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Maximilian Schell nos ha dejado

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Maximilian Schell nos ha dejado

Al inesperado fallecimiento de Philip Seymour Hoffman —uno de los mejores actores de su generación— hay que sumar la del actor austriaco Maximilian Schell, fallecido este día 1 de febrero debido a una repentina y grave enfermedad, según las palabras de su representante. El actor tenía 83 años.

Actor de carácter, hijo de un poeta y una actriz, el cinéfilo más actual le reconocerá por sus interpretaciones en películas como 'Deep Impact' (id, Mimi Leder, 1998) o 'Vampiros' (id, John Carpenter, 1998). Descubrió a una muy temprana edad su vocación para la interpretación, y su filmografía comienza en los años 50, alcanzó cierta relevancia en 'El baile de los malditos' ('The Young Lions', Edward Dmytryk, 1957), cinta bélica con un reparto espectacular. Tras eso viene el Oscar al mejor actor principal por su inolvidable composición de abogado defensor de un nazi en la mítica 'Vencedores o vencidos' ('Judgment at Nuremberg, Stanley Kramer, 1961). En la misma década se pone a las órdenes del gran Jules Dassin en una de las madres de todas las películas de robos, 'Topkapi' (id, 1964).

Aunque Schell hizo papeles de protagonista, su especialidad fueron los secundarios, casi siempre personajes de una fuerte personalidad, a lo que ayudaba su peculiar rostro. En los 70 aparecen en las significativas 'Odessa' ('The Odessa File', Ronald Neame, 1974), film de espionaje, en la dura 'La cruz de hierro' ('The Iron Cross, Sam Peckinpah, 1977) y en la muy curiosa cinta de ciencia-ficción 'El abismo negro' ('The Black Hole', Gary Nelson, 1979).

Trabajó hasta el fin de sus días.

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Vampiros de verdad: 'Vampiros' de John Carpenter

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Vampiros de verdad: 'Vampiros' de John Carpenter

‘Vampiros’ (‘Vampires’, John Carpenter, 1997) fue la película más exitosa del maestro en la década de los 90. Siempre me ha parecido increíble la forma de ningunear al director de películas como ‘La cosa‘ (‘The Thing’, 1982) o ‘Starman’ (id, 1984), hasta el punto de que hoy casi parece un desconocido. John Carpenter es, junto a Clint Eastwood, el único director que aúna clasicismo y modernidad, creando un estilo único perfectamente reconocible, y su rechazo, por así llamarlo, por parte de la industria y público es una tema que daría para hablar largo y tendido. En cualquier caso ‘Vampiros’ estuvo a punto de ser una película muy diferente a cómo la conocemos. A punto estuvo de ser dirigida por Russell Mulcahy, con Dolph Lundgren encabezando el reparto. Seguro que incluso los detractores del film estarán de acuerdo en que con el cambio hemos salido ganando todos.

Con Carpenter ya al frente del proyecto, aquel intentó lo que siempre hizo en muchos de sus films pasados, que Eastwood, del que se confiesa un sentido admirador, interpretase la película dando vida a Jack Crow, el cazavampiros. Si antaño, al final era Kurt Russell quien cogía el testigo, esta vez le tocó a un muy inspirado James Woods, que curiosamente protagonizó uno de sus siguientes papeles a las órdenes del director de ‘Escalofrío en la noche’ (‘Play Misty for Me’, 1971), su verborreico personaje en ‘Ejecución inminente’ (‘True Crime’, 1999), mientras que Eastwood rendía posteriormente un homenaje al presente film en su laureada ‘Mystic River’ (id, 2003). No voy a negar que imaginar a Eastwood en el papel de Woods hace que se me caiga la baba durante horas, pero eso es sólo anecdótico; estamos ante una de las revisiones del mito vampírico más originales y llenas de fuerza de todas cuantas se han realizado.

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John Carpenter: 'Vampiros', buen Carpenter pero pésimo guión

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John Carpenter: 'Vampiros', buen Carpenter pero pésimo guión

“Primero de todo, no son románticos. No es una panda de colmillos merodeando con trajes caros y seduciendo a todo el mundo con su acento basura europeo, ¿de acuerdo? Olvida lo que has visto en las películas: no se convierten en murciélagos, las cruces no sirven. ¿El ajo? ¿Quieres probarlo? Puedes quedarte parado con un collar de ajo y uno de esos mamones vendrá y te dará por el culo mientras te chupa la sangre del cuello tan tranquilo. Y no duermen en ataúdes lacados. Si quieres matar a uno, clávale una estaca justo en el jodido corazón. La luz del sol les convierte en bichos a la brasa.”

- Jack Crow (James Woods)

El discurso de Jack Crow, que el lector puede leer encima de estas líneas, lo he traducido directamente del inglés (nunca he visto esta película doblada, a Dios gracias) para el que no sea bilingüe, y lo he hecho consciente de que gran parte de su jerga, de su verborrea salvaje, es literalmente intraducible, marca de la casa del gran James Woods. En este discurso (hay otros igual de notables, aunque quizá no tan significativos) se comprime gran parte del ideario de John Carpenter acerca del tan estimulante como desigual cine vampírico, y mucho de su gamberrismo y su supuesto desprecio hacia un estilo europeo de concebir el cine (aunque él es muy consciente de que en este continente le respetamos mucho más que en su país). Leyendo este discurso, disfrutando de algunos de los buenos momentos de ‘Vampiros’ (‘Vampires’, 1998) uno siente la tentación de creer que estamos ante una gran película. Pero la realidad es muy otra. Nada me gustaría a mí más, bien lo saben algunos lectores, que calificar a esta película como una gran muestra del refinado arte carpenteriano. Pero cada vez que la veo (y ya van unas cuantas…) me reafirmo: esto es una película muy irregular, con un guión lamentable que desaprovecha un material magnífico. Una verdadera pena.

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