos joyas del Cine. ¿Y por qué? todo aquel que ha visto la película, y que haya disfrutado con ella por supuesto, coincidirá con los demás en que el final de la misma es uno de los más grandes finales que se hayan visto jamás en una película, de una emotividad asombrosa que mezclado con la sensacional banda sonora de David Raksin dan unas ganas tremendas de levantarse y gritar ¡¡¡¡Diosssss, qué grande es el Cine!!!!!!

La película sigue el típico esquema de distintos personajes todos reunidos en un hotel y cada uno con su respectiva historia, alguna de las cuales se entremezcla con la de otros personajes. Desde que el gran Edmund Goulding sorprendiera a todo el mundo con su oscarizada 'Gran Hotel', todas las demás películas de idéntica índole no se han apartado ni un ápice del mencionado esquema. Hacer ahora un resumen de cada historia sería absurdo y sinceramente no hace falta. Teneis de todo, la vieja pareja de enamorados que vuelven a verse después de que cada uno haya sufrido lo suyo, el viejo veterano de guerra contando sus batallitas, las viejas chismosas, los jóvenes amantes que tiene que andar a escondidas, la directora del hotel poniendo orden en todo y enamorándose de uno de sus clientes, etc.

'Mesas Separadas' es una reunión de un sinfín de talentos cada uno sabiendo muy bien lo que hace. Para empezar, un preciso guión de John Gay que basándose en la obra teatral de Terrence Rattigan, realiza un conciso guión perfectamente estructurado donde cada cosa está en su sitio. Así pues tras la conveniente presentación de personajes se nos presenta de forma magistral todos los conflictos que envuelven a dichos personajes hipnotizando al espectador de tal manera que éste no despega el ojo de la pantalla hasta saber el desenlace. Y lo que es mejor, no cae en ningún momento en el folletín.

Podríamos continuar con su esplendoroso reparto en el que se dan cita grandes estrellas de la época. Burt Lancaster, demostrando una vez más lo excelente actor que era, capaz de cambiar de expresión en menos de un segundo cambiando totalmente el significado de cualquier escena. Atención al primer momento en el que se encuentra con el personaje de Rita Hayworth. Dicha escena, demostración palpable de lo que es y debe ser un buen guión es uno de los puntos de inflexión de la historia y ambos actores están extraordinarios. Por cierto, la Hayworth sale increiblemente guapa en un personaje mezcla de mujer fatal y al mismo tiempo frágil. La siempre maravillosa Deborah Kerr en un papel inusitado, la de hija demasiado protegida y absorvida por su posesiva madre. La actriz está encantandora desprendiendo la inocencia que el personaje requiere. Rod Taylor cuando aún no eran tan famoso tiene un pequeño papel y puede que sea el más insignificante de todos, de hecho podrían habérselo ahorrado. Citar cómo no a dos grandes secundarias como lo fueron Wendy Hiller y Gladys Cooper aportando todavía más calidad al conjunto.

Pero si hay alguien que se merece todos los piropos habidos y por haber en esta película es David Niven, un actor que nunca estuvo entre los grandes grandes, pero tuvo su lugar de honor en el Séptimo Arte y bien merecido, pocos hubo tan elegantes como él. El actor está increíblemente maravilloso en su personaje, el Mayor veterano de Guerra con un terrible secreto. Niven ganó un más que merecido Oscar por su interpretación, una de esas interpretaciones que por más que pueda deshacerme en elogios hacia ella creo que siempre me quedaría corto. Hay que verlo, y cómo no, sentirle en ese impresionante final que es la guinda perfecta para el film.

Una gran plícula dirigida con una gran elegancia y sensibilidad por el televisivo Delbert Mann que en ese año, 1958, y gran parte de los 60, destacaría bastante en Cine. Atención al travelling inicial y final del film, son prácticamente el mismo pero cuán disinta es la sensación en cada uno. Good morning...

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