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El imprescindible Edward G. Robinson

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"Yo no colecciono arte. El arte me colecciona a mí"

Un 12 de diciembre nacía Edward G. Robinson, rostro por excelencia del cine de gángsters de los años treinta. Quería ser abogado pero terminó siendo estrella de cine. Una de las caras maculinas más peculiares de la historia destacó también también en otro tipo de papeles. Judío de nacimiento, enseguida se instaló en New York; el personaje que le lanzó a la fama fue en 'Hampa dorada' ('Little Caesar', Mervyn LeRoy, 1931). Robinson tenía esa envidiable capacidad de dar vida al tipo más peligroso bajo las estrellas, o a alguien de intensa humanidad; incluso de mezclar ambos caracteres.

Películas imprescindibles para un buen homenaje: 'El lobo de mar' ('Sea Wolf', Henry Hathaway, 1941), como implacable capitán que esconde a dos fugitivos en su barco; 'Perdición' ('Double Indemnity', Billy Wilder, 1944), cumbre del Noir, como compañero de trabajo del sufrido protagonista; 'Perversidad' ('Scarlet Street', Fritz Lang, 1945), dando vida a un pintor de talento que sucumbe a los encantos de Joan Bennett; 'El rey del juego' ('The Cincinnati Kid', Norman Jewison, 1965), como veterano jugador de póker que da una lección de vida al joven Steve McQueen; 'Cuando el destino nos alcance' ('Soylent Green', Richard Fleischer, 1973), inmejorable forma de concluir una filmografía, muriendo mientras se añora un tiempo mejor.

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