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Ángeles González-Sinde debería dimitir

Ángeles González-Sinde debería dimitir
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Eso es lo que creo. Y lo creo sinceramente. Aunque sé que no va a hacerlo. Pero no lo creo porque le tenga especial manía a González-Sinde como personaje mediático, aunque soy plenamente consciente de que mucha gente le ha cogido manía y la cosa no va a cambiar. Una manía, o un desprestigio, que se ha labrado ella misma, pues cada vez que habla, como se suele decir, “sube el pan”. Esto es un talento que en una estrella de la tele-basura suele ser muy valorado, pero en toda una señora ministra, la gente se lo toma muy a mal.

Tampoco creo que deba dimitir por el hecho de que, a mi modo de ver, una directora de cine, o directora-guionista como es su caso (aunque no reviste mucha diferencia), jamás debería meterse a ministro. Sencillamente, si yo fuera cineasta, nunca consideraría la posiblidad de hacerlo, y esto por un millón de razones, la primera de ellas que no hay nada más alejado de un (supuesto) político que un (supuesto) artista. Lo de la Dirección Genral de Cinematografía es algo más comprensible, pero ésta la lleva un animal político (que desde que ha cogido el puesto ha dejado de merecerme respeto), Guardans, el cual era el idóneo para el ministerio. En teoría…

Si piensan que creo que debería dimitir porque es una cineasta con muy escaso crédito artístico al frente de todo un Ministerio de Cultura, se equivocan nuevamente. Aunque, en efecto, González-Sinde es el prototipo de cineasta de culto en el Nuevo-Nuevo-Cine Español (término acuñado por mí en este instante, no se vuelvan locos), ese que habla de temas aparentemente nuevos como si estuviéramos todavía en los años 60. Esto es, con una teatralidad y una caspa que el espectador medio español, que es más exigente de lo que parece, tiene superado hace mucho, a la espera de un cine algo más vigoroso. Había cineastas de más fuste que ella para ser candidatos al puesto, aunque sospecho que, precisamente por ser cineastas de fuste, no se hubieran parado un momento a reflexionar, y hubieran dicho que no al instante.

Y por último tampoco creo que deba dimitir por el hecho, incontestable, de que es la peor ministra de cultura de la historia de la democracia española. Pero lo es, y no sólo porque está muy claro que el cargo le queda grande, si no porque tenemos una larga lista de infaustos ministros de cultura, y creo que estamos lo suficientemente curados de espanto como para distinguir este tipo de desastres. La cultura nunca ha sido un factor especialmente valorado por los españoles, seamos francos, pero con estos gobiernos terminan de rematar la labor, de la mano del catolicismo, el buenrollismo y la picaresca tan típicamente españoles. Todos a una, de la mano.

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La razón fundamental por la que creo que debería dimitir, es, sinceramente, porque no está haciendo su trabajo. Otras cosas sí, pero su trabajo me parece que no. Problemas siempre va a haber en una cartera tan compleja como cultura, y más aún en una industria tan compleja como la cinematográfica en este país. No es culpa suya que haya problemas. Tampoco es culpa suya que no se solucionen, o que no se solucionen todos, porque el ambiente es un verdadero lodazal de desinformación y de intereses abyectos contrapuestos. Pero lo que es intolerable es que ella origine más problemas. Si yo, en lugar de hablar de cine en Blogdecine, hablara de mis vivencias con los gatos de la vecina, pues no estaría haciendo mi trabajo. González-Sinde está inmersa en una dinámica aún peor.

Y no, no voy a decir ahora que muchas de las ideas y de las propuestas de esta ministra van en contra del sistema de derecho, de la libertad individual, o de la democracia en suma, como hacen muchas webs y dejan por escrito muchos analistas y aficionados. Porque, en realidad, lo que muchos quieren, no es una democracia (el gobierno por y para el pueblo), sino una oclocracia (el gobierno por y para la muchedumbre o la plebe). Es decir, el “todo gratis”, el “todo vale”, en virtud de una supuesta libertad ciudadana. No me convence ni lo uno ni lo otro, yo tiro más por el anarquismo, la desaparición de todo poder, pero aún en un supuesto anarquismo pienso que los más inteligentes deberíamos proteger a los artistas.

Yo sólo quiero una ministra (ya que tengo que tragar, al menos de momento, con eso de que haya ministros, presidentes, alcaldes, diputados, y todas esas falacias) que haga lo que se supone que le pagan por hacer, y no otra cosa, o lo contrario a aquello. Que no intente contentar a todos con una sonrisa de circunstancias mientras responde con una altivez que le deja a uno atónito. Ya fue, a mi parecer, una pésima Presidenta de la Academia (ahora de la Iglesia se está esforzando en superarla…cosas del puesto), y podría haber sido, como está resultando Guardans, una pésima Directora General de Cinematografía. Pero en lugar de esto último ha decidido ser una Ministra de Cultura que a muy pocos convence con su gestión, que está siendo atacada desde numerosos frentes, que empeora todos los problemas que intenta (con presencia de ánimo admirable pero estéril) arreglar, que no tiene ni idea de lo que significa Internet ni las nuevas tecnologías, que nos toma a muchos por tontos, que parece vivir en un mundo paralelo.

Pero sobre todo porque, y esto me parece indiscutible, no está haciendo su trabajo.

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