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RSS Especial Martin Scorsese

Martin Scorsese: 'Shutter Island', desconocido Scorsese

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Martin Scorsese: 'Shutter Island', desconocido Scorsese

Cuatro años después de haberse alzado por fin con el Oscar con la brillante pero un tanto impersonal ‘Infiltrados’ (‘The Departed’, 2006), y de encadenar varios proyectos ambiciosos que, además, habían dado buenos dividendos en la taquilla, era esperable que Scorsese, un director ya de considerable edad, hubiera optado por, como él mismo dijo, abandonar las grandes superproducciones, y dedicarse a un cine más pequeño en presupuesto pero más personal. En lugar de eso, se embarcó en ‘Shutter Island’ (id, 2010), adaptación del original homónimo de Dennis Lehane (autor de, por ejemplo, la novela ‘Mystic River’, que adaptara Clint Eastwood, o de algunos guiones de la excepcional serie ‘The Wire’), de nuevo con DiCaprio como protagonista (por cuarta película consecutiva) y con un presupuesto bastante elevado.

Algunos esperábamos su anhelado proyecto ‘The Silence’, sobre dos monjes en Japón, u otros proyectos más parecidos a las gratas sorpresas de los años noventa, pero poco hubiera importado que en lugar de eso se volcara en un filme de suspense de gran ambición, siempre que el resultado hubiera sido todo lo importante que se puede presuponer de un cineasta de su talla. El problema es que, al igual que pasaba con su anterior thriller, el formalmente fascinante, pero arrítmico, tramposo y hueco ‘El cabo del miedo’ (‘Cape Fear’, 1991), Scorsese se encuentra con un material bastante pobre. Confieso no haber leído la novela de Lehane, pero aunque lo hubiese hecho: achacaré todos los problemas del libreto a la guionista Laeta Kalogridis, y todas las trampas narrativas al director Scorsese, que filma su película más mentirosa y visualmente manipuladora de toda su carrera, la que por ahora la cierra hasta que llegue ‘Hugo Cabret’, y con la terminamos el especial dedicado a este director en Blogdecine.

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Martin Scorsese: 'Shine a Light', superficial homenaje a los Rolling Stones

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Martin Scorsese: 'Shine a Light', superficial homenaje a los Rolling Stones

La música de los Rolling Stones ha sido empleada por Martin Scorsese en varias de sus películas. Sin ir más lejos la anterior a esta, ‘Infiltrados’ (‘The Departed’, 2006), comenzaba, como ya comentamos, con el vibrante ‘Gimme Shelter’, que daba título a otro documental sobre la mítica banda. Y es que este título de Scorsese es uno de los muchos que se han filmado acerca de los de Londres, que llevan casi cincuenta años (se dice pronto…) como banda de rock, y casi tantos como una de las más famosas de todos los tiempos, sin declinar en su impacto mediático, a pesar de que en opinión de quien esto suscribe, sus mejores discos fueron los de hace décadas, y en las tres últimas no hacen otra cosa que repetirse, cuando no aburrir al personal. Por supuesto, soy consciente de que muchos no compartirán en absoluto mi opinión. Son esos admiradores, supongo, a quienes sobre todo está dirigido este ‘Shine a Light’ (id, 2008), que probablemente no sea el último trabajo audiovisual sobre los Rolling.

Lujosa, enérgica, aparatosa, glacial, ostentosa, casi pomposa película. Muchos calificativos le caben a esta filmación de un concierto de los Rolling, salvo los mejores: emocionante, sensible, sincera o arriesgada. ‘Shine a Light’, título tomado de una canción de 1972, es poco más que asistir a un recital de unas veinte canciones, con algunas imágenes de los preparativos del rodaje y del espectáculo, todo ello filmado con la brillantez que se puede esperar de uno de los más grandes directores de las últimas cuatro décadas del cine norteamericano, pero todo queda en un espectáculo hueco, sin alma, que en ningún modo pasará a engrosar la lista de mejores películas de Scorsese, y tampoco la lista de los documentales sobra bandas legendarias. Ojalá pudiera escribir lo contrario, pero no puedo.

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Martin Scorsese: 'Infiltrados', Scorsese se recicla

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Martin Scorsese: 'Infiltrados', Scorsese se recicla

Me parece una verdad como un templo que los viejos rockeros tienen que reciclarse, acorde con los tiempos, si no quieren quedar prematuramente desfasados. Pero sólo los grandes de verdad se reciclan sin perder su personalidad, o al menos no toda. Scorsese ya lo ha contado todo sobre la forma de vida de la mafia italiana en Nueva York y Las Vegas. Y no solamente los entresijos del poder, también el cotidiano día a día. Quizá tarde mucho, o nunca más vuelva a ese tema, porque sería reiterativo. Por eso tiene mucho coraje a la hora de llevar a cabo esta historia de irlandeses mentirosos, que de alguna forma entronca con ‘Gangs of New York’ desde un punto de vista anímico (aunque no formal), mientras el concepto italiano queda momentaneamente aparcado. Con un reparto de impresión, y un presupuesto enorme, Scorsese abandonaba Nueva York y se iba a Boston a filmar esta extraña y frenética historia de policías y criminales, tan violenta y salvaje como cabría de esperar, pero no tan gigantesca como otros de sus filmes.

El irlandés William Monahan, un guionista ahora convertido en director, llevó a cabo una adaptación bastante libre del éxito del cine de Hong Kong ‘Juego sucio (Infernal Affairs)’ (‘Mou gaan dou (Wu jian dao)’, Andrew Lau, Alan Mak, 2002), que es un filme bastante digno y bastante intenso, aunque ni mucho menos la maravilla que algunos decían, y mejoró muchísimo la trama y los personajes, de tal forma que Scorsese no tuvo ningún problema en alabar su trabajo y en ponerse manos a la obra con la nueva versión, aún sabiendo que quizá muchos de sus seguidores iban a sorprenderse por este proyecto, como así ocurrió. La habilidad de Scorsese en este trabajo es tan perfecta como siempre, y se adueña por completo de la historia y del ambiente irlandeses, filmando con una energía casi juvenil y arrolladora, pero en este ejercicio pierde algo de la singular personalidad que durante más de tres décadas había ido construyendo, como si comenzara de nuevo.

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Martin Scorsese: 'No Direction Home: Bob Dylan', la música es la vida

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Martin Scorsese: 'No Direction Home: Bob Dylan', la música es la vida

En la insaciable curiosidad cultural del cineasta Martin Scorsese, que no por casualidad es uno de los más grandes artistas del último tercio del siglo XX, el cine ocupa un lugar prominente, claro, pero no superior a su pasión por la música. Ya he comentado aquí que su amigo músico Robbie Robertson declaró que de vez en cuando ha de pedirle a su colega Marty que baje un poco el volumen o detenga la música durante unos pocos minutos, lo que es bastante revelador. Cuando a principios de la pasada década el mánager de Bob Dylan, Jeff Rosen, comenzó a recopilar todo tipo de material audiovisual inédito, y vio la posiblidad de un documental importante sobre la figura de Dylan, sólo pensó en llamar a Martin Scorsese, que todavía estaba en labores de montaje de ‘Gangs of New York’ (id, 2002), pero que enseguida aceptó gustoso el proyecto, ayudando en la inmensa recopilación, que se prolongó durante cuatro años más, mientras el eminente director iba ordenando las piezas del puzzle, para hacerlo realidad en 2005.

De vez en cuando el destino y el azar confluyen. Vamos, que algunos proyectos parecen predestinados a hacerse realidad. Que Scorsese, que tanto ama la música, haga el documental sobre un hombre que para muchos personifica la música folk norteamericana del siglo XX, representa en sí mismo un acontecimiento cultural. Pero además, ‘No Direction Home: Bob Dylan’ (id, 2005) es un trabajo monumental de casi cuatro horas de duración que se erige en una imprescindible lección de cine documental, por la inagotable audacia formal en la heterodoxa construcción de su mirada a uno de sus grandes ídolos, por el sorprendente empleo del documental no como género de conocimiento o divulgativo, sino ante todo como el medio perfecto para mostrar la belleza en estado puro, prescindiendo de la tendenciosa arma de la ficción. Tanto es así, que quizá estemos hablando de la última gran obra maestra de Scorsese como director, ya que en los últimos años sus ficciones han perdido algo de la poderosa singularidad de otras décadas.

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Martin Scorsese: 'El aviador', el soñador rebelde

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Martin Scorsese: 'El aviador', el soñador rebelde

“The way of the future…the way of the future…the way of the future”

- Howard Hughes (Leonardo DiCaprio)

La cita que he incluido sobre estas líneas en su idioma original (creo que así tiene más fuerza) contiene las últimas palabras de la película número diecinueve como director de Martin Scorsese, si excluimos documentales y segmentos de películas, y es, muy probablemente, la frase más importante que Leonardo DiCaprio, en el papel de Howard Hughes, pronuncia en toda la película (sin poder parar de repetirla…), por lo que tiene de carácter totalizador de la compleja personalidad de Hugues, de la compulsiva peripecia que experimenta como personaje en la película, y de obsesión permanente, no siempre igual de bien contextualizada en la historia. Antes de llegar a estas importantes palabras, ciento setenta minutos que recogen treinta y cuatro años de la vida y avatares de Hughes y de dos docenas de personajes importantísimos que le rodearon en su necesidad (casi una maldición) de querer ser el más rico, de hacer las mejores películas, acostarse con las más bellas e inteligentes mujeres y construir el avión más extraordinario que imaginar quepa.

Martin Scorsese, una vez hecho realidad su sueño de filmar ‘Gangs of New York’ (id, 2002), que se saldó con un éxito bastante notable a pesar de lo enorme de la producción y de problemas ya comentados con el montaje final, leyó entusiasmado el guión de John Logan, que ya había escrito los guiones de ‘Gladiator’ (id, Ridley Scott, 2000) y de ‘El último samurái’ (‘The Last Samurai’, Edward Zwick, 2003), y accedió a filmarlo casi de inmediato, sin apenas cambiar una coma del libreto, algo bastante inusual en él. Como resultado obtenemos un filme por momentos apasionante, pero también con zonas muy grises. Que se ve muy bien, divierte y crea tensión, pero que carece de la densidad del gran cine de Scorsese, y que, mal que nos pese a los scorsesianos más irredentos, inicia la desvaída, desigual y aguada zona final (de momento) de la carrera del maestro italoamericano.

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Martin Scorsese: 'Gangs of New York', el nacimiento de una nación

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Martin Scorsese: 'Gangs of New York', el nacimiento de una nación

Todos los directores tienen uno o varios proyectos que esperan poder hacer realidad en algún momento de sus carreras. Dicen que ‘The Tree of Life’, la película que Terrence Malick estrenará en mayo del año que viene, es uno de esos proyectos, y que ‘Gangs of New York’ (id, 2002) lo ha sido para Martin Scorsese durante casi veinticinco años. A mediados de los años setenta ya pensaba en llevar a la pantalla un gran fresco histórico que contara la peripecia de varias generaciones de inmigrantes llegados a América en las décadas centrales del siglo XIX, y más aún cuando le dieron a leer el ‘Gangs of New York’ escrito por Herbert Ashbury en 1928. Tal fue su deseo de querer hacer la película, que en 1979 apareció en Variety un anuncio que ya aludía al futuro rodaje de la película. Sin embargo, la vida creativa de Scorsese siguió otros derroteros. Pese a todo, nunca abandonó la idea de hacerla, y de vez en cuando encargaba a algún guionista amigo, o se ponía a escribir él mismo, algún borrador de la futura película.

Incluso pudo haberse hecho realidad a principios de los noventa, pero una serie de circunstancias que no vienen al caso, y que creo que aburrirían al lector, lo hicieron imposible. Sin embargo, a finales de la década, algunos años después de que Robert De Niro le aconsejase a su amigo director fijarse en una jovencísima promesa llamada Leonardo DiCaprio, con quien había trabajado en ‘Vida de este chico’ (‘This Boy’s Life’, Michael Caton-Jones, 1993), Scorsese vio la oportunidad de llevar a cabo su sueño, pues empezó a ver a DiCaprio como su vengador Amsterdam Vallon. Y, aún más importante, sabía que la fama de la joven estrella, propiciada sobre todo por el éxito de ‘Titanic’ (id, James Cameron, 1997), le ayudaría a que el proyecto no se viniese abajo nuevamente, como así fue. Por supuesto que DiCaprio, que admiraba a Scorsese hacía muchos tiempo, no podía dejar la oportunidad de trabajar con él. Y así empezó la gestación de una de las películas más extrañas y épicas de su director, que ahora puede que no lo parezca tanto, pero que en su momento fue un verdadero suicidio estético, un todo o nada, con el que el cineasta, que contaba con cincuenta y ocho años de edad, podía haber conocido el gran desastre de su carrera.

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Martin Scorsese: 'Al límite', sacando a los muertos

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Martin Scorsese: 'Al límite', sacando a los muertos
"Siempre tengo pesadillas, pero ahora los fantasmas no esperan a que me vaya a dormir" -Frank Pierce

Concluida la que en mi opinión es la trilogía de plenitud de Scorsese, conformada por 'La edad de la inocencia' ('The Age of Innocence', 1993), 'Casino' (id, 1995) y 'Kundun' (id, 1997), el director acometió el primer intento de llevar a la pantalla un proyecto que le ha rondado por la cabeza desde entonces y que nunca termina de fraguar. Se trata de 'Dino', sobre el famoso crooner Dean Martin, que a priori era un material bastante adecuado a su idiosincrasia temática, pues sería retratar el ambiente y la vida de este famoso artista italoamericano. Tom Hanks haría de Dean Martin y Jim Carrey de Jerry Lewis, pero todo quedó aparcado cuando a Scorsese le llegó la adaptación que Paul Schrader había hecho de la novela homónima de Joe Connelly, y decidió aparcar aquel proyecto para centrarse en este regreo, al menos artístico, a la Nueva York contemporánea, una ciudad que desde 'Uno de los nuestros' ('Goodfellas', 1990) se había mantenido alejada de su cine.

Iba a ser inevitable, y esto bien lo sabían Scorsese y Schrader, que 'Al límite' (grosero y zafio título para el estimulante 'Bringing Out The Dead' de la novela original) fuera comparada con la proverbial 'Taxi Driver' (id, 1976). Pero la nueva película, aunque en efecto guarda algunos paralelismos con aquella obra maestra, iba a ser más un complemento que un remake o una nueva versión actualizada. En realidad, iba a convertirse en un apasionante díptico, tan esquizofrénico como luctuoso, acerca de las calles de una ciudad en cuyas esquinas asoma siempre la locura, la desesperación y la muerte. Pero a diferencia de Travis Bickle, que reaccionaba con ira y violencia, Frank Pierce va a oponer a todo eso una gran compasión y dignidad, por mucho que eso suponga un enorme sacrificio emocional de su parte. Aunque esto parezca un trabajo menor en la filmografía de Scorsese, no lo es en absoluto. En realidad pocas veces se ha mostrado tan piadoso y fraternal.

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Martin Scorsese: 'Kundun', espiritualidad frente a violencia

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Martin Scorsese: 'Kundun', espiritualidad frente a violencia
"Nos han robado el silencio"- - Dalai Lama

Que Martin Scorsese, después de filmar 'Casino' (id, 1995), decidiese hacer una película sobre el decimocuarto Dalai Lama, fue acogido por muchos como la prueba evidente (?) de su indefinición personal, e incluso como un intento de demostrar y demostrarse que podía abordar temas exóticos en su filmografía para dar la apariencia de una forzada y desesperada versatilidad artística. Otros fueron más cautos y menos prejuiciosos, y esperaron a ver sus imágenes para formarse una opinión al respecto. Lo cierto es que 'Kundun' (id, 1997) conforma, a juicio de quien esto firma, y junto con 'La edad de la inocencia' ('The Age of Innocence', 1993) y 'Casino' (id, 1995), la obra maestra de Scorsese. Una trilogía extraordinaria que evoca mundos (ya sean reales o soñados) perdidos, anhelos de felicidad frustrados, y una globalidad estética, formal, que demuestra la plenitud y la inspiración de un cineasta que no por casualidad es de los más venerados de la historia.

En realidad, tiene todo el sentido que Scorsese se lanzara a hacer esta película, pues el Dalai Lama es otro de esos personajes martirizados por las circunstancias y que, con más deseos que hechos, tratan de cambiar su destino, los cuales abundan en su filmografía. El Lama, por tanto, no anda lejos, desde luego, del Charlie de 'Malas calles' ('Mean Streets', 1973), ni mucho menos del Jesucristo de 'La última tentación de Cristo' ('The Last Temptation of Christ', 1988), pasando por supuesto por la Alicia de 'Alicia ya no vive aquí' ('Alice Doesn't Live Here Anymore', 1974), o más concretamente el Newland Archer de 'La edad de la inocencia'. Es decir, un personaje puramente scorsesiano, atormentado y obsesionado, que a pesar de su disparidad geográfica y cultural es perfecto para que Scorsese se identifique con él e intente profundizar en su verdad anímica más inaccesible, pues para este cineasta el cine es, ante todo, la herramienta perfecta para esa indagación.

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Martin Scorsese: 'Casino', del paraíso al infierno

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Martin Scorsese: 'Casino', del paraíso al infierno

1983. La explosión de un coche precede a la ‘Wir Setzen Uns mit Tränen Nieder‘, último coro de ‘La pasión según San Mateo’, de Johann Sebastian Bach. Desde el principio, ‘Casino’ (id, 1995), aspira a convertir sus imágenes en pura música. Desde el aire nocturno se distingue el resplandor de las luces de Las Vegas, como un nuevo (lujoso y hortera) Camelot. Los tres personajes más importantes, Ace Rothstein, Nicky Santoro y Ginger McKenna, son presentados visualmente, por el trasfondo trágico de la música de Bach, y por la voz en off de Nicky. Desde el mismo comienzo se impone una puesta en escena casi abstracta para esta prolongación, en el fondo muy diferente en su tonalidad y formalización, aunque mantenga lógicas vinculaciones, con el magistral ‘Uno de los nuestros’ (‘Goodfellas’) de cinco años antes. En lugar de una reminiscencia de los viejos tiempos del barrio, ‘Casino’ se centra en personajes más establecidos y más poderosos, y por tanto con mayor capacidad para desestabilizar sus propias vidas y las de los demás.

‘Casino’ es, por tanto, un prodigioso collage histórico y social, un reflejo de la América de ayer y de hoy, que se erige en verdadera narrativa de vanguardia, y que dos años después de la maravilla de ‘La edad de la inocencia’ (‘The Age of Innocence’) confirma el momento de excelente forma e inspiración de un Scorsese en su plenitud absoluta, sin ningún miedo a romper el continuo narrativo y la ortodoxia dramática, más interesado en la creación impresionista de unas vidas tan tormentosas como la propia filmografía de Scorsese. Y si ‘Goodfellas’ era el ascenso y caída de unos gangsters de barrio que terminaban acogiéndose a la protección de testigos, ‘Casino’ es casi una tragedia shakesperiana, una ópera rock con unos nuevos Arturo, Lancelot y Ginebra, cuyos castillos son en esta película torres de neón y cuyo Grial se ha transformado en toneladas de dinero, oro y diamantes.

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Martin Scorsese: 'La edad de la inocencia', el reflejo de un recuerdo

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Martin Scorsese: 'La edad de la inocencia', el reflejo de un recuerdo

A menudo, la veneración por un director determinado, provoca ciertos prejuicios en sus admiradores. Prejuicios que impiden valorar algunas propuestas, alejadas de lo habitual en apariencia, por considerarlas ridículamente inapropiadas para la personalidad del artista en cuestión. Cuando Scorsese anunció que llevaría a cabo la adaptación de la novela de Edith Warthon ‘La edad de la inocencia’ (con la que ganaría en 1921 el premio Pulitzer), muchos se apresuraron a expresar su desagrado, como si el cineasta italoamericano sólo fuera capaz de filmar con brillantez sangrientos y vertiginosos dramas gangsteriles, y como si esta decisión respondiera más a una necesidad de búsqueda de prestigio y menos a un impulso personal y creativo. Pero si Scorsese es el gran cineasta que tantos veneran, lo es también porque su universo personal no está restringido por géneros, temas o etiquetas, sino que se ve influenciado, ampliado y enriquecido por una insaciable curiosidad cultural e intelectual, que presiona constantemente sobre sus límites artísticos, y los expande.

Lo cierto es que llevaba mucho tiempo, Scorsese, deseando zambullirse en una historia de estas características, y la novela de Wharton era ideal para él por muchas razones. Nacida en una aristócrata familia neoyorquina, Wharton fue instruida desde muy pequeña para llegar a ser una distinguida dama de la alta sociedad. Pero su apasionante vida la desvincula completamente de ese destino. Casada por conveniencia, mantuvo una relación amorosa clandestina que con toda seguridad fue el germen de esta novela. Un relato que explora la hipocresía social del último tercio del siglo XIX en Nueva York, la doble moral de sus miembros más privilegiados, y las normas no escritas que aprisionaban y finalmente aniquilaban cualquier muestra de individualismo. Todo esto lo recoge el bellísimo y magistral filme de Scorsese, con el que inicia una trilogía de obras magistrales no siempre considerada como tal, y con la que alcanza, por fin, la maestría absoluta.

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