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'Somewhere', perdido en la abundancia

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¿Quién es Johnny Marco?

Casi un año después de pasar por los cines de varios países europeos (puede comprarse por menos de 7 euros en Amazon), el pasado viernes se estrenó estrenó en España ‘Somewhere’, la cuarta película de Sofia Coppola, galardonada con el León de Oro del Festival de Venecia 2010. Debió ser una edición mediocre la del año pasado si éste era el mejor trabajo que competía en la sección oficial, o quizá el jurado (presidido por Quentin Tarantino) quiso ir de especial y de compasivo apoyando el cine más desvalido y endeble, que no destacara por sus propias virtudes, a fin de cuentas en la mayoría de las ocasiones participar o ganar en festivales no es más que publicidad, un empujón justo para llamar la atención (y una inyección de ruido y dinero para una ciudad). Teniendo en cuenta que se presentaron obras como la contundente ’13 asesinos’ o la cautivadora ‘Cisne negro’, y que Álex de la Iglesia fue premiado por el guion y la dirección de una película tan torpe como ‘Balada triste de trompeta’, me inclino más por la segunda teoría. Un disparate el palmarés de la Mostra 2010, en cualquier caso.

‘Somewhere’ gira en torno a Johnny Marco (Stephen Dorff), una estrella de Hollywood que lleva una vida de excesos en el famoso hotel Chateau Marmont de Los Angeles, con todo el dinero del mundo, las mujeres a sus pies y mucho tiempo libre para fiestas, sexo y borracheras. Y sin embargo, es un hombre solitario, aburrido, cansado, desorientado, apagado. Se diría que no le falta nada, que tiene acceso a todo, pero debajo de la superficie no hay nada, Johnny se siente vacío, un estado del que solo puede escapar cuando se entrega a distracciones que satisfacen sus impulsos a corto plazo. Pero se despierta al día siguiente y nada ha cambiado en su interior. Un día su ex, con la excusa de una crisis personal, le deja temporalmente al cuidado de la hija de ambos, la adolescente Cleo (Elle Fanning). La chica, prácticamente una desconocida para su padre, supondrá una inyección de luz, diversión y alegría en la gris existencia de Johnny, y éste comenzará a plantearse realmente qué está haciendo y a dónde quiere ir.

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Puede que el punto de partida anime a mucha gente a ir a ver ‘Somewhere’, seguramente buscando algo parecido a lo que ofrece Tom Hanks con su ‘Larry Crowne’, pero conviene destacar que estamos ante una de esas historias en las que, como suele decirse, “no pasa nada”. Ya sabéis, personajes inexpresivos, miradas al infinito, tomas estáticas que duran más de lo habitual, escenas cotidianas, pocos y simples diálogos, comportamientos que no parecen tener ninguna lógica, situaciones repetidas, silencios… Es una película de esa clase. Coppola no está interesada en una narrativa convencional, en tener entretenido al espectador o contar una de esas típicas historias de redención barata, todo eso le da igual, lo que pretende es crear ambiente y plasmar, con lo mínimo, ese insustancial y monótono día a día del protagonista, atrapado en una existencia sin rumbo. De hecho, la película empieza con una metáfora muy simplona que viene a decirnos tal cosa, una escena en la que vemos a Johnny dar vueltas con su Ferrari, pasando varias veces por delante de la cámara, como si estuviera en un pequeño circuito cerrado.

Es mucho más interesante la relación que se establece entre la profesión y la vida que tiene Johnny, dando lugar a la potente imagen que encabeza esta crítica. No soy yo nadie para decirle a Sofia Coppola qué tendría que haber hecho con su película, pero si me hubiera consultado (todos pensamos que los demás necesitan nuestros consejos, ¿cierto?), le habría instado a seguir por ese camino, por explotar cómo se altera y se degrada la vida del protagonista al seguir el juego de la industria y los medios. Aunque ha declarado que no se trata de una película autobiográfica (parece obvio, su padre no tiene pinta de parecerse mucho al padre de Cleo), la directora tira de experiencias personales para crear esta burbuja en la que queda atrapado el protagonista, acomodado en un mítico “castillo” (símbolo de privilegio y estancamiento). ‘Somewhere’ funciona mostrando la abismal diferencia que hay entre la máscara pública y la verdadera esencia de este hombre, que no tiene nada de especial. Pero lo han elegido, es famoso, admirado y deseado. Una moda, una farsa. La sesión de fotos, la rueda de prensa, la ceremonia de premios, sus relaciones con las mujeres… una rueda de acontecimientos que han perdido valor y sentido para el protagonista.

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La soledad, el vacío existencial del personaje se traza con crudeza y precisión, pero Coppola cae en el error de subrayarlo. Se podía haber plasmado lo mismo en mucho menos tiempo, sin recurrir a situaciones que inciden en las mismas ideas (¿eran necesarias todas las partidas en la Wii o la de ping-pong?) ni tanta parsimonia mostrando algo que no requiere más que un vistazo, sin que aporten nada todos esos segundos de más que dura el plano; la escena de Johnny y Cleo tomando el sol mientras la cámara se aleja está exagerada gratuitamente (si se quería reflejar la paz de ambos bastaba con ese momento en el que oyen juntos una canción). ‘Lost in Translation’ también hablaba de la soledad, el hastío y la desorientación, y también iba de un triste actor que comparte unos días con una chica joven (el interés no es el mismo, pero el efecto es similar), y también era “lenta”, la cámara se quedaba embobada con los actores sin que éstos hicieran nada especial, pero había frescura, sugerencia e ideas por explotar, los personajes tenían mucho que decir aunque no dijeran nada. Eran retazos de algo grande, y queríamos ver más. Aquí hay poco y uno se cansa de mirar.

No comparto en absoluto la fascinación que sienten algunos (unos de verdad, otros por aparentar) hacia los tiempos muertos en el cine, creo que un cineasta tiene la obligación de aportar algo con cada instante, que cada plano debe importar, porque lo más fácil es enfocar algo y dejarlo ahí, y que el espectador mire y entienda lo que le dé la gana, haya algo qué mirar o no; no veo qué mérito tiene hacer algo que puede hacer cualquiera. Eso sí, los actores salen beneficiados de la manera en la que trabaja Coppola, dejando escenas de mínimo contenido tanto tiempo, pues tienen el lujo de poder vivir relajada y naturalmente la ficción, de dejarse llevar, sin decir o hacer nada que no sientan que sale de dentro. Stephen Dorff se ve muy cómodo con el personaje de Johnny Marco, y lo hace suyo sin esfuerzo aparente. Elle Fanning confirma que es una de las actrices más valiosas y prometedoras del momento, está perfecta y tiene una escena maravillosa en la que cuesta no emocionarse; tiene algo especial esta chica, es capaz de coger una escena de lo más corriente y hacerla brillar. Por lo demás, cabe destacar la breve participación de Michelle Monaghan, Alden Ehrenreich (el joven protagonista de ‘Tetro’) y Benicio del Toro, que apenas tiene un cameo de unos segundos.

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