Tras la muerte de Robert Duvall, a los 95 años, resulta inevitable volver la vista hacia una de las obras más personales y arriesgadas de su carrera. En 1997 estrenó 'Camino al cielo', un proyecto que había perseguido durante décadas y que terminó levantando contra todo pronóstico.
Escrita, dirigida y protagonizada por él mismo, la película fue una apuesta a todo o nada: Duvall se puso en la piel de un predicador que, tras un arrebato de violencia que altera su destino, huye de Texas y se reinventa en Luisiana bajo otra identidad, donde funda una nueva iglesia e intenta empezar de cero.
Una apuesta personal
Lejos de ofrecer una visión edulcorada de la fe, el filme explora las grietas morales de su protagonista y construye un retrato complejo de los evangélicos en Estados Unidos. El resultado fue un éxito moderado en taquilla -más de 21 millones de dólares frente a un presupuesto de cinco- y un reconocimiento que puso en valor la ambición, la honestidad y el riesgo creativo de Duvall más allá de su impecable trayectoria como actor.
Duvall llevaba trabajando en la historia desde principios de los años sesenta, cuando presenció el sermón de un predicador pentecostal en una pequeña iglesia de Arkansas. Aquel impacto inicial fue creciendo con los años y acabó convirtiéndose en un guion que terminó de escribir en 1984. Sin embargo, ningún estudio quiso financiar una película.
Tras más de una década de rechazos, el actor decidió financiarla con su propio dinero. Invirtió cinco millones de dólares para sacar adelante la producción, que finalmente encontró distribución tras su presentación en el Festival Internacional de Cine de Toronto en 1997. Una decisión poco habitual para una estrella consolidada en Hollywood.
En la película, Duvall interpreta a Euliss F. “Sonny” Dewey, un carismático predicador de Texas que descubre la infidelidad de su esposa y que, en un arrebato, mata al amante de esta. Obligado a huir, adopta el nombre de “El Apóstol E.F.” y levanta una nueva congregación interracial que parece ofrecerle redención.
Más allá del relato de culpa y huida, la película destacó por su cómo trataba la fe desde una perspectiva seria y natural. No hay moralejas sencillas ni un itinerario dramático convencional: el personaje es creyente y pecador al mismo tiempo, capaz de inspirar devoción y también de cometer actos terribles. Y esa ambigüedad -poco frecuente en el cine de la época- convirtió 'Camino al cielo' en una de las obras más arriesgadas y respetadas de la filmografía de Duvall, quien años antes había ganado el Oscar por 'Gracias y favores' y sumó aquí otra nominación a su trayectoria.
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