'Si pudiera, te daría una patada'. Un brillante ataque de ansiedad de dos horas con una Rose Byrne más que digna de Oscar

'Si pudiera, te daría una patada'. Un brillante ataque de ansiedad de dos horas con una Rose Byrne más que digna de Oscar

El mejor cine es, en muchas más ocasiones de las que nos gustaría, el más complicado de digerir

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Víctor López G.

Editor

No seré yo quien niegue la mayor y reivindique el séptimo arte como un medio infalible para evadirse de una realidad que, tal y como ha demostrado el terrible arranque de 2026 —ojo, porque solo llevamos 20 días de año—, está siendo especialmente funesta y desalentadora. Pero, como toda moneda, el cine tiene un anverso mucho menos agradable e inclinado hacia el escapismo más amable y ligero.

Esta otra cara es la que nos invita a sentarnos frente a la pantalla para pasar el peor rato posible, agobiándonos hasta la extenuación mientras paladeamos los horrores más mundanos potenciados hasta límites insospechados; algo que los hermanos Safdie han hecho tan bien con bombas de la talla de 'Good Time' o 'Diamantes en bruto' y que Mary Bronstein ha clavado con su nuevo largometraje.

Con 'Si pudiera, te daría una patada', la realizadora ha dado forma a lo que podríamos calificar como un ataque de ansiedad de dos horas de duración. Una pequeña joya que vuelve a demostrar el buen ojo de A24 a la hora de seleccionar proyectos —ya sea para producir o distribuir— y que ha aterrizado sin hacer ruido en nuestras salas de cine después de un fantástico recorrido por el circuito de festivales.

Gloriosa asfixia 

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Puede que la gran virtud de la película radique en su particular dualidad tonal. Vendido como una comedia negra, el relato hace gala de un sentido del humor oscuro, retorcido e incómodo que, en última instancia, termina ocupando una superficie bajo la que se esconde una historia durísima sobre la maternidad, el rol de la mujer en las dinámicas familiares y las crisis existenciales. Carne de cañón para los más aprensivos. 

Por supuesto, nada de esto funcionaría sin tres pilares fundamentales que, en esta ocasión, hacen gala de una firmeza envidiable y que comienzan por el libreto firmado por la propia Bronstein. El guion, además de gozar de un ritmo implacable, recoge una colección de diálogos que se convierten en auténticas armas arrojadizas en manos de Rose Byrne, que perfila la mejor interpretación de su carrera, condecorada con el Globo de Oro, en un tour de force agotador —en el mejor sentido de la palabra—.

Cerrando esta santísima trinidad, casi a la par del logro de Byrne, se eleva un tratamiento de cámara y una puesta en escena impecables e impulsado por el director de fotografía Christopher Messina, que nos pega a la protagonista en todo momento, comprimiéndola en el espacio a través de la profundidad de campo y los encuadres claustrofóbicos para que sintamos a flor de piel su angustia. Sin duda, uno de los grandes trabajos de la temporada. 

'Si pudiera, te daría una patada' está destinada a pasar sin pena ni gloria por la taquilla de todo el mundo —su paso por salas estadounidenses superó por la mínima el millón de dólares—, pero demuestra que el mejor cine es, en muchas más ocasiones de las que nos gustaría, el más complicado de digerir. Eso y que Rose Byrne tiene muchísimo que ofrecer más allá de carcajadas a mandíbula batiente.

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