'Remake', Dios, no quiero ver la original

'Remake', Dios, no quiero ver la original
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Esta fue la segunda película que no había visto de las que encontré en el videoclub el pasado domingo, y después de habérmelo pasado estupendamente con 'Public Enemy', me tragué esta producción patria dirigida por Roger Gual, firmante de 'Smoking Room' que yo no he visto, ni ganas me han quedado después de sufrir durante una hora y media esta pretenciosidad que no hay por donde cogerla y que adolece de todos los insoportables tics que hacen que muchas de nuestras películas sean rechazadas, por lo menos por un servidor, y es que ya estoy hasta las narices de lo de siempre, da la sensación de que por aquí sólo sabemos contar historias sobre un mismo tipo de personajes que fácilmente podrían intercambiarse con los de otras películas españolas.

El argumento de 'Remake' simplemente no existe, un grupo de adultos gilipollas se reúnen con su hijos, más gilipollas todavía, durante un fin de semana para en principio pasarlo bien, hasta que empiezan a decir tonterías a cada cual más estúpida mientras recuerdan cómo les fue la vida a los más maduros, y los jóvenes piensan en cómo será su futuro. Por el medio descubren que nadie está preparado para ser padre, y que todas las generaciones cometemos las mismas estupideces.

El título de 'Remake' es para representar precisamente eso. Los hijos descubren que sus padres cometían locuras y que no fueron tan inteligentes como ellos mismos hacían ver o creer. Y la historia se repite años después, tanto por el descubrimiento de los hijos acerca de sus padres, como éstos últimos intentando reverdecer viejos laureles. O sea, una revisión de sus vidas, un remake mire cómo se mire. Afortunadamente no hay primera versión de esta película y esa es lo mejor que se puede quitar en limpio después de su visionado. El pensar que podría haber otra película contando los inicios de esta pandilla de idiotas es algo que no me dejaría dormir por las noches.

Roger Gual se olvida por completo de lo que es la progresión dramática, ya que ésta no existe por mucha secuencia de sinceridad inesperada que haya entre algunos de sus personajes en un momento dado de la película. Tampoco debió estudiar aquello de la curva del personaje, ya que ninguno evoluciona lo más mínimo, y al cabo de un rato pierden total interés. Y lo tenía fácil. Sólo tenían que pasarlos de imbéciles a normales, o bajar a más imbéciles todavía, pero no, los dejó como al principio. Por otro lado abusa, sobre todo al principio de la cinta, de los primerísimos planos de todos los actores. O sea, como no los tragamos por cómo son, nos acerca a sus caretos provocándonos verdaderas naúseas. Si, ya sé que el director no tiene porqué hacer simpáticos a sus personajes, pero sí deberían sernos interesantes y aquí ninguno de ellos lo logra, y además nos da igual todo lo que hacen.

Respecto a los actores es que no sé por cual empezar. Todos están insoportables. Desde Juan Diego, cuyo personaje está totalmente desdibujado y sus motivaciones están mal explicadas, pasando por Eusebio Poncela que no sabe hacer otra cosa, Silvia Munt, Mercedes Morán, hasta llegar a Marta Etura, actriz que a mí personalmente me encanta pero que en este film me ha decepionado enormemente. Toda la frescura que Etura suele transmitir a sus personajes aquí no la hay por ningún lado. Una pena. Eso sí, salvaría de la quema, y sin emocionarnos demasiado, a Alex Brendemühl, quien interpreta al más tonto de todos, pero hay cierto encanto en ese personaje.

Un film espantoso, casi absurdo y que no da nada de lo que ofrece. Ya su trailer no tenía buena pinta. Una prueba más de la pobreza mental de algunos autores de los llamados nuestros. La película no ha hecho una buena taquilla y hace poco ha salido en dvd. El videoclub en el que la alquilé y que presume de ser el más grande de toda Galicia (imaginaos sus dimensiones) tiene sólo una copia. Es de las pocas. No me extraña.

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