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Películas ridículas: 'Transformers. La venganza de los caídos'

Películas ridículas: 'Transformers. La venganza de los caídos'
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Cuando Steven Spielberg (cuya fantástica carrera está siendo analizada por mi compañero Adrián Massanet) vio en pase privado ‘Transformers: La venganza de los caídos’, inevitable secuela de la floja pero millonaria ‘Transformers’, dijo que era la releche, sin duda la mejor película de Michael Bay. Sólo se me ocurren dos explicaciones posibles a semejante sentencia. Una, que Spielberg, siendo productor del evento, defiende lo suyo, pero me extraña, ya que otras veces ha hablado mal de alguna de sus películas, además Bay ha estado más inspirado en títulos como ‘La roca’ o ‘Armageddon’ (films que pierden con el paso de los años, pero que el carisma de sus intérpretes nos hacen situarlos como la cima de la carrera de Bay). La segunda opción es pensar que en ese visionado, además de la película, tuvieron mucha bebida para amenizar la proyección, y simplemente vieron lo que se ve en las fotos que acompañan este texto.

Sea como fuere, servidor no se esperaba que Bay fuera capaz de hacerlo todavía peor que en el anterior film. El injustamente maltratado cine de acción tiene el handicap de poseer a gente como Bay, auténtico terrorista del entretenimiento, que confunde espectacularidad con aparatosidad, y el artificio es la marca de la casa, más mil planos por segundos, lo que suele ser confundido con ritmo. Pero creo que Bay jamás había llegado a unos niveles tan vergonzosos como los de la presente película, que curiosamente es, de momento, la más taquillera del año a nivel mundial, lo cual indica el enorme poder de promoción de la productora, a lo que hay que añadir la enorme habilidad para llamarnos idiotas.

El argumento de ‘Transformers: La venganza de los caídos’ no merece la pena ni ser mencionado. De hecho, éste no es más que un refrito de la primera entrega, queriendo abarcar muchas más cosas. Un par de justificaciones para que haya una excusa mínima, un pequeño amago de historia, que llene durante más de dos horas eternas un film que pretende ser el no va más en cuanto a efectos visuales, su única baza realmente potente, amén de dos señoritas de muy buen ver, aunque con las mismas aptitudes para la interpretación que las de una cafetera. En verdad la película es un completo sufrimiento (algunos lectores asiduos de este blog, como POL, la consideran un insulto a la inteligencia del espectador), pero hay en ella, unos cuantos elementos de lo más delirante, que hacen que uno, en un esfuerzo sobrehumano, pueda hasta disfrutar de semejante ensalada pirotécnica.

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Michael Bay demuestra una vez más ser un experto en marear al personal. Su sentido del ritmo se limita a componer un collage de escenas llenas de planos saturados que componen set pieces alocadas y aparatosas, estropeando todo el ritmo interno del film. ‘Transformers: La venganza de los caídos’ no avanza con coherencia, lo hace a trompicones, uniendo escenas que se suponen espectaculares, sin ningún tipo de límite. El objetivo de Bay, y me cuesta creer que el de Spielberg también, es el de dejar literalmente lobotomizado al espectador, con su continua explosión de imágenes que nos son más que excusas para lucir unos efectos visuales tan perfectos como mal utilizados (éstos deberían estar al servicio de la historia y nunca al revés). Y a pesar de que lo llamativo en un film de acción son precisamente las escenas espectaculares (aquí malentendidas por lo dicho), la historia tampoco necesita ser la quintaesencia de las tramas argumentales, pero tampoco una que sea de vergüenza ajena.

Aún así, Bay se las ingenia para dejar bien impreso su estilo, en cuanto a sus inquietudes personales se refiere. Este hombre está obsesionado con el fin del mundo y con los meteoritos (hay momentos en los que la película parece ‘Armageddon’), pero sobre todo su discurso sobre el ejército es cada vez más evidente y desvergonzado. La exaltación de las fuerzas armadas nunca ha sido tan descarada y auténtica como en ‘Transformers: La venganza de los caídos’, y con ello un repaso a sentimientos básicos derivados de esa exaltación: el compañerismo, la camaradería, la responsabilidad, el deber y el AMOR a los Estados Unidos de América (ya podéis sentaros). Es tal su ferviente admiración a los cuerpos de élite, que por momentos se nos olvida que estamos viendo una película sobre robots gigantes.

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A Bay no le basta con crear situaciones delirantes, sobre todo visualmente, por lo ridículas que resultan, como toda la parte final en Egipto (la secuencia sobre las pirámides alcanza momentos surrealistas), además tiene que bañar la historia con un humor chusquero que en más de una ocasión deja de piedra. Sirva como ejemplo el robotejo pequeño que secuestran los protagonistas y que, descubriendo asombrado que se puede cambiar de bando, coge por banda la pierna de Megan Fox y le hace lo que mi perro hace a todos los que entran en mi casa, como señal de bienvenida. ¿Eso es un chiste? Evidentemente, pero sin gracia como chiste. Uno se ríe de la estupidez de la propuesta, banal y absurda, como muchas otras incursiones del film en el campo de la comedia (recordemos, uno de los géneros más difíciles de hacer).

Shia LaBeouf sigue siendo uno de los jóvenes más prometedores del actual panorama estadounidense, pero que no se centre tanto en películas de este tipo porque el chaval tiene talento, aunque aquí éste se limite a correr y correr, y de vez en cuando gritar o gesticular de forma histriónica (el momento en la Universidad en el que asegura que Einstein se equivocaba también forma parte de los momentos más delirantes de la película). Su falta de feeling con Megan Fox los convierte en una pareja imposible, en la que Beouf sale ganando por poseer un mínimo de carisma, y también porque sorprendentemente sale más en pantalla que ella, aunque cuando ella hace acto de presencia… Fox tiene unos ojos muy bonitos (las demás partes de su cuerpo me conformo con imaginármelas), y Bay la mima con la cámara, sacando siempre el mejor de sus lados o la mejor de sus poses. Eso sí, aquí le ha salido una dura competidora, una tal Isabel Lucas, que en un personaje que parece un homenaje a la saga Terminator, intenta cepillarse (en todos los sentidos) al pobre Beouf, impresionado por la vida universitaria.

El desmesurado éxito de la película hará que sus responsables se pongan manos a la obra con una tercera entrega, aunque es muy probable que hasta el 2012 no vea la luz. Menos mal, tenemos unos tres años para disfrutar de la tranquilidad existente cuando un film de Michael Bay no se estrena.

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